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ASESINA EN SERI ilagros de los psychokillers del cine a lo largo de la historia JAVIER COF kElL sesmos en s vuestros hijos, vuestros mandos, estamos en todas partes... Palabras con vocación de corte de digestión de Ted Bundy, asesino en serte que, gracias a la cantidad y a la calidad de su malicia, no tardó en servir de inspiración a Jonathan Demme para dibujar con tinta china el retrato del criminal más mítico de los últimos años: Hannibal Lecter. Mente enajenada- carniceríasilta eléctríca- pantalla de cine así se escribe y recorre la historia de uno de los géneros más socorridos del cine: el de la vida y milagros de los psychokillers. Nada nuevo, desde luego. í Aunque haya algún punto de inflexión reconocible Un héroe anda suelto de Pet Bogdanovich) los asesinos siempre han aducido razones para cometer sus crímenes en primerísimo plano. Razones misóginas (Chaplin en Monsieur Verdoux razones humanitarias (Pepe Isbert en El cochecito razones matriarcales (Perkins en Psicosis o razones desdobladas (todos los extraños casos de Jeckyll y Hyde) y si sus argumentos no convencían, ahí estaban sus métodos, con un abanico de lo más ponzoñoso: los caseros (el hacha de Nicholson en El resplandor los charcuteros (el gancho en Sé lo que hicisteis el último verano el cuchillo en Halloween) los eléctricos (la sierra mecánica de Caracuero en La matanza de Texas o la televisión encendida de Henry, retraro de un asesino o los castizos (la puntilla de Justino, un asesino de la tercera edad Y qué decir de las víctimas: niñas, adolescentes, ancianitas, prostitutas, presentadores de concursos... casi todo vale sí el filo reluce y rebana. Ya sólo queda poner cara de inocente (como Peter Lorre en M, el vampiro de Dusseldorf cara de poker (como Tony Curtís en El estranguiador de Boston o cara- sádico (como Kevin Spacey ¡ttSeven Si se viste uno de rmaní, como en American Psycho bueno, a nadie le amarga un dulce. El doctor jeckyll y míster Hyde y El sjfencio de los corderos Arroplero quien confesa ser el autor de ia muerte de 48 personas, aunque la Policía sólo pudo comprobar su participación en ocho de ellas, perpetradas desde 1964. Nacido el 25 de enero de 1943 en Sevilla, ex legionario y obrero de la construcción, fue detenido en El Puerto de Santa María (Cádiz) bajo la acusación de matar a su novia. Los agentes se quedaron estupefactos cuando este hombre, con absoluta sangre fría, les relató todos sus crímenes con un lujo de detalles que dejaban poco margen para la duda. Nunca fue Juzgado al ser considerado enajenado mental. Tenía una alteración genética, a la que se atribuyó su carácter violento. Sus últimos años de vida los pasó ingresado en el Psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet y murió el 2 de febrero de 1998 en el Hospital de Badalona, víctima de una afección pulmonar, en el más absoluto de los anonimatos. Sólo unos días antes se le había visto mendigar por las calles de Mataró. El ArropíeroM no era un asesino sofisticado, sino un demente. Se puede decir lo mismo de otro indigente, Francisco García Escai ro, el mendigo asesino de Madrid quien dio muerte a otros ocho sin techo Sufrió arresto en diciembre de 1993, afirmando entonces que una fuerza interior le empujaba a asesinar. Cuando fue capturado, confesó sus crímenes, que tuvieron su inicio en noviembre de 1987, después de haber conocido a una mujer, también indigente, a la que Invitó a comer para luego decapitarla y prenderle fuego en la furgoneta en la que escondió el cadáver. Golpes y puñaladas fueron los métodos empleados para eliminar a sus víctimas, a las que también sometía a prácticas de necrofilia. En el juicio que se siguió contra él, el ministerio fiscal pidió la absolución por enajenación mental y su Internamiento en un psiquiátrico. Hoy día permanece ingresado en el hospital para enfermos mentales de Fontcalent. La verde Cantabria, que con su exultante paisaje invita a la paz y el sosiego, fue el escenario de otra carrera criminal en el mismísimo Santander, la capital. Un joven albañif con extrañas aficiones como el coleccionismo de muñecas y la pasión por lo rojo, fue el asesino de más de una quincena de ancianas, a una de las cuáles dijo haber forzado. Extraño individuo, José Antonio Rodríguez Vega perpetró sus crímenes entre 1987 y 1988, siendo condenado por la AMdiencia Provincial de Santander a más de 432 años de prisión como autor de dieciséis muertes y nueve delitos de abusos deshonestos. Lograba acceder a sus víctimas captando sus simpatías y, tras agredirlas sexualmente, les tapaba la boca y la nariz con una mano para provocarles la muerte. Antes de abandonar la casa de las infortunadas, les robaba dinero y objetos que BXN 5 3