
A B C literario
-Judit, a escena-
(Viene de la pág. anterior) JUDIT. -En estos momentos... Reñir aquí... Promover un escándalo ahora... ¡No! ¡No! OBRERO 5. ¿Ínfamla? (Se pone frente a él y le mira en silencio. Después) ¡Mírame! ¡Mírame! (Y tras una pausa) ¡Que cada cual marche por su camino! OBRERO 1. (Encogiéndose de hombros despreciativo) ¡Qué he de contestar yo a un desequilibrado! Ya os lo dije... mana! Siempre la injusticia y el dolor. OBRERO 2. -La batalla está empeñada... pues adelante. OBRERO 3. -Retroceder una cobardía. sería OBRERO 2. -Se puede intentar... OBRERO 4. -N 0, no, sería una locura. No puede venir... OBRERO 3. -Nosotros no respor demos. OBRER 01. -Indudablemente le protegerá la fuerza... Pero el silerv cio, la fiostilidad del ambiente, los incidentes a que puede dar lugar su presencia en la misma casa del Poeta llena de compañeros nuestros serán para el Poeta peor que su ausencia. OBRERO 4. -Camaradas, un poco de serenidad... (Se oye en estos momentos una canción lejana: todos escuchan en sHerKk) atentos) OBRERO 2. ¿Oís? OBRERO 3. -Señal de peligro. OBRER 01. Apagad la luz! (De pronto el obrero adolescente vuelve a levantarse y se acerca a la mesa. Ha estado preparando tabaco y papel para liar un cigarro) OBRERO 5. (Con Ironía, sarcástico) iLa paz! ¡Sí, la paz! ¡La paz! (Cambia bruscamente de tono: impetuoso, iracundo) ¡Corazón siempre! ¿La vida? La vida no es larga ni corta. La vida no vale nada. La vida es esto. (Pone el papel de fumar en la llama de la bujía: el papel se consume en un instante. Pausa ligera. El adolescente ha vuelto a su asiento) OBRERO 1 -Precisemos, camaradas, el tiempo pasa. Es preciso resolver a toda costa. OBRERO 2. ¿De qué recursos disponemos? OBRERO 4. ¿Contamos con fuerzas bastantes? JUDIT. -No más palabras, compañeros. Salgamos de esta indecisión mortal... ¿Debo yo volverme con la misma duda con que he venido? ¿Qué vais a hacer? ¿Qué pensáis? ¿Podrá realizar el Poeta su deseo? OBRERO 2. ¿El Presidente del Consejo en este momenfp aquí? OBRERO 3. -N 0 podemos responder... (Apagan la luz. El teatro queda profundamente a obscuras. En las tinieblas resuenan, viniendo de lejos, ft sones agudos, penetrarttes, ora guardas, ora como plañideros de los clarines de ima tropa de caballen a. Hay un momento de emoaón profunda, los sones de las cometas se van alejando. Todos callan. Ligera pausa) OBRER 01 ¡Encended la hiz! (Enaenden la luz. JudU de pie, erguida, tá en acUtud de éxtasis: su mirada se pierde en una lejarúa ideal. Con voz evocadora de sensaciones dolorosas, dulcemente al principio, ardorosmnente apasionada después va haUando) JUDIT. ¡Visión melancólica! Triste, dokvosa visión... En el sUencm, en las tiniebias, ¿sabéis lo que veía yo, compaíieros? Súbia yo por unas escaleras estrechas, tenebrosas. La casa era pobre. En lo alio de la escalera llamaba a una puerta. Se oían en toda la casa llantos de nifios. La puerta de la casa se abría y yo entraba en una vivienda reducida y limpia. Una mujer vestida de negro sale a abrirme. A su lado hay tres nifios. Los tres están cogidos de la falda de la madre. El rostro de aquella mujer era pálido; sus ojos brillaban dentro de arx has ojeras. El dolor la oprimía y sus labios sin color, pálidos, pálidos, como las mejillas.
I I
JUDlT. (Comenzando a soñar) Qué inmensa estupidez humana... Siempre el dolor. Siempre la iniquidad. ¿No se podrá comprender al fin lo absurdo, lo inhumano, de esta lucha terrible? Insensatez... Insensatez... Siento un profundo horror... Siento una honda tristeza; sí, horror, tristeza... Cada vez que pienso en esta hostilidad de unos contra otros... ¡Y todo podría resolverse en la concordia y el amor! ¿Reinarán siempre la fuerza y la estupidez en el mundo? ¿No llegará una era de cordialidad entre los hombres?
(El obrero adolescente toma a su OBRERO 1. -La concordia, la rincón se sienta y vuelve a su paz... ¿Quién no las quiere, sí, hosquedad) quién no las quiere? JUDIT. -Yo os pido concordia... paz... OBRERO 1- Sí, concordia, paz; lo deseamos nosotros. Pero después de todo, ¿cómo hemos llegado a la situación presente? OBRERO 2. -N 0 ha sido un capricho el declarar la huelga. OBRERO 3. -No pretendemos ventajas desmesuradas, injustas. OBRERO 4. -Estamos dentro del más perfecto derecho... Y nosotros no hemos sido los creadores de este movimiento de ahora. OBRER 01 -Dos figuras queridas por todos nosotros, usted señora y el Poeta, su marido, han alentado y sostenido constantemente a las masas obreras. ¿Podemos retroceder ahora? JUDIT. -Pero, amigos, yo os pregunto de nuevo, ¿cuál es vuestro plan? Concretad un poco. OBRERO 2. -EI plan le darán hecho las circunstancias. OBRERO 3. -No podemos por adelantado trazar ningún plan. Al rigor con que se nos ha tratado contestaremos adecuadamente. OBRERO 4. -Y nuestra actitud no puede ser más digna. JUDIT. -Sí, sí, lo veo. Es indudable... De vosotros no han partido las agresiones. Vuestra conducta ha sido correcta, sensata... Acaso yo os pido lo que no podéis conceder... I Qué enorme estupidez hu 18