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S obre gustos hay opiniones para codos los gustos. Como no hay un canon inamovible, los criterios varían según la época y la cultura, e incluso hay quien, rizando el rizo, otorga a los que pueden identificarse como iconos de la vulgaridad un valor cultural y con la etiqueta kitsch ennoblece especímenes como los enanitos de jardín o las muñecas flamencas de furiosa bata de cola. Pero ¿dónde esta la frontera entre el buen y el mal gusto? ¿Cómo establecer un ideal de belleza? Para un occidental de hoy, una mujer jirafa tailandesa, que sin duda es un prototipo de la belleza en aquella zona del mundo, o una china de diminutos pies garrapiñados son una especie de monstruos de deformidad. La Venus de Willendorf y, más cerca, las orondas damas de Rubens son, aquí y ahora, ejemplos de desmesura celulítica, y en el siglo XVII una estilizada modelo de nuestros días, por ejemplo Kate Moss, probablemente sería tildada de escuerzo escuchimizado I Regresemos a la cuestión. Martin Parr, respetado fotógrafo de la agencia Magnum cuyas instantáneas han sido expuestas en grandes museos, recorre el mundo con tenacidad de buscador de oro para congelar en el objetivo de su cámara imágenes que bien podrían poblar un catálogo univesal de la infam, ia estética en la sociedad occidental. Intento mostrar el m u n d o de hoy, un m u n d o moderno que se americaniza cada vez más y en el que reina el consumismo. Esto se puede considerar de mal gusto... ¡pero yo no puedo hacer nada! Lo cotidiano me fascina, lo fotografío tal y como es. Parto de la realidad, una playa, bañistas, comida, y lo interpreto subraya Martin Parr en el pliego de justificación de las restallantes imágenes que pueblan estas páginas B El filósofo y sociólogo Gilíes Lipovctsky, enfrascado desde hace tiempo en una reflexión sobre las transformaciones de las sociedades individualistas contemporáneas descritas por él en La era de! vacío y El imperio de lo efímero elogia el pretendido mal gusto como una forma de rebeldía. Hace unas semanas declaraba al respecto al semanario L! Express que desde hace unos cincuenta años estamos inmersos en una cultura hedonista e individualista. En las costumbres de antaño, la autonomía individual se contrarrestaba con rígidos códigos colectivos. Se compraban vestidos, se amueblaba una casa, se organizaba la vida prestando siempre atención a la norma. Ahora estas imposiciones han desaparecido. En la moda, la decoración, los deportes, la vida familiar o sexual, nos podemos permtir casi todo, aunque la mayoría no muestre una originalidad desenfrenada. Pero cada uno puede hacer lo que quiera sin sufrir por ello una fuerte reprobación colectiva. En general, tendemos a desvalorizar lo normal, sinónimo de borreguismo, de falta de personalidad. Y también vemos desarrollarse la idea de que el conformismo en lo que se refiere a preferencias, es de mal gusto p o r ser impersonal j carecer de alma. En nuestra cultura individualista, la personalidad, la dife- rencia, la desviación, es lo que se valora En opinión de Lipovetsky, estamos en una época en que las jerarquías estéticas y culturales se confunden, y en que los referentes del gusto se multiplican. Ya no se impone nada por consenso H Y ese mosaico abigarrado es, también, un laberinto de opiniones diversas. El cantante Julio Iglesias afirma: Todo lo que cuento me parece de buen gusto, lo contrario no tiene importancia. Creo que levantarse y acostarse temprano, disfrutar de la gente y de la gastronomía española, del agua de botijo, no dormir la siesta... Comer sin sal, pescar dos veces cada siete días y, si se puede, pecar siete veces a la semana... Algo más en serio, diré que con el paso del tiempo te vas haciendo menos tajante en las críticas hacia los demás, porque eres más sabio y sabes que tú puedes caer en los mismos excesos que criticas. Soy incapaz de hacer una crítica visceral por el hecho de que alguien lleve un bañador al más puro estilo años setenta, largo, corto o acampanado, de cosas tan banales como la estética de la gente en una playa. Disfruto observando la falta de complejos. Lo óptimo es que codos tuviéramos un don especial para estar estupendos en cualquier momento, que tuviéramos la capacidad para no pasarnos nunca. Creo que lo que es de mal gusto es ser intransigente, corremos el peligro de que en poco tiempo seamos nosotros el foco de la crítica. La gente natural es deliciosa B A la hora de las definiciones, el escritor Manuel de Lope opina que el mal gusto es la capacidad de herir la sensibilidad ajena, y esto vale tanto en el plano estético como en mal comportamiento. En mi opinión el mal gusto está igualmente repartido en la escala social, pero deja de ser mal gusto y se transforma en pésimo gusto cuanto mayor es el poder de los individuos. Un ejemplo: el cine de Pedro Almodóvar Y el modisto Antonio Miró, minimalista y escueto como un haikú, destaca que si no hay buen Creo que lo que es de mal gusto es ser intransigente, corremos el peligro de que en poco tiempo seamos nosotros el foco de la crítica. La gente natural es deliciosa (Julio Iglesias) BYN 41