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iVGAR DE LA VIDA L o s GENES DEL ALMA Por Mónica Femández- Xceytuno l sentido práctico de las cosas se parece a esos alfileres que pinchan los globos de una fiesta de cumpleaños, o a ese golpe de aire que lleva a una pompa de jabón a estrellarse contra una toalla. El sentido práctico de las cosas nos roba el revés de la vida. Acabamos de descubrir un nuevo universo, im nuevo continente, una nueva tierra: nuestros genes, y, sin embargo, todo se ha enfocado desde el punto de vista práctico de vivir más años, de llegar a ser inmortales, ¿quién lo quiere? de prevenir y curar enfermedades, ojala sea así, del oro de patentar los genes, de los intereses de las empresas de seguros... y todo ello nos tiene desinflados, ciegos, ante esta selva virgen en la que amanece llena de pájaros de colores y de aguas verdosas, de lianas, de bromelias floreciendo. En vez de asistir temblando al gran acontecimiento que supone estar a punto de tocar lo que somos, hemos aplicado otra vez lo que será rentable para los laboratorios, mientras vuela el revés del genoma, el puro saber, que es donde la Ciencia se parece más al Arte. E de hace varias semanas: que estamos en el fin del principio. Es decir: que la travesía ha terminado, que hemos llegado, que ya tenemos la base de datos, como el que ha terminado la documentación de un libro o de una tesis y ahora sólo, ¿sólo? nos queda escribirlo, sacar conclusiones. Y aquí empieza la fiesta. a 1993, Y: enBilbao CraigloVenter, sugirió en que primero que habría que hacer nada más terminar el genoma humano, sería hacer el genoma del chimpancé, nuestro primo hermano, ya que nuestros genes son iguales a los del chimpancé en un 95 po ciento. Es decir: en ese 5 por ciento de genes en los que no nos parecemos en nada al chimpancé, ni a los demás seres vivos, es donde reside, al margen del ambiente, nuestra condición humana. Pero aquí no termina la cosa. Desarrollando proyectos genomas de todos los seres vivos que pueblan hoy la tierra, podremos construir por fin un árbol evolutivo indiscutible, y yo tal vez sabré por qué tengo la impresión de que arrastro en mí algo de los castaños que me dan sombra, de los mirlos que me sobrevuelan, del olor a tierra mojada. Con el conocimiento, con el puro saber, podremos entrar en el túnel del tiempo hacia atrás, y más atrás, y más atrás, hasta donde sea posible, aunque todo esto, tan apasionante, carezca de aplicación práctica. or qué hemos inundado la ciencia con ¿P ¿cómo hemostanto pragmatismo? dejado que sólo el interés guíe nuestros pasos, como ese escritor que escribe de encargo, como un poeta a sueldo, como un pintor de retratos? A veces me muero de pena cuando hablo con expertos que hasta para poder seguir con sus estudios sobre esos animales que casi nadie quiere, como las babosas, tienen que encontrarle antes alguna aplicación en oftalmología o en lo que sea. alguna aplicación práctica que justifique la inversión para sus investigaciones. Hay que abrir todos los caminos, aunque no lleven a ninguna parte, como el tratar de buscar, entre el chimpancé y el hombre, los genes del alma. Jamás los hallaremos. Están hundidos en el fondo de los ojos, o en esa esperanza de encontrarnos algún día en ese lugar donde las pompas de jabón no estallan. I on la misma cara de lasombro de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el andarín, explorando, caminando por la selva y descubriendo saltos de agua, cataratas inimaginables para el hombre, tendríamos que estar asistiendo a la culminación de la secuenciación de nuestros genes. Hace unos días pude conversar con el profesor Juan Ramón Lacadena y me decía lo que lleva repitiendo desBunGoyiEsiofle r