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ZUMO DE HOLLYWOOD Mueca y palabra lOmElgEMIi gK ilHl extremos cuyos mascarones podrían ser Jim Carrey y Bill Murray LiuiuimursLví JORCE PARRONDO ay en et cine dos tipos básicos de comicidad, la que está basada en ia exageración, el retorcimiento de la cara, el antiminimalismo gestual, o sea el humor de Robin Williams y Jim Carrey, y el de la sobriedad y economía de muecas, que es el humor de Charies Grodin o Bill Murray. Estos dos últimos están más cerca de la sensibilidad europea y hacen gracia diciendo cosas muy absurdas mientras ponen cara de estar atendiendo un funeral. Los dos primeros se caracterizan por un humor más infantil, de payaso de circo, son maestros del slapstick, de la caída aparatosa y el tortazo contra una puerta. Grodin y Murray prefieren contar un chiste sin levantar una ceja, como el catalán Eugenio, lo cual garantiza una comicidad doble, la de lo que se cuenta y la de contarlo con cara de no tener muchas ganas de contar nada. Williams y Carrey cuentan los chistes como un cómico andaluz y le echan a la cosa ese atrevimiento gestual que estimula sobre todo al público joven. Tal vez pueda decirse que los del primer grupo cultivan un humor infantil, en la línea de Jenry Lewis, mientras que los del segundo grupo están más cerca del público adulto. Puede que sea, en fin, la escuela de la palabra contra la de la mueca. Los niños se ríen más de las muecas y los adultos- los que de verdad han dejado de ser niños- se ríen más bien con los vericuetos del lenguaje. El humorista más genial y más adulto vendría a ser, en definitiva, un gran poeta capaz de retorcer las palabras hasta extraer de ellas todo su cómico jugo, que es lo que hizo Groucho Marx. Pero si los hermanos Marx conectan con hombres viejos y adolescentes, con señoras de la tercera edad y con las de la quinta de Mena Suvari, con la generación perdida, con la X y con la Y, es porque supieron incorporar al brillo de la palabra de Groucho el espectáculo gestual de Harpo. Y además estaba el imprescindible Chico, que era quien venía a poner el balance perfecto entre las dos grandes fuentes del humor cinematográfico, palabra y mueca. No hay nada más difícil que hacer humor en forma de novela y por eso quien tiene talento para la comedia prefiere escribir teatro, como los de la otra generación del 27, o guiones de cine, como Rafael Azcona. Al humorista escrito siempre le faltará un buen actor que ponga la mueca- o la antimuecacomo a Groucho le hacía falta Harpo y también Chico. Escribir una novela de humor es como querer tener un dormitorio sin una cama. Lo cual quiere decir que se corre el riesgo de levantarse con dolores serios en la espina dorsal. E incluso aunque uno duerma a gusto en el suelo lo más seguro es que amanezca solo, sin amada. O sin editor. En fin, viene todo esto al caso del estreno de Me, Myself and Irene la última comedia de los hermanos Farrelly Algo pasa con Mary aDos tontos muy tontos y de Jim Carrey. La película sirve para que Carrey vuelva a manipular su cuerpo y su cara y nos ofrezca lo más retorcido de su amplia galería de grotescos retorcimientos. Et humor de los Farrelly es un humor de taza de water, flujos corporales, onanismo, arcadas y escatología, que es lo que se lleva ahora en la comedia norteamericana. Dicen los especialistas que se trata de un humor soez o chabacano y de negativa influencia en Hollywood. También hay algún crítico que ha calificado este humor de los Farrelly de absurdo. Y absurdo es, sin duda, que se estrenen películas como Me, Myself and Irene y más absurdo aún que después de verla a alguien le entren ganas de volver a meterse en un cine, ni siquiera aunque sea para refrescarse con aire acondicionado en una tarde de altas temperaturas estivales. BVN 1 4