Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C literario Ensayo- Novela El viajero más lento Enrique Vila- Matas Anagrama. Barcelona, 1992 179 páginas, 1.300 pesetas Al tercer día Piers Paul Read Traducción de Enríe Tremps. Planeta. Barcelona, 1992. 277 páginas, 1.500 pesetas D ESDE que comenzó su andadura narrativa, con Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973) Enrique VilaMatas (Barcelona, 1948) es autor de una amplia obra, en la que destacan Impostura (1984) finalista del premio Herralde de novela, Historia abreviada de la literatura portátil (1985) Una casa para siempre (1988) y Suicidios ejemplares (1991) Esta dedicación no le ha impedido, sin embargo, escribir de manera habitual en periódicos y revistas. Así, ha acumulado a lo largo de los años una notable cantidad de artículos y ensayos que aparecen ahora reunidos en un volumen. Dividido en cinco apartados, es un recorrido intelectual y sentimental por hechos, situaciones, libros, ciudades, escritores, ideas y personajes que componen un original y atractivo calidoscopio. Vila- Matas nos cuenta, por ejemplo, su visita a varias ciudades de la antigua RFA, entre ellas Berlín pocos días antes de la caída del Muro, o nos sumerge en el barrio barcelonés donde ha transcurrido casi toda su vida, empleando la tercera persona, en un efecto que consigue combinar distanciamiento y nostalgia. Asimismo, entre otras, presenta unas curiosas reflexiones referidas al no menos curioso concepto de máquina soltera forjado por Marcel Duchamp y, en un artículo sobre los nombres, plantea, en el fondo, entre bromas y veras, el complejo asunto de la identidad, que siempre le ha preocupado, como puede verse también en sus novelas y relatos. Especialmente sugestivos son los ensayos y comentarios sueltos que consagra a autores de su preferencia (Bioy Casares, Jean Echenoz, Kafka, Pessoa... El viajero más lento tiene, pues, una doble lectura. Por un lado es una estimulante manera de introducirse en el personal universo de VilaMatas y, por otro, resulta una provechosa guía para comprender mejor su obra narrativa. Y ello porque, en Vila- Matas, existe esa coherencia de visión, que no fanatismo ni monotonía, de aquellos que entienden que el arte no puede ni debe medirse por parámetros pragmatistas. Muy significativa es la elección que hace para encabezar su miscelánea de trabajos, reproduciendo un breve apólogo chino, que cita ítalo Calvino en Seis propuestas para el próximo milenio De él se desprende la enseñanza de que la creación tiene su propio ritmo interior y de que, en definitiva, el artista es el viajero más lento pero, a la vez, el más intenso. Lentitud, que reivindicaba Válery Larbaud, a quien dedica el ensayo que da título al libro, e intensidad, que casan mal con un mundo de rapidez y superficialidades. El tono irónico y el peculiar humorismo y comicidad que impregnan esta y otras obras de Vila- Matas encierran un compromiso absoluto con la labor creadora, en este caso literaria, concebida como un salto mortal sin red. Al explicar en su ensayo El acero del dolor cómo escribió Suicidios ejemplares es claro al respecto: Me satisface que se haya puesto en pie por fin mi más antiguo proyecto literario: el de exponerme siempre a la hora de escribir, tal como proponía Michel Leiris cuando hablaba de ese continuo estar expuesto a sí mismo mientras el asta pasa por donde existe el acero del dolor: Introducir por lo menos la sombra de un cuerno de toro en una obra literaria Carmen RODRÍGUEZ E L esqueleto de Jesucristo ha aparecido en 1988, conservado en una vasija, en una vieja cisterna bajo el templo de Herodes en Jerusalén: así es el principio de Al tercer día pero revelar el desenlace sería imperdonable. Al poco, un monje simonita- arqueólogo de prestigioaparece ahorcado en su convento de Londres. Finalmente, un teólogo jesuíta, infatigable pelmazo, engreído desde que le dijeron que se parecía a Teilhard de Chardin, soluciona casualmente el último enigma del caso, mientras el caos de la vida internacional prosigue, en un mundo proclive a la autodestrucción. Al tercer día (1990) es una novela con gran conspiración incluida y un autor- Piers Paul Read- bastante traducido entre nosotros pero casi nunca aceptado en su rango verdadero de novelista británico de pro, con una valoración que a la larga será más sólida que muchos de