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A B C literario Ensayo Relatos Madame du Deffand y su mundo Benedetta Craveri Traducción de Esther Benítez. Siruela. Madrid, 1992. 462 páginas, 6.500 pesetas Una ventana hacia la clase trabíyadora Norman Manea Traducción de D. Stefanescu. Grupo Libro 86 Madrid, 1992. 101 páginas, 1.200 pesetas M ADAME du Deffand es un prototipo de lo que en el siglo XVIII se denominó una salonniére Como muchas de aquellas damas cultas, tuvo un matrimonio de carácter efímero, varios amantes no menos esporádicos, un profundo temor al aburrimiento y la suficiente dosis de cinismo como para poder sobrellevar, sin desesperanza, una larga existencia caracterizada por la desilusión. Como muchas de aquellas cultas damas, abrió salones, coleccionó amistades, recibió invitados, fue objeto de injurias, practicó la maledicencia y ejercitó el arte de la conversación. Pero, a diferencia de muchas de ellas, encontró en la epistolografía, más que un pasatiempo galante o un hábito dictado por el uso, un modo de conocimiento del mundo basado en el análisis y la autorreflexión. El género epistolar constituyó su espacio: desde él aplicó su artillería verbal sobre la mayoría de sus contemporáneos, y dejó caer las exactas propiedades de su lengua sobre casi la práctica totalidad. Tal vez por eso la maliciosa ciega -como la llama madame De la Ferté- lmbault- es un personaje tan controvertido como interesante, tan inteligente como molesto, tan exquisito como singular. Julie de Lespinasse- protegida suya, primero, y, luego, su salonniére rival- la describe como desconsiderada, indiscreta, personal y celosa abyecta con quienes están por encima de ella, bastante justa con los inferiores y tiránica con sus iguales Marmontel, como llena de ingenio, humor y malicia La Harpe dice que su destino no era amar nada, ni en este mundo ni en el otro Y Voltaire sostiene que una conversación con ella vale más que todo lo que se encuentra eri el almacén del gremio de libreros Podría decirse que el mundo era, para ella lo mismo que el 30 de noviembre de 1766 escribe en una de sus cartas a Walpole: un espectáculo en el cual silba a los actores Eso o una enfermedad, tan insufrible como necesaria. Benedetta Craveri estudia la configuración diacrónica de ese mundo: su contexto y su situación. No hace una valoración estética de su escritura, como Sainte- Beuve; ni un estudio literario como André Maurois; ni un retrato como Javier Marías. Lo que hace es un excelente trabajo historiográfico en el que la correspondencia funciona como fuente; la iconografía, como dato, y la autora, como elemento componente de una más amplia interrelación: la de la mujer en el perfil histórico que define su siglo y que participa, de manera intrahistórica, en las diversas manifestaciones que en el mismo se dan. En este sentido su libro continúa la tradición de los Goncourt, para quienes la mujer del siglo XVIII es una patrocinadora de las letras, por la atención que les presta, por la curiosidad que siente, por la diversión que en ellas busca y por la protección que les otorga Este aspecto- que no es único- queda completamente iluminado aquí, tanto al tratar el reino de Sceaux y las personalidades de madame De Staal y de la duquesa del Maine, como al referir, con todo lujo de documentación y de detalle, tos salones del presidente Hénault y del barón Holbach, la tortilla de espinacas de madame Geoffrin y los almuerzos 12 de los martes de la marquesa de Lambert. Es- como ha escrito Jean Claude Bonnet- la época del salón, donde se come con los íntimos, dando prioridad al intercambio de ideas Es la época en que las ondas de la cultura tienen en los salones sus isoglosas. Y es la época en que la moral de la regencia se transforma para adaptarse a los dos reinados que la siguen. Las señoras practican el parfilage también con las personas, además de con los textiles, e intervienen, con su protagonismo, de manera cada vez más directa en la realidad: tejen intrigas en la política y llegan a decidir algunas de las H elecciones académicas. D Argenson afirma que no era posible ingresar en la Academia si no se acudía a la casa de la marquesa de Lambert para hacerse presentar por ella La duquesa de Aiguíllon