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Pnr Mónira Fernánrie 7- Acevtijnn La prisa ncerfé en un frasco de crisuai uno de esos topos que salen de la tierra a la hora del desayuno. N o pude encerrarlo mucho tiempo: la angustia del copo por salir de aquellas paredes transparentes fue atravesando el cristal como si la prisa fuera una suerte de luz que quemara, o una rara corriente eléctrica capaz de llegar hasta mis manos para transmitirme, no sé cómo, un calambre. La prisa es contagiosa. Tal vez se transmite como esos virus que ponen a trabajar en su beneficio, hasta hacer que exploten, llenas de nuevos virus, las células ajenas; y así, cuando la prisa entra en una ciudad cualquiera, corre de una persona a otra y se adueña de los gestos y de las cosas y de los paisajes que se llenan de grúas y de casas que no habitará nadie, esas casas que poseen sólo el extraño valor de lo que te dan por ellas si las vendes, y cuyos precios también están inoculados con la prisa, la misma prisa de un pequeño animal encerrado en un frasco. E la vida entera de una musaraña: un año, dos años con suerte. ay también, en las orillas tranquilas, musarañas acuáticas, que son las musarañas más grandes que hay en España, como la Necmys fodicns: una musaraña de pelo corto v suave como el terciopelo, negro por el lomo, blanco por el vientre, que atrapa el aire con su pelaje denso para nadar en los ríos de aguas claras por la noche v cazar así los insectos. Aún así, miden sólo, entre la cabeza y el cuerpo, 95 mm, y sus crías pesan al nacer un gramo y. ya a la semana, adquieren los colores blanco y negro de la H n general, son los animales más pequeños los que viven con más prisa. Es típica de nuestros viñedos la musaraña etrusca, la musarañita, una especie que es casi el mamífero más pequeño del m u n d o ya que solamente un d i m i n u t o murciélago de Tailandia es de menores dimensiones. La musarañita pesa sólo dos gramos y mide cuatro centímetros entre la cabeza y el cuerpo, no es más grande que un cacahuete, pero su ritmo cardiaco es exagerado y oscila entre 900 y I4OO pulsaciones por minuto ya que son, las musarañas, micromamíteros insectívoros, seres pequeños y acelerados. Jacinto t n t u r a profesor de zoología de la Universidad de Barcelona, vive dedicado a su estudio y, sin embargo, no ha conseguido jamás ver una musaraña en libertad porque suelen salir de noche mientras se mueven, veloces, entre los matorrales: es más fácil encontrar al pie de im campanario una musaraña muerta de un susto de los que da el mundo, que viva, porque, además, viven muy poco: una vuelca del planeta alrededor del sol puede ser E madre, que hay prisa, que la tierra no se detiene, que una sola vuelta alrededor del sol será todo su mundo. ien lombrices por lo menos se habrá comido el topo que dejé huir del frasco durante el tiempo que yo he tardado en escribir esto. Procuro ser lenta. La prisa, hay que tener cuidado con ella: que da calambre, que es contagiosa, que llena las ciudades y que, al final, acorta el tiempo, y hace que tropecemos más de la cuenta por esa cuerda floja entre dos abismos que es la vida. Tal vez deberíamos de caminar más despacio aunque tengamos prisa; vísteme despacio que tengo prisa decía siempre Paz, mi abuela: porque es cuando se acerca lo lejano cuando tendemos a correr y a caer y a rodar, velozmente, por el abismo, empequeñeciéndonos como ratones, con la tierra del otro lado en las manos. í í C laVKI c e