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A B C literario Relatos H jos sin h jos Enrique Vlla- Matas Anagrama. Barcelona, 1993. 217 páginas, 1.800 pesetas El vaso de plata Antonl Mari Pre- Textos. Valencia, 1992 110 páginas, 1.250 pesetas L A narrativa de Enrique Vila- Matas constituye una personal apuesta de cuño vanguardista nada frecuente en el conformismo estético al que se ha acomodado gran parte de la novela actual. En sus mejores obras aparecidas en los ochenta ha logrado una destilada conjunción de humor, ironía, imaginación, poesfa y sentido lúdico de la literatura en su original invención de criaturas inquietantes y su visión distorsionada de un mundo grotesco. Lo cual tiene cumplida muestra en el amnésico de Impostura (1984) en los shandys y sus dobles los odradeks de Historia abreviada de la literatura portátil (1985) y en el ventrílocuo de Una casa para siempre (1988) Sus últimas creaciones se empeñan en una compleja integración del cuento y la novela en el mismo libro. De tal manera que, como ha señalado Juan Antonio Masoliver Rodenas, en Una casa para siempre una estructura novelesca se fragmentaba temáticamente atraída por la variedad del relato y por la necesidad que el ventrílocuo siente de multiplicar su voz. El proceso contrarío se acomete en Suicidios ejemplares (1991) donde una unidad temática (el suicidio) se fragmentaba estructuralmente en diez narraciones enmarcadas entre un breve prólogo y una lacónica despedida, pero apuntando todas a su integración en una unidad superior. Hijos sin hijos representa un avance por este mismo camino de unidad y diversidad temática y formal. Vila- Matas ha construido un libro que quiere ser una novela compuesta por varios relatos. Éstos desarrollan historias distintas, pero con elementos comunes que, sin mermar sus respectivas identidades, orientan el conjunto hacia su unificación en una disgregada estructura novelesca. El primero de tales nexos viene resaltado en el título, Hijos sin hijos y corroborado luego en la andadura de unos personajes que a menudo han sido traumatizados por experiencias de su infancia y que, con la significativa excepción del narrador y protagonista de tan las mentiras como se afirma al final de Los de abajo y se repite con una mínima variación en Fútbol (pág. 184) en un estilo muy cuidado en su pulcra elaboración y elegancia expresivas. Otro factor de suma relevancia en la interrelación del conjunto es la cita inicial del Diario de Kafl a, el hijo sin hijos por excelencia en la literatura de este siglo: Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, fui a nadar En estas palabras, además de la explícita sombra de Kaflca y el motivo recurrente de Praga en algunos textos, se descubre la doble dimensión de cada ex- E Hijos sin hijos es un texto inquietante, innovador y sorprendente, que mantiene vivo el interés de la original trayectoria narrativa de Enrique Vila- Matas Los de abajo y Azorín de la Selva (textos primero y sexto) mantienen en común la falta de descendencia. Sus peripecias individuales se completan con el recuerdo de confiictivas relaciones con sus respectivos padres, el miedo a la madurez y la imposible recuperación de la infancia desde circunstancias presentes de soledad, insatisfacción, amor y belleza inalcanzables, asfixia espiritual y locura, entre otras situaciones más o menos absurdas o patológicas y no del todo ajenas a la herencia surrealista. Pero tratando siempre de arrancar, por encima de cualquier mostrenco realismo, esa gran verdad que cuen 10 periencia referida: la influencia colectiva de la Historia y la cotidianidad existencial como componentes de cada una de estas vidas desarraigadas. Todos los relatos están marcados por algún acontecimiento histórico: visita de Eisenhower a España, asesinato de Kennedy, juicio de Burgos, muerte de Franco, intento de golpe de Estado en 1981, caída del muro de Beriín... todos son narrados en primera persona por un yo- protagonista o un yotestigo, aunque en Un alma desocupada y El vampiro enamorado (simétricamente distribuidos en los lugares tercero y decimotercero) se disfrace en la tercera, por juego cómplice e ironía en