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S obre guscos hay m u c h o escríco, por ejemplo, su definición: placer o deleite que se experimenta con algún motivo, o se recibe de cualquier cosa. Así como el genio es don natural y obra de un instante, el gusto es producto del estudio y del tiempo, se asienta en el conocimiento de reglas y engendra bellezas convencionales. Los gustos han cambiado desde el advenimiento de la vanguardia artística en este siglo; antes para que una cosa fuera bella siguiendo las reglas del gusto debía ser elegante, acabada, trabajada, pero eso era la idea neoclásica de Winkelman. ahora seguimos la máxima de Francis Bacon, el precursor de la modernidad, según el cual no hay auténtica belleza sin rareza en sus proporciones, la cantidad. de rareza en las proporciones de una madona de Picasso marca la distancia entre los gustos neoclásicos y la época actual. malismo. y el todo vale porque yo me expreso y mi única regla es ser original a cualquier precio o ser coherente conmigo mismo, lo cual no se sabe lo que quiere decir, pues cada artista pretende ser distinto. Aunque parezca que hay mal gusto, en realidad lo que hay es gusto, su ausencia nos incapacita para decir que algo es de mal gusto y en ello reside el embrollo actual. del cual, por definición, es imposible salir. l gusto consiste en pesar las calidades v los defectos de una obra artística en las delicadas balanzas de la sensibilidad, pero para hablar de cualidades o defectos es imprescindible un canon estético, un conjunto de normas y prototipos con respecto a los cuales se juzga la obra. Esto es lo que rompió la modernidad: el canon estético. Desde que Marcel Duchamp colocó un urinario boca abajo, t o d o vale y cualquier cosa puede pasar como obra artística con sólo cumplir tres condiciones: que se exponga en ciertas galerías o museos, que los críticos digan que es arte y que alguien pague por ella. Ninguna de estas tres condiciones tiene nada que ver con el objeto en sí y poco que ver con la sensibilidad del supuesto artista, mucho con sus dotes de relación pública. E o característico de esta época no es que haya cambiado el gusto, es que no lo hay p o r q u e no se acepta regla alguna, y sin reglas no hay gusto posible. Los gustos cambiaron con el romanticismo, abandonándose los cánones clásicos- Policleto. las tres unidades- por un arte del sentimiento y la expresión, luego por la impresión y después por la abstracción, el infor- L BYM arr