y madame du Deffand son las promotoras de la candidatura de D Alambert, que será elegido después de tres fracasos, como Voltaire lo fue después de dos. Este capítulo, el séptimo, es uno de los más logrados del libro e informa sobre la situación de la Academia en el período comprendido entre 1735 y 1755. Otro de los bocados más sabrosos del mismo lo constituyen los abundantes comentarios de realia que explican los juegos y las enfermedades, el mobiliario y el sistema de postas y correos, que hizo posible el cultivo de la carta. Eso y el listado de aristócratas, escritores, políticos, banqueros y diplomáticos que llenan estas páginas- y de los que se incluye un repertorio biográfico que esclarece su identificación- hacen de este libro un texto tan divertido como útil, tan preciso como documentado: una maravilla de lectura que nos acerca la intimidad del siglo XVIII como si fuera una habitación. Benedetta Craveri ha hecho de Madame du Deffand y su mundo un espacio visible y vivible: una reviviscencia de un tiempo que fue y no pasó porque entre sus páginas existe. Jaime SILES ACE unos meses, comenté en estas mismas páginas las novelas MoscúPetushkí (Alfaguara) del escritor ruso Venedikt Eroféiev y El hombre es un gran faisán en el mundo (Siruela) de la escritora rumana Herta Müller, dos interesantes ejemplos de una literatura que, oponiéndose a las consignas estéticas e ideológicas que el marxismo impuso en los países del Este, ofrece propuestas más personales. Un nuevo caso lo brinda Una ventana hacia la clase trabajadora del autor, también rumano. Norman Manea. Norman Manea (Bukovina, 1936) trabajó durante años como ingeniero, actividad que compaginaba con la literaria, hasta que en 1974 decide concentrarse en esta última. Sus escritos, nada transigentes con el régimen de Ceaucescu y en absoluto seguidores de la uniformadóra línea del realismo socialista le acarrean numerosos problemas con la censura. Finalmente, no tiene más remedio que emigrar a EE. UU. Una ventana hacia la clase trabajadora está compuesta por dos breves relatos. El primero, que da título a la obra en su conjunto, es la historia de los sucesivos encuentros entre un obrero y un intelectual que se prestan ayuda mutua. A través de estas dos figuras se ve cómo el sistema comunista no sólo impide el desarrollo del pensamiento libre, sino que ni siquiera trata con consideración a la clase que dice defender. En uno de los supuestos paraísos de los trabajadores, éstos son objeto de variadas injusticias, pues no prevalece el criterio de la labor responsable y bien hecha. Sólo importa la total sumisión y complacencia con el poder y las mejoras únicamente se consiguen mediante sobornos y enchufes Todo es bajo mano, tienes que tener familia o padrino allí arriba, donde se cuece el pan de todos Así, el obrero Nanu Valentín, tras veinticinco años de trabajo ejemplar, cae en desgracia porque se niega a pagar la cuota para el bolsillo particular de un nuevo jefe. De manera paralela, el intelectual con el que Valentín entra en contacto, vive en una continua angustia ante la posibilidad de que sea detenido o le ocurra como a un amigo poeta que murió en extrañas circunstancias. El interrogatorio es el segundo relato que conforma el libro. En él, asistimos al monólogo de un interrogador frente a una presa política. Ésta, después de varios meses de torturas, recibe la visita de alguien que se precia de no emplear la barbarie para lograr las confesiones. Sus métodos son refinados y diabólicos. En este caso, ofrece a su víctima, que es pintora, todos los materiales necesarios para que dibuje, sabedor de que, inevitablemente, su obra reflejará la información que quieren obtener: Con el tiempo, la memoria- ella también- irá poniéndose al servicio... No hace falta que se lo explique, entiende usted de psicología y estética Manea utiliza diversos registros estilísticos que, en general, se acoplan bien con lo narrado, sobre todo en el segundo relato, que me parece el más sugerenfe. Al igual que Herta Müller, el autor de Una ventana hacia la clase trabajadora muestra la ominosa verdad que se escondía detrás de la propaganda oficial. Si Müller examinaba la Rumania campesina, Norman Manea se centra en Bucarest. Carmen RODRÍGUEZ