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A B C de las artes Fotografía Rauschenberg, instantes decisivos Galería Cobo y Alexander Doctor Fourquet, 12 Hasta el 24 de abril Madrid A vida no puede ser detenida dijo Robert Rauschenberg contestando a Bárbara Ross antaño, y él sigue fiel a esa declaración, a sus sesenta y ocho años, iniciados en Port Arthur, Texas, Estados Unidos. Sesenta y ocho años que han atravesado con honra el plural sendero de arte de nuestro tiempo, dando frutos necesarios en momentos necesarios, en imágenes necesarias, usando en sus combine paintings técnicas que reunían fotografía, assemblage, collage, frottage, técnicas que le venían de la inmediata tradición cubista, dadaísta, expresionista, a sus manos. Su dinamismo, que exploró también los espacios de la danza y el teatro, le otorgó un lugar de precursor (minimalismo) y un holgado lugar en el arte del momento- sobre todo en la década de los sesentaporque en él confluían muchas voces que se concertaban en la plasticidad de su obra (obra que huía de marcados climax dramáticos) en su humanidad sucesiva, en un agudo y percutiente sentido de la L estructura, en un sentido del espacio que sabía y sabe concertar lo decisivo de los instantes que impulsan sus imágenes. La fotografía fue la primera palabra de su alfabeto creador durante algún tiempo no supo si quería ser pintor o fotógrafo y estaba obsesionado por un proyecto imposible, fotografiar su país palmo a palmo (Calvin Tomkins) En las innumerables vueltas que da la rueda de la vida, Rauschenberg llega de nuevo a esa primera palabra de su alfabeto, fotografía pasa de nuevo por ella porque nunca le abandonó la fascinación de su dinamismo constante que elude las limitaciones propias de la elección de un perfil u otro, pues en lo que está ahí fuera no hay limitaciones, sino movimiento. Movimiento que también es tiempo en la instantánea, un tiempo concreto con su evocación propia, que puede ser computado en horas, minutos, segundos, años, estaciones. Tiempo que juega inadvertidamente, misteriosamente, en el resultado final, pero que está impreso en la imagen, y en ella palpita. Pues, ¿qué otra cosa nos Photem series I (5) 1981 1991 Photem series I (2) de 1981 llega desde las viejas fotografías familiares, sino la memoria del tiempo que reconstruye el instante? Rauschenberg en sus fotografías actúa contando con esa fuerza misteriosa pero elude lo aparente del recuerdo, elimina de las ciudades los rasgos anecdóticos que puedan hacerlas fácilmente reconocibles. Evita por todos los medios posibles que su personalidad se haga presente en ellas. Pero no puede soslayar, en el momento del disparo del objetivo, su elección del lugar, elección que las da un carácter, que alcanza la categoría de estilo, el estilo rauschenberg Estilo que deja entrar el ahí fuera y lo focaliza en instantes decisivos, en centros de interés que pueden brillar por sí mismos o, concertándose con otros instantes igualmente decisivos, conformar aspectos del gran teatro del mundo. Y esa intención la consigue en los Photems. No es posible- y así lo quiere su autor- leer claramente aquello que ha escrito en sus particulares totems. Pero no Importa. En este caso, como en otros, t asta el impacto del objeto artístico- s i es, como lo es en éste, un impacto verdadero, de alta calidad- después de haber bagado la guardia de nuestras estructuras mentales pre- Rauschenberg es una experiencia artística sedimentada en el pa o inevitable del tiempo físico, el de la edad, que vive su valor sin agotarse vías, dejándose llevar por el ritmo de las operaciones que suman, restan, complementan, etcétera, las imágenes, y ordenan concienzudamente el aparente caos, canalizando así tanto la contemplación como la comunicación. Rauschenberg es una experiencia artística importante, sedimentada en el paso inevitable del tiempo físico, el tiempo de la edad. Una experiencia que vive su valor entre nosotros, sin agotarse; con la coherencia de la obra que nace de la propia existencia, filtrada, depurada por los variables acontecimientos que agitan y voltean cualquier historia humana. Una experiencia que no reclama nuestra atención, pues está presente tanto en un pasado inmediato como en ésta, su inmediata presencia, en un presente continuo. Adolfo CASTAÑO 37 LA de