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A B C literario Poesía- La cometa o las manos sobre el papel Lola Velasco Ediciones Libertarias. Madrid, 1993. 105 páginas, 1.200 pesetas cinco jovencískos poetas aragoneses E gina 31) vuelve a mí (página 34) vuelve N la línea del libro aleixandrino, La (página 59) y tú no apareces (página destrucción o el amor en el que la 62) y por constantes simetrías. El apremio conjunción tiene un valor semántico hace saltar con impaciencia a ia palabra hade identificación, el título de este segundo licia adelante para que cuando la sombra se bro poético de Lola Velasco (Madrid, 1961) vuelva concisa, no quede rastro repetido nos orienta a las claras hacia el espacio en (página 79) Detener el diálogo significaría la que se desarrolla un largo diálogo entre las muerte de creador y criatura. De ahí que la manos que escriben y la cometa que socometa contemple la ansiosa persecución de bre el papel dibujan. Digo esto, y debo rectifilas manos que la crean y mueven como un jacarlo de inmediato. Porque el papel no preedeante anhelar del oleaje marino (páginas xiste: lo va creando la propia cometa. Y hasta 37- 38 y 59- 64) debería decir que las mismas manos son hechura de ella, por más que, bien consciente Alejamiento y cercanía, esplendorosa prede la autonomía de la cometa- -digamos, de sencia sensual y difuminación de contornos. manera aproximada, de la palabra creadora- la escritora inicie el diálogo apostrofándola: Así cuelga tu soberbia albina, pen ersa por clara Pero vendrá la noche. Ya falta poco. Y caerás a mí sin artificios Es decir: no te hagas Ilusiones, porque eres hechura mía y, en definitiva, de mí dependes. El diálogo, que abren y cierran las manos abarca el espacio de un día, siguiendo una dialéctica de ascenso- aceleras el sueño hacia lo más alto, escoltada por rayas doradas (página 18) -y de caída: Ya no hay sol. Caes, siempre caes Mi llanto huele a tierra mojada (página 105) Se configura, al paso, un círculo- Das vueltas y vueltas y ese ritmo de girándula obsesiva se va haciendo cada vez más circular (página 28) -y en ese círculo se desarrolla lo que Unamuno, tan preocupado por la relación entre creador y criatura literaria, calificaba como único diálogo verdadero el que uno entabla consigo mismo, el que, en última instancia, para decirlo con palabras del mismo don Miguel, nos crea. En efecto, las manos de la escritora pueden hacer suyos aquí los versos del Cancionero Tú que hiciste el redondel descentrándonos del punto en que se muere: Tú, Él yo no soy sino en tu ser Surge la creación literaria del hambre de infinitud: Te alejas espidesdén y apasionada ral, persiguiendo nuvan bes, pero en mis ma La pulpa verbal de este entrega erótica... se diásucediendo en este nos crece el infinito diálogo rezuma logo, cuya pulpa verbal (página 30) La relación rezuma sensaciones adquiere las formas de sensaciones embriagadoras y enun diálogo amoroso. La embriagadoras: un vuelve y traspone como palabra- cometa trata de una música: un tejido esculpir en y con la cotejido poético de poético, en suma, de meta- palabra formas notable riqueza, en el notable riqueza, en el deslumbrantes: Recoque la voz está hecha ges soles, material qtie la voz está hecha de palabras y silencios. para un proyecto anade palabras Dialogando con su perro tómico Pero el Orfeo, decía Augusto en tiempo pasa en volany silencios Niebla Mira, Orfeo, das, siempre de luto cómo la trama va y (página 31) en esa su viene con la lanzadera; circularidad descenpero dime ¿dónde está trada el diálogo va jaloel enjullo a que se arrolla la tela de nuestra nado de continuo por la amenaza de la existencia? En este muy interesante libro muerte. Con todo, mientras gira, por la fuerza de Lola Velasco hallamos una respuesta: