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l Palacio de la Granja de San Ildefonso es el paraje recóndito en el que Felipe V buscó cura, al menos un poco de alivio, a ese mal de la melancolía que lo acosó y derribó una mil y veces durance buena parte de su vida. N i siquiera la sangre de un Rey con todas las de la ley, nieto del gran Luis XIY el heredero del Sol en la Tierra, estaba inmunizada contra tales padecimientos. Felipe V que fue el primer monarca de la dinastía de los Borbones en España, pasó buena parce de su existencia subido en una montaña rusa- ánimo arriba, ánimo abajo- siempre a punco de descarrilar. Este diagnóstico psicológico no persigue reconstruir el retrato de un desdichado enfermo del alma y de la mente, de un Felipe V pusilánime e inoperante; todo lo contrario, de hecho recibió el sobrenombre de El animoso por su activa presencia en la Guerra de Sucesión, cuya victoria lo reafirmó en el trono, sino saber qué razones le llevaron a él y a su mujer, la exquisita Isabel de Farnesio, a encargar la construcción del Palacio y el diseño de los jardines de la Granja: Al cabo, aquí se quiso retirar desde el preciso instante en que abdicó en favor de su hijo Luis I, en el año 1724. Pero las mieles de ese tan añorado descanso físico y espiritual las habría de saborear durante pocos meses porque su heredero murió repentinamente. Demasiado corto habría de parecer el paréntesis para alguien que ni ansió ni encontró gozo en las altas instancias del trono. De hospedarse en el cercano Palacio de Valsaín y pa- E ByN 33