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CINE LAS MEJORES INTENCIONES asvaie que caer en gracia La caDacidad de la risa es una curiosa manifestación de lumanidad aue también ooseen las hienas v los delfines s. R O D R Í G U E Z M A R C H A N T E aer en gracia es importante, pero no tanto como ser gracioso, a pesar de que haya un refrán que abogue por lo contrario. Es importante, se entiende, si lo que se quiere es que se rían los demás. El privilegio de la risa lo tenemos muy poquitas especies animales: el ser humano, las hienas, los delfines y poco más; y uno tiene la sensación de que lo que hace reír a una hiena probablemente no tiene ninguna gracia para un delfín o una persona... pero, no deja de ser un misterio eso de la risa. A lo largo de una vida medianamente larga, cualquiera llega a conocer a un número importante de tipos que caen en gracia; pero, ¿a cuántos realmente graciosos? Personalmente, he tenido que soportar a varios que, sin tener ninguna, conseguían caer en gracia por el infalible sistema de reírselas a otros que tampoco andan sobrados. Dos casos que ilustran perfectamente lo de ser gracioso y caer en gracia son el de Groucho Marx y el de Jim Carrey. Jim Carrey, persona muy graciosa y cuyo príncipal objetivo es que los demás se rían de él, no acaba de caer bien; y en cambio, alguien tan serio y tan borde como Groucho Marx no ha podido evitar nunca el absurdo de caer en gracia. Probablemente Groucho Marx ha pretendido siempre, con esa palabrería y esos modales, arrancarle unas risas a las hienas, y, como queda dicho más arriba, es muy sospechoso que lo que es gracioso para las hienas lo sea también para las personas y delfines. Estrujemos un poco más la situación. Dice Groucho: El secreto para lograr el éxito está en la honestidad y el juego limpio... Si puedes disimular eso, lo has conseguidos... Evidentemente, sólo una hiena puede encontrar graciosa tal frase; entonces, ¿por qué usted también? Veamos éstas otras Agracias de Groucho: Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, que probablemente es más de lo que ella hizo nunca por sí misma Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros simples y casi vulgares contradicciones que sólo pueden hacer gracia a las hienas: Es, acaso, todo esto, dicho por un tipo con un puro apagado y un bigote falso, suficiente para que se dé el milagro de la risa en un noble ser humano o en un noble delfín. Probablemente no. La risa nunca debe venir provocada por una contradicción, porque la contradicción provoca perplejidad: los gatos siempre caen de pie y las tostadas siempre caen por el lado de la mermelada; ¿qué ocurriría si a un gato le atamos en la espalda una tostada con la parte superior bien untada de mermelada, y luego arrojamos al aire el conjunto? ¿cómo caería, por el lado de los pies del gato, o por el lado de la mermelada? En fin, caiga como caiga, ya tenemos al gato en el suelo y así descubrimos el motivo por el que se han inventado las camas de agua: porque ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche sin peligro de pisar al gato... o a la tostada. Pues, si ustedes aún no son del todo unas hienas, esto les debería haber hecho mucha gracia; y si esto les ha hecho mucha gracia, o bien les gusta tragarse una sardina entera cuando saltan con brío del agua de su piscina, o bien están a punto de meterse a ver la última de los hermanos Farrelly, que lleva el ingeniosísimo título de Yo, yo mismo e Irene