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A B C de las arles Bisquert y Brihuega, valores rescatados N o es la primera vez que los nombres de Antonio Bisquert (Valencia, 1906- Maidrid, 1990) y Luis Brihuega (Ma ¡drid, 1915- 1981) aparecen unidos! en una exposición, sin que para relio exista otro motivo que su conidición de pintores independientes, ¡pues la trayectoria paralela de sus ¡vidas e incluso la amistad que les fuñió, resultaría insuficiente para ¡justificar la muestra que ahora ceilebra la Caja de Madrid en la más importante de sus salas. Pintores independientes, militantes en el mismo bando durante la guerra civil, exploradores del cartel, de la restauración, de la ilustración, sde la pintura realista, del abstracto, de diversas formas de vanguarjdia del retrato (ambos con forJtuna) y de otras muchas aventuras Iplásticas, Bisquert y Brihuega, tan Idiferentes en la expresión, tienen en común la independencia, la honestidad, el amor a la pintura y ese alejamiento del arte oficial, cualquiera que éste fuera y en cualquier momento de su trayectoria. Dltxjjantes muy dotados, el cartel, la colaboración en periódicos y revistas, la publicidad, la fotografía, la cerámica, el grabado, las inquietudes políticas y artísticas, les caracterizan. Mientras Brihuega es un pintor comprometido testimonial (ahí están sus magníficos dibujos sobre la guerra) Bisquert se centra en la restauración y el estudio del informalismo, en la redacción de sus teorías y estudios sobre el arte y el cultivo del realismo, al que volvería al final de su vida. Brihuega, Casa del Monte Plaza de San Martín, 1 Hasta el 25 de abril por su parte, no perdió nunca el vigor y la fuerza de una pintura claramente vinculada con los postulados del momento (los años treinta) en los que primaba la épica del trabajo, y sus protagonistas son obreros y campesinos de una solidez exacerbada. Son obras diferentes y, sin embargo, el contemplador adivina los múltiples lazos ocultos que unieron las vidas de estos dos pintores, situados, como escribe Jaime Brihuega, en el ángulo muerto de la memoria donde permanecen, desconocidos, muchos artistas que no aceptaron consignas ni modas estéticas y que, al margen de la academia y de la vanguardia, no tienen un lugar definido en la Historia del Arte. Por ello son tan interesantes y reveladoras estas exhumaciones postumas que, últimamente, están resucitando la obra de personalidades ajenas a los movimientos que marcan y definen la pintura contemporánea. Esta doble antológica nos ofrece una visión rica y variada del quehacer de Antonio Bisquert y Luis Brihuega, quehacer múltiple y abierto a tantos y tan variados caminos como la propia vida de los artistas. Sin que sus nombres tengan el valor de hitos, el buen hacer y la sinceridad de estos dibujos y estas pinturas son dignos de contemplación y meditación, porque muchas veces el ángulo muerto de la memoria guarda valores que la época agitada de la guerra y posguerra oscureció injustamente. Javier RUBIO Ilustración de Luis Brihuega para ABC (1935) Fe Blasco: en la vida como en el cine F E Blasco (Barcelona, 1952) pasó por la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, donde fue alumna de ese profesor atípico que fue, mientras aguantó en el, cargo, Ferrán García Sevilla. Su primera exposición individual se celebró en 1988, en la galería Vicent Bernat. En Madrid, ciudad a la que trasladó poco después su residencia, se dio a conocer con ilustraciones de gran impacto, aparecidas en revistas como El Europeo y Vogue Ahora, cuando ha retornado a la capital catalana, presenta aquí, en La Kábala, galería que ya había mostrado obra suya en alguna colectiva, una sugerente exposición que se apoya en pretextos procedentes del mundo del cihe. Todos y cada uno de los lienzos que componen esta muestra deben ser leídos cómo una página de diario. El fotograma, generalmente de cine clásico norteamericano wes 22 Galería La Kábala Conde de Aranda, 10 Hasta el 30 de abril De 75.000 a 200.000 pesetas terns películas de Harold Lloyd, y sobre todo serle B no es para la pintora sino el punto de partida para una representación, para una proyección de su vida. Estamos lejos, en ese sentido, de la mirada sobre el cine, propuesta por ciertos pop norteamericanos. Nada aquí de reflexión sobre el icono. El juego es más personal, más interior, y en definitiva más serio. El rostro de la protagonista femenina es sustituido por el propio rostro, y el del protagonismo masculino, por otro rostro que la pintora conoce tan bien como el propio. Esa densidad de vida que late, que se adivina tras esta pintura áspera y tierna, contribuye a convertir cuadros como Las dos menos dos como Horizontes lejanos o como Melancolía -probablemente mi preferido- en otros tantos enigmas pintados. Las dos menos dos 1991 J. M. B.