Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
TECNOLOGÍAS EN LA FRONTERA Los contactos virtuales parecen imponerse a la relación física. Pero aun sentimos la necesidad de rozarnos con el prójimo al ve Red n los últimos meses, las revistas más trendy de Inglaterra y EE. UU. tratan de convencer a las amplias masas de que acercarse por clubes y mezclarse con cientos de semejantes sudorosos está totalmente passé La alternativa al clubbing seria el cocooning -el encapullamiento, bonita expresión- Las gentes verdaderamente enteradas se encerrarán en sus casas disfrutando con unos (pocos) amigos de una cena, la televisión (digital, por supuesto) o juegos de consola. Aunque lo mejor de todo es quedarse solo frente al ordenador extrayendo de la Red la música, la literatura, los juegos, las películas, las amistades... El filosofo francés Paul Virilio previene de los peligros de una cíbersociedad donde los seres humanos o lo que quede de ellos estarán permanentemente acoplados a un Vehículo Estático Audiovisual en un presente continuo y virtualmente ubicuo. En un cuento de ciencia ficción cuyo nombre lucho hace años por recordar, se describía una expedición a un planeta remoto cuya civilización había sucumbido porque al final todos sus habitantes estaban conectados a aparatos de realidad artificial de los que ya no sabían ni separarse. Incapaz de reproducirse y hundida en su mundo mediático, esa especie había desaparecido como un elemento ecológico superfluo. Estos tres niveles de referencia denotan por sí solos lo extendido de una preocupación actual: ¿va a convertirnos la Red y su evolución en seres Incapaces de relaciones personales inmediatas? ¿Nos encaminamos de veras al mundo de la caverna? ¿A dónde van nuestras comunidades tradicionales, muladas desde la familia extensiva del campo a la familia nuclear urbana y a las asociaciones -religión, deporte, sindicatos, cultura, política... -por la Revolución Industrial? ¿No será más provechoso relacionarnos por ae- mail o chati con extraños con nuestros mismos gustos que aguantar las chacharas insulsas del vecino de la esquina? Es cierto que la Red, ias comunicaciones, pueden llegar a destruir comunidades tradicionales, tanto en el orden laboral como en el social. Pero esta destrucción acelerada de comunidades se ha producido otras veces, la última y con efectos especialmente drásticos en la difunta República Democrática Alemana. En aquel país que nunca fue, la vida giraba en torno a las grandes empresas, los enormes combinados superfábricas en que centralizaban e! proceso productivo. Estas enormes factorías contenían tanv bién los economatos, los clubes de cultura, los jardines de infancia, los hogares de jubilados, los equipos deportivos. Dichos complejos venían a ser el punto de confluencia de toda una comarca. Personas residentes en distintos pueblos eran amigas porque trabajaban en la misma empresa y pertenecían al mismo grupo excursionista. Con la llegada de la unidad, las empresas se vendieron y buena parte de ellas se cerraron. Y lo primero en cercenarse fueron las instituciones sociales de la empresa. Una enorme red social se disolvió en la de la República Federal y, aunque fue una experiencia traumática, la siguiente generación ya no siente ese problema de adaptación. Más espectacular todavía seria el caso de alguien nacido en Meckiemburgo en 1905 y que muriera después de 1990. Aun dentro del Imperio Alemán, en el ducado existia un orden feudal. Luego llegó una república algo caótica, a continuación el nazismo, luego el comunismo y finalmente otro tipo de democracia. Sin embargo, en vez de desaparecer, los vecinos del lugar se empeñaron en adaptarse. Los nuevos grupos se imaginan casi siempre como telecomunidades, el estar presente con otros en ningún sitio, Se trata de un pensamiento lógico. Salvando barreras idiomáticas, parece previsible que diferentes grupos de interés tiendan a organizarse a través de la Red. Es lo que se viene haciendo de forma balbuceante desde que existen módems y blackboards Pero tampoco es imposible concebir cambios paradójicos, como un regreso al vecindario. Supuesto que al menos uno de los cónyuges (si existen ambos) trabaje en casa, resulta tentador deducir que el entorno de relación debería regresar al inmediato del propio hogar. Desgraciadamente, a mayor parte de las llamadas ciudades- dormitorio fueron concebidas para dormir, no para sustentar la creación de un tejido de relaciones humanas. Las estructuras suburbanas anglosajonas parecen más amoldables. Sea como sea, determinados tipos de estructuras sociales que nos resultan familiares y nos llegan como algo eterno, tenderán a disolverse. Su lugar será ocupado por otras formas. Pero las grandes congregaciones de masas de hoy en día. como el maratón de Nueva York o un viaje papal, demuestran que el cocooning no es más que un aspecto fraccionario de nuestra vida social. Que, por lo visto, seguimos teniendo necesidad de rozarnos con el prójimo. Aunque no lo conozcamos de nada. BXN 6 5