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¿Quién teme al John Waters feroz (y pringoso) POR J A V I E R C O R T I J O Hace un par de años, mientras presentaba en el hotel Ritz de Madrid su penúltima película, Pecker John Waters atendía a la Prensa y a los fans cargados de fetiches para la ocasión (una cabecita de cerdo reducida a lo jíbaro, unas castañuelas embadurnadas en mucosa verde... con la displicencia y la majestuosidad de un emperador romano pasando revista a sus tropas. Sólo que él, en vez de comprobar si los escudos relucían y los laureles reverdecían, bromeaba acerca de la insuficiente roña en tas uñas de sus adiáteres o el bajo nivet de cerumen en sus pabellones auriculares, mientras se atusaba el bigotito con un pincel empapado en betún de Judea. Todo un personaje. Cabría fantasear sobre la materia con la que se teje la capa del emperador del mal gusto o si su traje es aún invisible para los que apostolan sin rubor que lo sucio y lo guarro es sinónimo de rebeldía contracultural, de Independencia a capa, intestino y espada o, simplemente, la sublimación de lo divino. Que por algo la musa de Waters se llamaba así. Divine. Mientras un joven a un empedrado de acné purulento pegado le pedía un autógrafo en la solapa de un gastado librito titulado Soy una cerda, ¿y qué? el de Baltimore contaba a la concurrencia que los tiempos han cambiado, que, en el fondo, Pink flamíngos se hizo por llevar la contraria y escandalizar a cuatro damas del Ejército de Salvación, y que ahora el mal gusto es una marca registrada que garantiza pingües beneficios en taquilla y, horror, pocos disgustos (porque el disgusto es el hermano gemelo del mal gusto, y si asoma por allí el primo regusto, mejor que mejor) Sin embargo, todo un caballero, se regocijó de que los Farrelly reivindiquen su deuda estética con él y que la escena del tupé seminal de Algo pasa con Mary salga hasta la ceremonia de los Osear en hora punta. En el fondo, John Waters, más que el rey del mal gusto, es el dandy de la costra, el domador de liendres, el señor de los condones usados (huy, perdón, qué fatal gusto el mío) Y, sobre todo, un tipo con un sentido del humor tal que le permite carcajearse (que quizá venga de carcamal) de todos los gustos: del bueno, del malo y ei regular. Por algo Woody Alien le dio un papelito en Acordes y desacuerdos y por algo su próxima película se llama Cecíl B. DeMented todo un retortijón en la cara del más megalomaníaco cineasta del buen gusto y oropel en proporciones industríales. No hay que engañarse: lo de Divine comiendo excrementos caninos al final de Plnlc flamíngos o el Odorama- complemento olfativo (imagínense de qué calibre) que se repartía con la entrada para seguir con fundamento el argumento de la película- de Polyester son puras travesuras infantiles comparadas con algunas direcciones casqueras de Internet que circulan impune, descarnada y trepanadoramente por esas redes. ¿Y qué decir del gore, el trash, Troma y otras ventosidades del montón? Pecata minuta. Claro que, visto así, ¿será mal gusto o sólo la edad entrar en una sala de cine y ver a Dennis Rodman como actor principal, a Chrístopher Lambert entrando y saliendo de fortalezas infernales como Pedro por su casa o a Tom Cruise pasando de las Fallas a los Sanfermines con sólo cambiar de acera? Moralejas: el mal gusto ya no es lo que era y uno no gana para disgustos. avN 46