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R ELATO I A VERDADERA HISIORIA DEL CUERVO DE N o É Por avier Torneo Ihístradones: Tino Qatagán Un parlanchín pájaro negro se refugia en una casa durante una tormenta, lo que le da ocasión de explicar por qué su bíblico antepasado no volvió al Arca tras el Diluvio A quella tarde estaba sentado junto a la ventana, viendo llover a través de los cristales y haciéndome las mismas preguntas de siempre, para las que nunca encuentro respuestas válidas. Llevaba diluviando durante toda la mañana, pero continuaban llegando muchas nubes negras desde el norte y todo hacía suponer que continuaría haciéndolo durante el resto del día. ¿Por qué llueve siempre de arriba hacia abajo? -volví pues a preguntarme, con la frente apoyada en los cristales de la ventana- ¿Por qué no lo hace al revés? ¿Llueve de este modo para que nos mojemos precisamente nosotros. los que estamos abajo, y no los que tienen la suerte de estar arriba? ¿Llueve de arriba hacia abajo, y no de abajo hacia arriba, para que la gente no tenga que sostener los paraguas al revés? Mientras estaba cavilando sobre todo eso y otras preguntas parecidas, un enorme cuervo se posó en el alféizar de la ventana y golpeó los cristales con el pico. Hubiera podido dejarle en la intemperie- no siento mucha simpatía por esos fúnebres animales- pero le vi tan fastidiado que le dejé entrar y le puse incluso un poco de trigo en un plato, para que picase unos cuantos granos y recuperase las fuerzas perdidas. -De todas formas- le dije, para que no se hiciese demasiadas ilusiones- no pienses que puedo olvidar tu mala fama. Eres un pájaro maldito. El cuervo me miró tristemente a los ojos y contestó que no le conocía lo suficiente para tenerle en tal mal concepto. -Conozco más cosas de tu familia de las que tú te imaginas- repliqué- Sois aves de mal agüero y se os asocia con el invierno y con la noche. En algunos países se os relaciona también con la fuerza enloquecida de la tempestad y los hindúes, que saben mucho de las cosas del espíritu, aseglaran que sois la sombra olvidada de un hombre muerto. Vuestros huesos pulverizados sirven para ennegrecer el cabello de los canosos y durante el verano os atormenta la sed y por eso graznáis tanto. Todo eso son fábulas que los hombres inventaron hace muchos años- observó el pájaro, extendiendo las alas y sacudiéndose el agua de las plimias. -Os alimentáis de animales muertos y vuestros graznidos, cuando se escuchan al caer la tarde, anuncian la proximidad de una tormenta. Hubo un tiempo en que vuestras plumas fueron blancas, pero Apolo os condenó a ser negros por chafarderos. ¿Todavía piensas que conozco pocas cosas de tu pueblo? cuervo voló a y desde en silencio, como tiempo a E lquedó mirando lo alto del armaiúodándomeallí se me que le dijese más cosas. Me hizo pensar entonces en otro cuervo famoso, inmortalizado en un poema. -Además- continué diciéndole- los cuervos conocéis muy bien la diferencia que existe entre un país próspero y un país árido, y en estos últimos voláis siempre en parejas, y no en bandadas. Eso es lo que nos cuenta nada menos que Aristóteles. -Incluso los sabios se equivocan en más de una ocasión- suspiró el cuervo, desde lo alto del armario- aunque se llamen Aristóteles. -De acuerdo, hay ocasiones en las que incluso los sabios se equivocan, pero ¿qué me cuentas de la mala pasada que un antepasado tuyo le jugó a Noé. cuando lo del Diluvio Universal? ¿No es cierto que aquel pillastre no regresó nunca más al Arca de Noé, que simboliza, como todo el mundo sabe, la nave de la esperanza en una nueva vida y la regeneración de la especie? ¿No se considera desde entonces a todos los cuervos símbolos vivientes de la ingratitud? ¡Alto ahí! -graznó el cuervo- Creo que ya es hora de que los hombres conozcan la verdad. Lo de nuestra pretendida ingratitud es completamente injusto. Y, sin más, empezó a contarme la historia de Noé y del Diluvio Universal, que yo habla escuchado muchas veces de labios de mi difunta abuela. Me habló de maldad del género humano y de la decisión de Nuestro Señor de enviar a la superficie de la Tierra un diluvio que lo anegase todo y que acabase con todos los hombres, a excepción de Noé y su familia, que fueron hallados justos. -Dios- prosiguió el cuervo- ordenó a Noé que construyese un arca de maderas labradas y que la embetunase por dentro y por fuera, para impedir que entrase el agua por las junturas y para preservarla al mismo tiempo de la corrupción. BLIIGD r lEGll 61