sus planteamientos narratológicos; y todos aspiran a componer una peculiar historia de España en los últimos 41 años, por medio de ciudadanos anónimos, fantasmas ambulantes, pobres personas y otros genios de la natación según se explícita en Los de abajo cuyo texto adquiere una evidente función de prólogo. A ello obedece la precisión espacial y temporal que acompaña a cada título de las quince narraciones, con el lugar y el año de su historia entre paréntesis. Y para destacar una más de las muchas simetrías que ordenan la composición de este proteico libro, la cita de Kafi a tiene su homologa recreación en el breve texto último, cuando el niño narrador y protagonista anuncia la muerte de Kennedy y el impasible jefe de la pandilla contesta con un indiferente ¿y? Con lo cual se completa el adecuado marco para un texto inquietante, innovador y sorprendente, que mantiene vivo el interés de la original trayectoria narrativa de su autor. Ángel BASANTA STE libro del poeta y ensayista en lengua catalana Antoni Mari (Ibiza, 1944) se publicó en su idioma original en 1991, con el título de El vas de plata y obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona de Narrativa Catalana y el de la Crítica Serra d Or en 1992, año en que apareció también su traducción castellana- -se supone que debida al autor, pues no se ofrece información al respecto- -en una edición sobria y cuidada en todos sus aspectos. La obra contiene 14 relatos agrupados en dos partes simétricas de 7 cada una, engarzados por historias parciales constitutivas de un proceso de formación en un ámbito familiar que es común a todas sus calas y enmarcados en su composición por medio de explícitos soportes en las conocidas obras de misericordia. Lo cual se adelanta ya en el enunciado completo del título: El vaso de plata y otras obras de misericordia Esta disposición compositiva sitúa el texto en la tradición de las colecciones de cuentos con marco y da una fuerte unidad al conjunto. Podría considerarse incluso que el resultado se acerca a los límites de la novela, pues, aun con su relativa independencia, las 14 narraciones recrean experiencias del mismo ambiente, con insinuadas relaciones entre unas y otras, y- -lo que es aún más importante- -descubren idéntica organización constructiva en su estructura intema. En todas ellas se trata de fragmentarías rememoraciones del pasado a partir de un indeterminado presente narrativo posterior, por parte de equiparables narradores en primera persona ensimismados en el recuerdo. Y el discurso resultante constituye la revelación de un proceso de aprendizaje a través de sucesivos peldaños que van desde la infancia y adolescencia hasta la aparición de la muerte en las cercanías del reiterado narrador y protagonista. La primera parte reúne las experiencias evocadas bajo la inspiración de las siete Obras de misericordia corporales En la segunda se añaden las correspondientes a otras tantas Espirituales Ambas ofrecen sendos recorridos complementarios de un mismo proceso formativo, acaso con una mínima diferencia entre la naturaleza materíal de las prímeras y más espiritual de las segundas. El tono y la actitud son los mismos: nostalgia, temura, añoranza, interiorización y complacencia en la evocación progresiva del pasado con el tácito propósito de recuperar gozos y sombras, debilidades y flaquezas, rutinas, casualidades y sorpresas, amarguras e íntimos deseos, y así poder apropiarse definitivamente de cuantas cotidianas y extraordinarías vivencias acaban configurando el fondo sentimental de la persona y la identidad en la cual se reconoce como única. He aquí, pues, un libro entrañable, pergeñado con la emoción, la tensión y la intensidad propias de la narración lírica, ademado por el encanto de lo sencillo en su delicada recreación de ios primores de lo vulgar. En consonancia con ello, su prosa fluye con la trabajada naturalidad y sencillez de lo que no necesita virtuosismos para exhibir su acreditada calidad. Lo cual puede apreciarse en la elegante traducción castellana, con sólo leves reparos en alguna concordancia defectuosa o el ocasional descuido los castigos que se inflingen (pág. 80) Á. B.