no de la misma dinámica circular, pasado y preestá más que en la palabra. sente se funden: Atraviesa las horas allí donde la edad mide y borra nuestras hue Y unas manos avanzan con nostalgia llas (página 31) mortal hacia el papel piel de cometa y, a la vez, faz textual del estanque. Son, ahora lo Sólo apuntada conceptualmente, esa circuveo, las de Narciso. laridad es definida por las formas poéticas en series de anáforas que se cierran como un rosario (páginas 23- 25 y 89- 92) por un tenue Vfctor GARCÍA DE LA CONCHA hilo narrativo continuo- Y te busco (páde la Real Academia Española E Varios autores Lola Editorial. Zaragoza, 1992 80 páginas, 700 pesetas N 1987, Ángel Guinda publicaba, jugando con el título cernudiano, Los placeres permitidos. Joven poesía aragonesa Cinco años después nos llega, como complemento a ese inventario, esta muestra- -que no antología- -de cinco jovencísimos autores, J. M. Hernández, C. González, A. Gracia, J. Járboles y M. A. Longás. Cada vez más parece generalizarse el uso del grado superlativo como etiqueta para reclamar la atención del futuro lector de poesía. Tras esa llamada- -que esconde el tópico puer senex y hace aflorar el tema de la poesía como visión adolescente y nueva de la realidad- -viene a concretarse, en este caso que nos ocupa, un digno empeño: demostrar que las nuevas promociones líricas no se sienten atadas a novísimos ni a estéticas prefiguradas (experiencia, silencio, conocimiento, etc) sino simplemente a expresar el microcosmos de porcelana (Javier Járboles) del poema moderno. Ya advertía Juan Ramón Jiménez en Estética y Ética estética que a la juventud primera le corresponde cambiar todas las normas, gritar y tantear, mientras que a la madurez, señalar y criticar. Todos los aquí reunidos tienen entre 23 y 25 años, son licenciados- -o están en vías de conseguirlo- -en Filología Hispánica, en su mayor parte, han publicado sus primeros poemas en revistas madrileñas y zaragozanas y participan activamente en tertulias, programas de radio y ciclos (lecturas) de poesía actual. A partir de ahí muy poco en común: sus caminos son esos senderos que se bifurcan (en pleno sentido de Borges) en pos de una insoportable arbitrariedad del signo lingüístico (de nuevo, Járboles) quizá, porque entienden que la poesía es acto y revelación, signo agente y urgente que esclarece, transforma y amplía lo real (J. M. Hernández) El recorrido es complejo- laberíntico, de algún modo- pero lleno de esperanza: la verdad surge de la magia de las palabras, de la trascendencia de la anécdota y no de la mimesis de lo real. La arquitectura del poema requiere una lengua de cal y abreviadas formas en el aire yacentes sin mecánica (Miguel Ángel Longás) No deja de sorprendernos la plenitud encontrada en los sentimientos urbanos, con los símbolos aprendidos del mejor Aleixandre (mar, alas, cuerpo) y la técnica de folclore tradicional en Carlos González; ni los retratos poéticos y apuntes levemente metafísicos (recordando a Cernuda en Final de invierno de Ángel Gracia. A ambos hay que sumar la autenticidad de Juan Manuel Hernández, con lecciones meditativas sobre imágenes oníricas y notas elegiacas respecto al pasado (es el autor con más ejemplos incluidos en esta selección) y el gongorismo y primitivismo de la poesía de Járboles- -una metapoesía que recuerda en parte a Ramírez Lozano- -y, por último, la distorsión barroca de Miguel Ángel Longás, que le acercan a la mejor tradición aragonesa del XVII. Al hilo de este libro podríamos retomar aquel otro aforismo de Juan Ramón Jiménez: En la juventud la aurora es uno mismo. Luego, uno no es más que un espectador de la aurora Sin duda, la luz que despunta en este volumen no es difusa y anuncia- -en perfecta conjunción- -una nueva identidad. José María BARRERA