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A B C Hterario CIEN AÑOS DE LOUIS- FERDINAND CÉLINE El 27 de mayo de 1894 nacía en Coubervoie, un suburbio de París, Louis- Perdinand Destouches, que bajo el nombre de Louis- Ferdinand Céline se convertiiría en uno de los escritores más famosos y malditos de la literatura universal. Su potencia expresiva, su capacidad imprecativa y una ideología nihilista y destructora- no exenta de raíces racistas y antisemitas- le convirtieron, en vida, en un escándalo literario cuyos efectos no han cesado todavía. ABC Cultural recuerda hoy en su centenario al hombre y al escritor, y publica cartas y cuadernos inéditos escritos por Céline desde la prisión, así como artículos de Rafael Conté, Joaquín Leguina, Juan Pedro Quiñonero y Miguel Sánchez- Ostiz Los panfletos prohibidos XTRAÑO centenario el que ahora estamos no sé si celebrando o quizá sólo testimoniando porque no hay más emedio, el de Louis- Ferdinand éline, uno de los grandes escritores de nuestro siglo, el autor de la mítica Viaje al fin de la noche una de las biblias de la desesperación humana, una de esas terroríficas exploraciones en los abisnnos del mal que la literatura nos ofrece a duras penas y como con fórceps de cuando en cuando, como si la fascinación de esos abismos en los que perversión, pecado y traición se dan la mano atravesaran todas las convenciones del arte para desnudarlo de una vez por todas y dejarlo inerme y casi inútil en nuestras manos, que no saben qué hacer con él. ¿No habíamos quedado en que la literatura es la creación de la belleza verbal para enriquecer y perfeccionar la condición humana? En el caso de Céline, ese antisemita furibundo, agitador y provocador político y literario sin igual, colaboracionista, traidor a su patría y condenado a la indignidad nacional, ¿dónde está la belleza, dónde la perfección, por qué nos sigue fascinando a pesar de todo? Quizá sea por el valor del contraejemplo -mirad, pobres seres hu anos, he ahí adonde nos lleva el al- pero no creo que sea sufiJ iente; pues, en resumidas cuen 9 s, la existencia de estos libros Pues no hay que olvidar Muerte crédito la trilogía del Norte, la bilogía londinense, las tres Fée es (cuentos de hadas) en medio de las bombas, los textos dispersos y desde luego los panfletos Pi ohibidos- prueba que el arte y el Conocimiento surgen también en j edio del holocausto, del mal, de a abyección, sin poder dejar de testimoniarlos. Fuera toda moral, e ahí el problema. La existencia de los panfletos P ohibldos de Céline es un secreto a voces, pues aunque aesde la Segunda Guerra Mundial su publicación y publicidad están prohibidas, las enormes tiradas ue de ellos se hicieron anterior ente hacen que su oferta sea E habitual, aunque cara, en las librerías de viejo y de ocasión. Los panfletos son cuatro, como los mosqueteros, aunque quizá haya que reducirlos a tres, pues el primero, Mea Culpa (1936) no es más que una veintena de páginas que su autor publicó junto con su tesis doctoral, La vida y la obra de Semmelweiss libro normal si puede decirse, aunque nunca del todo tratándose de Céline, y ha vuelto a ser reeditado después. Lo de su reedición, desobedeciendo los deseos de su autor, resulta normal si se piensa que Mea Culpa no es sino un panfleto anticomunista contra la Unión Soviética, algo ya habitual en nuestros días de leñas y árboles caídos, y más que por su pensamiento vale por su capacidad de improperio, siempre asombrosa en Céline: Es una vergüenza, una dictadura del proletaríado donde los individuos son tratados peor que perros podridos. Y eso que no lo he visto todo... A la limpieza por la idea... El pueblo me da horror... Pues vaya. nimo testimonio sobre su vida y su obra, el último papel o hasta las notas de lavandería que salieron de sus manos. Pero estos tres planfletos citados siguen siendo impublicables por la decisión que tomó en vida su propio autor después de la guerra. Su viuda, Lucette Almanzor, ha respetado esa decisión hasta hoy, y es de temer que estos textos sigan siendo clandestinos hasta que sus derechos no caigan en el dominio público, para lo que desde luego tampoco falta demasiado. 0 S necesario republicar J estos panfletos? ¿A M naden algo a los méritos artísticos del escritor, modifican el conocimiento que se tiene de su vida y obra? Evidentemente sí, y en buena medida le perjudican como persona, pues se trata de exabruptos, vociferaciones, sinopsis para ballet también, y tiradas enteras de insultos y protestas contra los críticos literarios para empezar, contra muchos escritores, contra los políticos, contra los franceses, contra los judíos sobre todo- hay que eliminarios decía, mientras otros lo hacían físicamente- pues Céline, anarquista reaccionario, era un furibundo antisemita, y no tanto contra Hitler y la Alemania nazi, pues, entre otras cosas, en La Escuela de los Cadáveres proponía la creación de un ejército francoalemán para gobernar Europa, vaya por Dios. Pero también, junto a todas esas locuras -Steiner quería verio así, mas no lo eran, sino un sistema alucinante y coherente de pensamiento frío y calculado, materialista y hasta biologista- -el testimonio de una decepción y pesimismo totales. Sí, su gran hallazgo fue su estilo, la música rabelesiana de una prosa popular, jadeante y argótica pero de singular refinamiento y eficacia. Mas tampoco eso basta, pues ese estilo nace de un pensamiento atroz: el de que el hombre es un místico de la muerte del que hay que cuidarse siempre N OS quedamos entonces con los tres escandalosos panfletos posteriores, dos de ellos aparecidos antes de la guerra y el tercero bajo la ocupación nazi de Francia: Bagatelles pour une massacre (1937) L école des cadavres (1938) y Les Beaux Draps de 1941, el único de los tres que, según las leyes de la época, podía ser considerado como acto de traición por colaboración con el enemigo en tiempo de guerra. Fueron libros que se vendieron por decenas de miles de ejemplares y causaron una inmensa repercusión social y política; haciendo constar también que el último fue prohibido en la zona no ocupada de Francia a su aparición, aunque esta prohibición cesó en cuanto los alemanes reunificaron ambas zonas bajo su jurisdicción. A la liberación, Céline huyó de Francia, se refugió en Dinamarca, fue juzgado en rebeldía como colaboracionista con los alemanes, condenado a una pena no excesivamente dura- un año de prisión, 50.000 francos de multa, confiscación de la mitad de sus bienes y a la indignidad nacional amnistiado después y pudo regresar a Francia en 1951, donde reanudó su carrera de escritor en medio de una cascada de polémicas sin cuento, pero triunfando al final, pues poco después de su muerte, en 1961, se publicaba en la colección de La Pléiade un volumen con sus dos primeras novelas. Y ese triunfo no ha hecho más que crecer desde entonces, hasta el punto de que hoy, a finales de siglo, su figura está considerada, junto a la de Proust- que no le gustaba nada- como la cumbre de la novela francesa de nuestro tiempo. Toda su obra narrativa ha entrado en La Pléiade en cuatro volúmenes, y los investigadores van rescatando hasta el más mí- Rafael CONTÉ 21