aquellos autores que traducimos profusamente, reseñamos con amplitud y que casi nadie lee. Las novelas de Piers Paul Read tienen la sustanciosa legibilidad de los viejos tiempos: ahí suceden cosas en un mundo complejo, con personajes cuya vida cambia según pasa el tiempo y con ideas que han de importar al lector que no esté dispuesto a leer siempre los mismos alegatos contra la energía nuclear o la familia opresiva. Piers Paul Read- nacido en 1 9 4 1- es además un católico que bracea a contracorriente de la teología de la liberación y los decibelios de las guitarras eléctricas en los altares, como dejó dicho recientemente en su ensayo ¿Quo V a d i s? c o n t r a ese magisterium alternativo que pretende hacer doctrina sobre el control de natalidad o el feminismo. Algunas de sus novelas anteriores fueron la saga de Los Junkers La hija del profesor -una novela sobre la permisividad en Norteamérica- Polonesa Los ladrones del tren de Glasgow Un hombre casado -magnífica disertación sobre el pecado- La villa Golitsyn El francés libre -novela europea, en contraste con la novela suburbana británica- y Una temporada en el oeste espléndida crónica del desencanto de un disidente checo trasladado a la vida literaria londinense, en un cruel ajuste de cuentas de Piers Paul Read con la inconsecuencia de sus colegas. A mediados de la década de los setenta tuvo su mayor éxito con el libro Viven: la tragedia de los Andes indagación sobre aquel caso histórico de antropofagia. En Al tercer día -s u undécima novela- un arqueólogo israelí- instigado por su hijo, agente del contraespionaje militar- descubre, al final de un túnel excavado debajo del barrio musulmán de Jerusalén, una caverna con una vasija en la que se conserva el esqueleto de un hombre crucificado en el siglo primero, con señales de espinas en las sienes, un cl vo en los pies, una lanzada en el costado izquierdo Ese descubrimiento- presunta negación de lá resurrección de Cristo y gran riesgo para el catolicismo- origina la muerte del padre Lambert, en su convento simonita de Londres. Como novela de suspense teológico, en Al tercer día las incertidumbres de la fe se convierten en vértigo terrible si Cristo resucitado no ascendió tal cual a los cielos. En la gran conspiración para negar la resurrección de Jesucristo todo vale: un llamado códice de Vilna- descubierto en los archivos estatales de Lituania- las adiciones eslavas a la Guerra judaica de Josefo o la jeringuilla con veneno mortífero. Entre Londres y Jerusalén se afanan personajes como los hermanos Henry- probablemente, el mejor personaje de la novela- y Andrew Nash, quienes intercambiarán sus papeles en la encrucijada final de Al tercer día desde la vida pagana a la fe y de la fe al amor terrenal. Son también los hermanos Yabacov y Anna, el fanático y la desarraigada. Por suerte, Al tercer día también es una novela- paradójicamente, improbable y a la vez realista- que nos hace saber cosas, en las antípodas del didacticismo que era propio precisamente de los formalistas a ultranza. De la maestría de Piers Paul Read se supone que Al tercer día no tan sólo será un argumento de sensación: a la vez, lo que ocurre va transformando a los personajes ya sean judíos, católicos o ateos, cardenales escasamente humildes y espías de guardarropía. En la negación de la resurrección corporal de Jesús pueden conspirar tanto el Mossad como el KGB, no carentes de modelos históricos como la carta de Zinoviev o los Protocolos de los Sabios de Sión. Ahí quieren asentar su hegemonía quienes piensan que Israel nunca podrá ser Israel y creer en su derecho a regresar hasta que sea eliminada la mezquita y su bóveda dorada y sea reconstruido el Templo en el lugar que le corresponde, en el monte del Templo. Al tercer día fue venturosamente concebida con los recursos de la novela de detección y a la vez con la clara intensidad intelectual que define el quehacer de Piers Paul Read, capaz de escribir una novela realista sobre lo que ocurrió siglos después de aquel tercer día de la resurrección de Cristo. El estilo es seco, directo, atento a la realidad y a la vida de los personajes más que a su propio eco estético, en busca de algo que muchos daban por olvidado y que los clásicos llamaban verdad moral. Además de todo eso, en Al tercer día las figuras de la pasión son plenamente entretenidas. Valentí PUIG i13