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Juan Antonio Ruiz Espartaco Veintiún años como matador y de ellos ocho seguidos en el primer puesto del escalafón. Veinte cicatrices y un montón de recuerdos. Desde la sencillez, el torero hace balance T X O R O S A MARÍA ECHEVERRÍA ET I FOTOGRAFÍA A S I A MARTÍN momento muy alto a tarde parece adormecerse en sucesión de luces de oro, y en Majavieja, la finca de Espartaco, mugen los toros, sus toros, con el sol patinando a raudales sobre su piel de charol. El señor de los ruedos, el torero de toreros, contempla desde la terraza el horizonte en el que se pierde la vista, donde su ganadería se difumina igual que flores negras entre la hierba Nadie sabe lo que hay detrás de cada árbol, de cada pedazo de suelo. Me emociona tocar una encina, pisar la cierra, me emociona pensar que podré dejárselo a mis hijos. Nadie sabe lo que ha costado explica como hablando consigo mismo. L Han costado veinte largas cicatrices que le recorren la piel abriéndose paso ferozmente en la memoria del sufrimiento, han coscado veinriún años como matador y de ellos ocho seguidos permeneciendo como número uno en el escalafón, han costado muchas lágrimas y muchas noches de sol a sol en los hospitales con las sábanas transformándose en rojos capotes. Pero sobre codo han coscado auténticos deslum- bramientos de alegrías transformadas en una proyección de amor. Amor a su mujer. Patricia, una persona de una generosidad inagotable, amor a sus niñas y, sobre todo, amor a la vida, una existencia que ha rescatado a mulecazos al filo de la muerte. Y en esta hermosa finca color sangre de toro, en este hogar exquisitamente decorado y poblado de tardes de gloría, donde tienen cabida las muñecas y los trofeos taurinos, se puede contemplar a la entrada, sobre una mesa, la foto de un niño vestido de luces. Tiene once años y un traje de adulto alquilado para la ocasión. Una de las piernas del pantalón le cuelga más que la otra, la montera está forrada de papel de periódico y el capote parece el abrigo de su abuelo. Es un niño llamado Juan Antonio que contempla el mundo sin susto tras la intensidad azul de su mirada y que quiere ser torero. BYN ¿Cómo era aquella criatura con corazón de valiente que veía sombras de toros colgadas de los olivares? B N 2 S: