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Encerrado entre las montañas de la sierra, el Palacio de La Granja y sus jardines fueron concebidos como una continuación de ese escenario natural, que cambia sus tonalidades conforme pasan las estaciones del año. He aquí una de las claves que lo han hecho famoso por su hermosura y que no admiten comparación con espacios de similares características, ni siquiera el de Versalles, con el que tantas veces ha sido equiparado. Al cabo, el interior palaciego es una prolongación del jardín y éste, a su vez, de los bosques que lo rodean. Cien especies botánicas distintas son las que hasta aquí se trajeron y las que, aún hoy, enriquecen la flora autóctona de la sierra segoviana. Las obras de reforma del conjunto han ido encaminadas a recuperar el aspecto original tanto del interior (frescos, muebles, suelos... como de los jardines del Palacio (fuentes, esculturas... En los trabajos, que no concluirán hasta el año 2001, se han invertido mil trescientos millones de pesetas, y han corrido a cargo del Patrimonio Nacional, para lo cual han contado con la ayuda de Unión Europea. Las puertas del nuevo Palacio de la Granja se abrieron al público el pasado 22 de Junio al igual que la exposición (EI Real Sitio de La Granja de San Ildefonso. Retrato y escena del Rey sear su ocio y disfrute por estas tierras, los Reyes terminaron por descubrir el emplazamiento de una granja propiedad de los monjes Jerónimos. Adquirieron la hnca y encargaron a Ardemans una reforma del conjunto, pero todos los planes se desbarataron con el fallecimiento de Luis I. La sencillez de las primeras intenciones- nada de ampulosas suntuosidades, un retiro al margen de toda presión terrenal- tuvieron que ajustarse a los hechos: Felipe V volvió a ceñirse la corona por mucho que le pesase. De nuevo en la brecha, en plena contienda cortesana y de gobierno, lo cual exige un Palacio a la altura de las circunstancias. A cal efecto, La Granja pasó por im- a N 34