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A B C de la música La herencia de John Cage Usted nunca será capaz de componer porque no tiene oído dijo una vez Arnold Sclioneberg a un californiano de veintidós años al que daba clase de contrapunto. Pero Joiin Cage no era de los que se achicaban. Y armado de una curiosidad sin límites y un espíritu aventurero típicamente americano, se dispuso a derribar los límites de la música Experimentador radical, poeta, pintor, y también experto en setas, Cage ejerció una poderosa influencia en varias generaciones de músicos y artistas. Para componer utilizaba recursos como el silencio, el azar o lafilosofíaZen. La semana pasada, el patriarca de la música de vanguardia fallecía en Nueva York, a punto de cumplir ochenta años. Hasta el día que muera habrá sonidos había dicho. Y continuarán tras mi muerte. No nos hemos de preocupar por el futuro de la música. S I aceptamos la amplía y variada Influencia que John Cage ha tenido sobre la música de su entorno- y no sólo sotKe ella- cai 3 e legítimamente preguntarse sobre cuál pueda ser su herencia. La influencia es obvia: por afirmación o por negación apenas si hay compositor que no haya recibido algún tipo de influjo de su personalidad. Hasta cartesianos absolutos como Pierre Boulez o personalidades con las que sostuvo amplias polémicas- como la que le enfrentó a Luigi Nono en Darmstadt en 1959- han sufrido algún roce de sus ideas o su música. Y en América, prácticamente todas las tendencias musicales posteriores a su aparición están marcadas por él. Y no sólo las musicales pues no en vano se le hace padre de la action- painting del live- theater o del happening La generación de Earie Brown, Morton Feldman o Christian Wolff fue la primera que le siguió de cerca. Más aún los que colatroraron directamente con él como David Rudor, Gordon Mumma o Frederic Rzewski. Poco después, los compositores teatrales de Ann Artx) r, luego continuados en la obra de Robert Ashley, La Monte Young o Nam June Paik son consecuencias de su posición con lo que acaba por convertirse en padre del movimiento Fluxus. También se reclaman- de él Terry Riley o Steve Reich con lo que resulta el origen de minimalistas y repetitivos. Luego, gentes como Dick Higgins, Tom Johnson, Phil Cárter y una serie de ramificaciones que confluyen teniendo un origen en Cage por muy diferentes y contradictorias que puedan parecer. Y no sólo en América, sino también en Europa, donde podemos verle detrás de las cosas más variadas como el Ligeti del Poema para John Cage, en su estudio de Nueva York. Para él todo era música, desde el sonido del viento entre los árboles hasta el silencio cien metrónomos o los espectáculos de Wolf Vostell. ¿Hasta qué punto avalaba Cage todo esto? Dado que aceptaba como música cualquier cosa, supongo que lo aceptaba todo aunque no sé si esa paternidad llegaba a importarle. Lo cierto es que la reclaman casi tantos como la de Erik Satie, y generalmente coinciden. La influencia de John Cage en España no ha sido pequeña ni mucho menos pues, aparte de la que 103 Réquiem S I la música de John Cage me acompañó siempre en mi trayectoria musical, mis contactos personales con él fueron pocos pero de gran intensidad. Algunos esporádicos encuentros en Europa en la década de los setenta, culminaron en septiembre de 1987 en Colonia. Con motivo de su 75 aniversario la radio de Alemania Oeste había organizado un Festival Cage en el cual yo dirigía, en la maravillosa iglesia románica de Santa María del Capítol, el estreno en Alemania de sus Thirty piecés for five orchestras La simpatía personal de Cage, su enorme capacidad de integración y su apertura hacia los demás trascendió la polémica alrededor de su figura, destruyendo todas las barreras que los prejuicios en torno a él habían acumulado a lo largo del tiempo. Yo mismo- q u e después de un Arturo Tamayo dirigirá el mes próximo en Alemania el estreno de la última obra orquestal de John Cage, 103 ahora ya postuma. Durante la preparación del estreno, el director español ha mantenido frecuentes conversaciones con Cage, la última hace sólo unos días. período de aceptación casi incondi- sala, absorto delante de una comcional de sus ideas, había desarro- plejísima partitura de otro autor. llado una cierta distancia crítica Tenía mis serias dudas sobre la frente a su música- tuve que reco- posibilidad de realizar la obra como nocer su integridad personal y la el compositor había previsto. De consecuencia con que llevaba a pronto tuve la sensación de que alcabo sus ideas: ajeno a todos los guien estaba detrás de mí. Era avatares de la moda, permanecía John Cage. Observaba atentasumamente fiel a sí mismo. mente la partitura, intuyendo tal Poco más tarde nos volvimos a vez mis pensamientos y mis dudas. encontrar en Turín. En un festival Al ver que me volvía, sonrió exprede música contemporánea volvía a sivamente y con un brillo especial dirigir las mencionadas Thirty pie- en su mirada me dijo: Too much ees junto a otras ot ras de autores notes (Demasiadas notas) Fue su contemporáneos. Flecuerdo un de- único comentario. Acto seguido se talle suyo profundamente humano marchó, dejándome muy aliviado al y simpático: En la pausa de un en- escuchar sus palabras: alguien sayo me había quedado solo en la sentía lo mismo que yo. Para celebrar su ochenta aniversario la radio del Alemania Oeste me invitó a estrenar, dentro del festival que tendrá lugar el mes próximo en C o l o n i a su obra 103 Es la última obra orquestal de John Cage. 103 es el número de instrumentistas que participan en ella: un macrocosmos sonoro, basado en una red de proporciones temporales obtenidas por medio del I Ching el libro de los cam bíos chino. En base a éstas, cada ifTiúsico tiene la posibilidad de decidir cuándo y cómo puede tocar. Una composición de gran belleza sonora que refleja muy claramente la concepción del mundo de John Cage. En la última conversación telefónica que tuvimos- una semana antes de su m u e r t e- después de aclarar ciertos puntos necesarios para la interpretación de N 42