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A B C de las artes Carta de Barcelona El pintor Gabíno y Dau al Set Fruta A QUI están sus temas de siempre: las bellísimas composicionesfloralesy naturalezas muertas, los cuadros de figura, con esos desnudos a los que alienta un leve movimiento y, en fin, esos paisajes suyos Muchacha pensativa CASO pueda sorprender que asocie en el título que encabeza estas líneas actitudes estilísticas tan contrapuestas como las representadas por los dos nombres en él contenidos: el del excelente pintor gallego Gabino Rey (de Marín, Pontevedra, 1928) recriado en Barcelona, y el del grupo que marca, en ella, la más radical de las rupturas con lo que del arte anterior subsistía en la posguerra civil mediados los años cuarenta. Que no era poco, ciertamente, vivos aún graneles pintores, como Sunyer, Anglada Camarasa, Manuel Humbert, Rafael Benet, Jaume Mercader, SIsquella o Miquel Villa, dentro de la acrisolada tradición realista catalana. Un grupo anterior, formado básicamente por los sobrinos de Picasso, José y Javier Vilató, junto con los también pintores Albert Fabra, Jordi y Ramón Rogent, formaban la avanzadilla renovadora. El último de ellos, a través de sus discípulos Joan Pon? y Gabino, sería el enlace de la subsiguiente corriente paralela: la rupturista de Dau al Set y la que, acogida a los rescoldos de la tradición inmediata, injerta en la Escuela de París, formó en las filas de la renovada Sala Pares. En ésta, a la que Gabino Rey p e r t e n e c e d e s d e 1957 (cuando volvió a la pintura, tras unos brillantes inicios en 1947 y un meditativo eclipse que duró casi un decenio) expone ahora de nuevo. A Sala Pares Petrítxol, 5 al propio tiempo que se presenta la monografía que acaba de dedicarle Arnau Puig, el filósofo del Dau al Set revista cuyas páginas inauguró él, precisamente, con un reflexivo ensayo que acusa un revelador y marcado influjo de Ortega. El libro de Arnau Puig es notable y su título, Gabino: estudio de un proyecto pictórico realizado bajo la consideración de la luz ya se adelanta a introducirnos en las meándricas circunvoluciones características de su pensamiento, modélicas de agudeza y probidad interpretativas. El libro es, además, un buen testimonio biográfico, no sólo acerca del excelente pintor marínense sino sobre aquellas generaciones y promociones de la pintura catalana de la posguerra, sobre las cuales Arnau, tomando a Gabino como guía, arroja una nueva luz tan emotiva y sutil como conciliadora. Al término de la lectura, ya no parecen extremos tan radicales e irreconciliables el de un entendimiento del arte como la actitud del artista respecto al entorno (Gabino) y el del que la entiende como una reflexión inconsciente, una reflexión básicamente racional y sobreconsciente (Pon? Tapies, Quixart o August Puig) Se trataba, en suma, de una cuestión Hasta el 9 de noviembre De 800.000 a 2.500.000 pesetas. de opciones: la de osar adentrarse por los vericuetos estrictos de la subjetividad como hacía el surrealismo y, en su seguimiento, el grupo de Dau al Set o la de, como hacía Gabino, compenetrarse sensible y sensitivamente, con lo que Joan Cortés, citado por Arnau Puig, llamaba, al referirse a la pintura de Gabino, el tremendo misterio de la realidad visible Los más de cuarenta óleos que nos muestra Gabino en esta su actual exposición en la Sala Pares nos vienen a corroborar lo mucho y bueno que, sustancialmente, Arnau Puig nos dice de la obra del pintor. Aquí están sus temas de siempre: las bellísimas composiciones florales y naturalezas muertas (mejor, en Gabino, still life still- leven esto es, vida en reposo o silenciosa según las designaciones inglesa y holandesa) que el pintor nos acerca en unos primeros planos que hacen más inequívoca y luminosa su presencia; los cuadros de figura, con esos desnudos o presencias femeninas, a los que alienta un leve movimiento que, más que r e s t a r l e f i j e z a a la pose lo que hace es imbuirla de un apenas perceptible- recóndito casi- latido que se diría más anímico que corporal; y en fin, esos paisajes suyos que son, siempre, como paisajes sorprendidos en su ser, más ellos mismos a solas, que sujetos a miradas codiciosas de pintor. Tras la lectura del estudio rrionográfico y en profundidad que de la pintura de Gabino ha realizado el más sistemáticamente reflexivo de los fundadores del Dau al Set no me extrañaría que resultaran enriquecidos el panorama y la visión del último medio siglo de la pintura catalana. Tal vez más de un espectador atento, coleccionista o crítico solícitos, pueda dar fe, lo mismo que Arnau, de que ni el interés por las expectativas que creaba el Dau al Set le impidieron seguir atento a las que a Gabino le eran debidas, ni en las pinturas de unos y otros dejaba de haber elementos que, por paradójico que pueda parecer, incitaban más a la comprensión recíproca que al absoluto rechazo entre sí. En definitiva, si, por una parte, los vericuetos estrictos de la subjetividad imponían una identificación inmediata con los misterios de la realidad, si bien se mira tampoco hay, de otra, tanta distancia de ellos al tremendo misterio de la realidad visible cuando ésta es abordada por un pintor tan naturalmente pintor- e s decir, objetiva y subjetivamente a un tiempo- como Gabino Rey. Rafael SANTOS TORROELLA 37 k