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Las crías del m u r c i é l a g o de cueva se apiñan unas j u n t o a otras en un n ú m e r o que, en ocasiones, puede incluso superar a las diez m i l A pesar de q u e pudiera parecer, por estos datos, que son muy abundantes, sobre este quJróptero pesa una seria amenaza de extinción. La baja tasa de natalidad de estos m a m i f e r o s una cría al año) j u n t o c o n ia d e s t r u c c i ó n de su habitat, son dos de los factores responsables de esta precaria s i t u a c i ó n Todas las especies de murciélagos españoles son insectívoras. En la imagen, un murciélago o r e j u d o austríaco devora a una mariposa nocturna de la especie Arctia caja, t a m b i é n conocida c o m o gitana. Los murciélagos desempeñan un i m p o r t a n t e papel en la regulación de plagas t a n t o agrícolas c o m o forestales. los murciélagos ha sido su siisterru de orientación y de ecolocación. Sin vacilación vuela por las oscuras e intrincadas oquedades, y caza pequeños cínifes, mosquitos v polillas en la más tenebrosa y negra de las noches. Por su enorme interés conviene contar, aunque sea brevemente, la historia de ese descubrimiento. Comienza en 1793 Cuando el curioso Spallanzani, Abad de la Universidad de Padua, extirpa los ojos aun murciélago y, tras soltarlo de nuevo en una cámara de pruebas, observa que vuelan con la misma soltura y ligereza que antes y que cruza con precisión una barrera de hilos sin rozarlos ni una sola vez. Cazar por el oido El suizo Jurine repite los experimentos de Spallanzani. pero observa que al capar el meato auditivo, los murciélagos chocan una y otra vez. cayendo al suelo. A raíz de esto, Spallanzani, extirpa de nuevo los ojos a un grupo de murciélagos en la catedral de Pavía y los pone en libertad. Al ser recapturados pocos días después observó que contenían en sus estómagos la misma cantidad de insectos que aquellos a los que no se les privó de la vista. Estaba claro; los murciélagos se guiaban y cazaban por el sentido del oído, pero se desconocía el mecanismo de este fenómeno. Hacia 1900 Lorengin descubre el radar acústico y en 1920, Hartridge, basándose en ese descubrimiento, adelanta la hipótesis de que estos animales se conducen en el aire por ultrasonidos, emitidos y captados en pleno vuelo. Se conocía ya que el oído era el aparato receptor, pero ¿cuál seria c emisor? La respuesta llegó en seguida. Gríffin, en 1938, por captación con receptores especíales, descubre que los quirópteros pueden emitir sonidos ultrasónicos y, en 194I, junto con otros colaboradores, comprobó que al taparles la boca y la nariz los murciélagos no pueden guiar-