Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C literario Dos mil a ñ o s de Horacio Inflijo y receptividad L A influencia de Horacio ha sido tan amplia, tan diversa y tan profunda que afecta a prácticamente toda la poesía occidental. Y no sólo a ella: también a las artes plásticas y a la formación de la teoría literaria moderna. R. W. Lee, Hans Christoph Buch, Antonio García Berrio y Teresa Hernández Fernández han demostrado cómo el lema ut pictura poesis informa la base de la teoría humanística de la pintura. Vicente de los Ríos y Arturo Marasso subrayaron hasta qué punto la poética horaciana determina la unificación de los elementos particulares en la teoría y praxis de la acción teatral. Helmut Hatzfeld puso de manifiesto el uso que la Contrarreforma hizo del prodesse y del d e l e c t a r e y s e ñ a l ó en el plaire francés, Ja síntesis de amt) os que adelanta y anuncia el Anmut und Wurde de Schiller. Altjerto Porqueras Mayo reconoció el influjo de Horacio no sólo en El cisne de Apolo de Alfonso de Carvallo, sino en la teoría poética del Renacimiento, del Manierismo y del Barroco. La teoría literaria moderna debe, pues, a Horacio muchas cosas: la topothesia (el situs terrarum de Epistulae II, I, 251) la defensa de la brevedad quidquid praecipies, esto breuis que llega hasta Ezra Pound, algunas observaciones sobre la ley del asentimiento y el gusto del público por los autores clásicos Epist. II, I, 20 ss. el asíndeton como sustento de la sintaxis Gemmas marmor ebur Tyrrhena sigilla tabellas Epist. II, 2, 180 ss. y 208 ss. que extremarán después Estado y Draconcio, y que reaparecerá más tarde en Montaigne, en Gryphius y Azorín, y una serie de realizaciones sintagmáticas que, lexicalizadas como máximas, se extienden, con entidad de tópicos, por toda la literatura universal. E. Stempliger dedicó un estudio a demostrarlo: Horaz im Urteil der Jahrhunderte (Leipzig, 1921) Y Marouzeau y Pietrobono publicaron dos documentadísimos artículos- recogidos en Orazio nella letteratura mondiale (Roma, 1936) que arrojan luz tanto sobre el amplísimo espectro de su influjo como sobre el carácter, tan vario y tan distinto, que tiene su receptividad. casi exclusivamente a las Sátiras y a las Epístolas Se le llamaba ethicus sus versos servían para engrosar las listas de sententiae y exempla y recibía una interpretación moral. Los Exempla diuersorum auctorum redactados en el siglo VIII, lo citan setenta y cuatro veces. En el siglo XII, según J. de Chellinck en su Essor de la littératura latine au XII siécle se le conoce más. En el XIII, Brunetto Latini lo menciona en sesenta ocasiones. En el XIV, Hugo de Trimberg- que lo recoge en su Registrum auctorum II, 6 6) -lo define como prudens et discretus pero desconfía del valor de su lírica. Y Dante lo considera sólo como autor satírico: L altro é Orazio sátiro che viene Sin embargo, también en esos que la imitarían más. Don Marcelino Menéndez y Peiayo reunió en su Horacio en España un arsenal de testimonios que lo prueban. La pervivencia horaciana en nuestra literatura desborda, por su misma amplitud, los límites de este artículo y reclama una extensión mayor, aunque sea sólo para sintetizarla. Sin embargo- y aun a riesgo de dejar fuera elementos y partes significativas de su recepción- conviene señalar su presencia en Santillana, Manrique y Mena; en la Profecía del Tajo y Vida retirada de fray Luis; en la Epístola moral a Fabio en Góngora, Lope, Quevedo, los Argensola, Francisco de Borja, Miguel Moreno y otros, que retoman temas horádanos como el Carpe diem estudiado por Blanca Gon- pronto se convierte en translatio studii hasta el mimus vitae (Sat. II, Vil, 82) que encontramos en Séneca; la metáfora de la nave (Odas, IV, 15, 1) que procede de Alceo; el Occidit et Pelopis genitor (Odas, I, 28 ss. y II, 16, 30) que teñirá la consolatio medieval; la Oda IV, 10, que, traducida por Fernando de Herrera, influirá también en Góngora y sor Juana Inés de la Cruz; el robur et aes triplex que Lope anota al margen de la quintilla De bronce debió de ser y la ambición hidrópica de viento del verso 109 de la Soledad primera de Góngora, que, como los ojos hidrópicos del acto primero de La vida es sueño de Calderón, remiten al crescit indulgens sibi durns hydrons nec sitim pellit de Odas II, lírica de Horacio ha sido y es una continua fuente; su escritura constituye, en la historia literaria, no sólo un sistema de internas y obligadas referencias, sino también- -y sobre todo- -un eje generador de diacrónica intertextualidad IJA siglos hay una excepción: La Garcineida de García de Toledo, que- como supo ver María Roda Lida de Maikiel- contiene una clara afición a Horacio y a su lírica Odas I, XI, 16 y I, IV, 17) muy poco gustada en la Edad Media y que deberá aguardar más de tres siglos hasta asomar en la literatura castellana romance, en las coplas de arte mayor de la Comedíela de, Ponza En el siglo XV Landino y Poliziano introdujeron el gusto por su lírica y, según Gilbert Highet, si los italianos fueron en esto los primeros los españoles serían los zález de Escandón, o el Beatus ille que llega hasta Lo fatal de Rubén, y que analizó Gustavo Agrait. E L XPERIMENTA ésta distintos cambios a lo largo del tiempo, y ni se lee un solo Horacio ni es siempre el mismo el Horacio que se lee. Así- y aunque se le imita muy pronto: incluso en las inscripciones y los carmina epigraphica como señaló Bucheler e indica Mariner- la lectura medieval de Horacio se limitaba A ellos hay que añadir otros que explican cómo la lírica de Horacio ha sido y es una continua fuente, y cómo su escritura constituye, en la historia literaria, no sólo un sistema de internas y obligadas referencias, sino también- y sobre todo- un eje generador de diacrónica intertextualidad. Y ello desde la translatio imperii (Epist. II, I, 156) que muy II, 13, como subrayó Ernst Robert Curtius, quien también se ocupó de Indicar las relaciones entre Horacio y Diderot. No quisiera terminar estas notas sin recordar la desviación del paradigma horaciano que supone el poema de Ulloa y Pereira titulado A un caballero amigo que vivía en Sevilla. Acábase la vida de la corte ni dejar fuera de este minimosaico de influjos y recreaciones horacianas otras dos: el libro de Manuel Alvarez Ortega Carpe diem que adapta el tema a la realidad del siglo XX, y un verso de T. S. Eliot, el primero de The Dry Salvages I do not know much about gods que actualiza- c r e o otro de Horacio (Odas, I, XXXIV, 1) Parcus deorum cultor et infrequens Con este último- que parece no ha sido todavía señaladopongo fin a esta breve excursión por la poesía horaciana, su constante influjo y su varia receptividad. Jaime SILES