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sarrollo; es un monólogo interior al que asiste el lector. N o tiene lo que tiene que tener una película. BYN ¿Le gustó la adaptación de Menos que cero BEE Me gusta mucho más American Psycho Es mejor película que Menos que cero Es más fiel a las fuentes. Menos que cero estaba muy predeterminada por el medio cultural en el que se desarrolla el libro, y por tanto la película. Pero no se parecía en nada. N o había escenas del libro, no había diálogos de la novela. Todo el mundo en la película es moreno, pero todo el mundo en el libro es rubio. N o me hizo ninguna gracia Menos que cero no me gustó nada. En cambio American Psycho me gusta mucho más. Me da miedo reconocerlo, pero la película me gusta. Tampoco entiendo por qué me da miedo reconocerlo, pero es así. Lo triste del caso es que siempre se t o ma al autor de la novela por el autor de la película, y no es así. Cuando digo que me gusta la película me da miedo dar la sensación de que digo; ¡Qué bueno, tío, pero no tiene nada que ver conmigo! Me desagrada que se interprete así. Pero cienes que verla. BYN A usted que es rico, joven y famoso, ¿le invitan a fíestas como las que aparecen en Glamourama BEE Algunas veces me invitan a fiestas de ese estilo, pero quiero puntualizar algo. Hablar de un escritor famoso es un oxímoron, por lo menos en Estados Unidos. Si te comparas con un atleta, un deportista, una estrella del cine o del rock, la fama de un escritor es muy pequeña, así que no me puedo sentir famoso. Teniendo en cuenta que soy norteamericano, tampoco estoy tan sobrado de dinero. Tengo lo suficiente para dedicarme a escribir, y debo reunirme de vez en cuando con mi asesor fiscal para que me indique: Bueno, ésta es la pasca que tienes. Tal vez pase mucho tiempo hasta que vuelvas a ganar dinero, y con esto has de vivir tres o cuatro años, así que más vale que ahorres algo Y para ser norteamericano, resulta que tampoco soy joven. En Estados Unidos, cuando tienes treinta y seis años ya eres viejo. BYN Pero acude a esas fiestas? BEE Depende. Si se trata de un pase privado o um prcmiere de una película que me interesa, entonces sí suelo ir. Si es una presentación del libro de un autor que conozco, o que no conozco pero me apetece saludar, voy también. Peto hace muchos muchos años que no voy a la inauguración de una discoteca, la apertura de un club Henry Oesire Landrú fue guillotinado bajo la acusación de seducir y asesinar a trescientas mujeres Los rostros del terror RICARDO DOMÍNGUEZ Y PABLO MUÑOZ Son individuos de mente retorcida, personajes sin escrúpulos en cuyo diccionario no entran las palabras perdón, piedad o remordimiento. Y son precisamente esas características de falta de humanidad, de crueldad, de regodeo ante la sangre, lo que hace que levanten enorme interés, tanto entre los estudiosos, como entre los profanos, quienes seguirán, unos y otros, sus andanzas con indisimutada pasión, salpicada, cómo no, de una gran dosis de morbo. Son éstos los asesinos en serie, fuente de inspiración de libros y filmes. Y, también, de sesudos científicos que han vertido ríos de tinta en busca, la mayoría de las veces, de respuestas a los espantosos actos que cometieron. Un buen número traspasó la barrera de la fama y sus criminales acciones sirvieron de inspiración a más de un guionista, convertido en moderno juglar pues, sin duda alguna, sus inquietantes andanzas fueron dignas de cantarse en actuales coplillas Por ello, parece muy difícil que, hoy, pueda encontrarse a alguien que no haya oído hablar del legendario Jack el Dastrlpador, apodo que todavía no ha encontrado nombre y apellidos, pero que sin duda los tuvo, aunque nj siquiera la moderna Ciencia ha podido desvelarlos. Desgraciadamente esos personajes encontraron con el tiempo a sus homónimos, pues también fueron imitados por otras mentes criminales. Y si las andanzas decimonónicas de Jack en los bajos fondos londinenses, donde proliferaban las prostitutas, inmigrantes, judíos pobres y pilluelos, fueron ampliamente difundidas por los periódicos locales, no lo fueron menos las que cometiera en los años 70 el también tristemente célebre Eetranpifador de Yorkshire. El primero actuó entre el tórrido verano de 1888 y el húmedo otoño del mismo año. Fueron, en total, cinco las prostitutas que acabaron literalmente diseccionadas por las hábiles manos de su asesino, quien manejaba el bisturí con la precisión de un buen cirujano, hasta el punto de haberse dicho que pudo tratarse del médico de la Reina, sir William Gull o, entre otras teorías, que fue un enfermo de sífilis con ansias de venganza. Ni entonces ni ahora nada ha podido probarse. BMM 4 8