
A B C de las artes
El arte de los dioses
lAJAR hacia el rumbo de donde la luz pro cede, viajar hacia el rumbo de donde la muerte viene, viajar hacía la región de sementeras regadas, hacia la región de espinas... Estas eran cuatro de las cinco direcciones del mundo en la cosmovisión mexica. Los europeos los conocieron por aztecas pero mexica es el nombre que dio Huitzilopochti- e l dios del Sol y de la guerra, el Dios del manto de plumas de colibrí- a los oriundos de Aztlán- Chícomoztoc. Fueron los vencidos de Hernán Cortés, relegados a la condición de bárbaros y salvajes, en quienes los sacrificios humanos pesaron más que su poesía, su escritura, sus códices, su música, su religiosidad. La exposición Azteca- Mexica retoma la mitología y la agricultura, el comercio, la sutileza del arte y la poesía a través de más de un centenar de piezas que se erigen en símbolos de un poder y de un pasado que dejó sus huellas grabadas en la piedra. En e l Museo Arqueológico, la sala de exposición es oscura, negra, y en ella se reparten once vitrinas, tantas como temas quiere abordar, como facetas quiere simbolizar. La luz ilumina cada una de las piezas. Fuera de ellas se muestra un panel con las conquistas de los aztecas desde 1429 a 1502; otro más con la genealogía de los soberanos Tenochcas. El arte mexica gira alrededor de la religión: un disco solar, una banda celeste, un ojo radiante... una teogonia movida por el sol cuya extinción sólo puede evitarse a través del sacrificio humano: el paraíso de los guerreros sólo puede estar junto al dio del Sol. La naturaleza será la otra gran protagonista: figuras de pulgas, de peces, de tortugas, de buhos, permiten atisbarla desde el siglo XX. Pero los mexica son también deudores de la civilización olmeca o de la tolteca: el préstamo cultural queda reflejado en una vitrina que bajo el lema Antepasados y vecinos de los mexica muestra representaciones de Tlaloc, Dios de la Lluvia, o de Huehueteotl, Dios del Fuego. Bordeando las vitrinas, Mercaderes y tributarios lleva a la vista piezas de oro, collares de concha, colgantes de jade, los objetos codiciados por las clases nobles, mientras que Poder y sociedad describe tipos humanos a través de máscaras de señores y macehuales, de portaestandartes que son hombres y mujeres. Una vitrina especial acoge algunas de las piezas más valiosas: el Códice Tudela el Atlas Duran el Lienzo de Tlaxcala el catecismo náhuatl... La guerra, con sus figuras de la-
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Museo Arqueológico Nacional Serrano, 13
Hasta el 31 de julio Madrid
Macehual sedente, figura en basalto
SIMBÓLICO en sus emblemas, el arte azteca puede parecer un misterio. Quizá por ello la intención de la eocposición sea reivindicar un arte que si bien nada tiene que ver con el Renacimiento que marcó la obra de sus conquistadores tampoco tiene nada que envidiarle
guares y águilas; los sabios y los poetas, con sus calendarios y sus flautas; la cosmovisión y los dioses completan un paisaje en donde la primera permitió el surgir de un imperio; en el que los segundos incluyen adivinos, pintores de códices o músicos; en el que los dioses rigen el Sol (Tonatiuh) la Lluvia (Tlaloc) el Viento (Ehecatl) la Danza (Xichipilli) o las Aguas (Chalchiuhtiicue) y en el que el universo se divide en trece cielos y nueve inframundos. Simbólico en sus emblemas, en sus signos, en sus metáforas, el arte azteca o mexica puede parecer un misterio para quienes carezcan de las claves para desvelarlos. Quizá por ello la intención última de la exposición sea reivindicar su cultura, su arte y su religiosidad que si bien nada tienen que ver con el Renacimiento que marcó la obra de sus conquistadores nada tienen que envidiarle en complejidad o en valía artística. Los mexicas no eran bárbaros ni salvajes comprender su arte es comprender algunas de sus acciones; el ofrecer el corazón de un prisionero a Huitzilopochti era necesario para que el mundo no desapareciera. El arte refleja un modo de pensar, una forma de ver el mundo, el universo, el cosmos, que una vez más, a través de un exposición, es capaz de borrar la mirada altiva del vencedor sobre el vencido. En el tantas veces nombrado V Centenario del Descubrimiento Azteca- Mexica culmina el ciclo que desde 1983 viene mostrando los secretos de las culturas indígenas de América antes del descubrimiento. Desde la Patagonia a los Andes Septentrionales, desde la Amazonia al noroeste de América, desde los mayas a los incas, se ha querido mostrar que en 1492 se dio, efectivamente, un encuentro entre culturas distintas, con valores y principios diferentes, con principios estéticos dispares. La religión marca tan hondamente el arte y la vida de los aztecas que quizá en cada una de sus piezas se adivine la sombra del Templo Mayor de Tenochtitlán: en la maqueta, cortada transversalmente, se adivinan altares, estancias y escalinatas, se intuye la influencia que tenía en la vida de los mexicas. La guerra, los dioses, el paraíso o el reino del inframundo se reflejan en sus cuchillos para el sacrificio (tecpatl) en sus sahumadores y braseros, en sus cajas de piedra para guardar los instrumentos con que sacerdotes y nobles se autosacrifloaban. La religión marca el arte azteca: son Tlaloc, Tonatiuh, Huitzilopochtli, Quetzicoatl los que mueven los hilos y las manos del artista.
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Vasija- efigie mixteca
Clara Isabel de BUSTOS 35