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DIARIO RURAL. Lo ritía en el ¡jpniano inirisrune nnuipiiin. sin tit sohrt f. ihi Lm mujeres dfsfiiijjfíian en las to iaí ruralea un imporiuniepapel en el desabollo coridiano. La labores agiwioA. el cuidado de la casa y de s hijos tulipán toda ¡o jomada talina. Habitan el bosque tropical desde monos, como el maquisapa y el coto; felinos, como el tigrillo y el jaguar; roedores, como el ronsoco, el más grande del mundo: reptiles, como el caimán negro y la anaconda; peces, como el paiche y el zúngaro; hasta aves, como la imponente águila arpia, el minúsculo colibrí: sin olvidar los infinitos tipos de insectos. Sin duda, la selva es un paraíso natural que no se puede dejar de admirar. LAMAS. ¿SUEÑO O REALIDAD? En la selva hay poblados como Lamas, lugar fascinante, con tres barrios claramente diferenciados, pero no porque existan problemas entre ellos, sino por sus diversas creencias y costumbres. En el primer nivel, situado en la cumbre de la loma, existe un mirador de la ciudad con escasas viviendas, y en el tercero, ocupado por pobladores de origen criollo, hay numerosas tiendas de artesanía de lo más sorprendente. En medio de ambos niveles, se encuentra el barrio de Huayku. habitado por nativos, donde se mantienen ancestrales costumbres. Por ejemplo, es sorprendente la manera de declararse entre ellos su amor: el enamorado, portando la piel de algún animal salvaje en su espalda para demostrar su maestría en la caza, baila en el centro de un círciüo de mujeres del lugar y mi- ra a la que quiere que sea su esposa, ataviada con ropas muy llamativas. Del cabello de la mujer cuelgan lazos de diferentes colores, con un significado distinto, y que tiene que ir depositando en el suelo. Si al final, la enamorada deja en su pelo la cinta de color rojo, todo es fiesta en el poblado: ella está dispuesta a casarse con él. Ésta es sólo una muestra de las costumbres que allí permanecen. Por otra parte, los lámenos viven con el temor de que los malos espíritus invadan sus vidas. Por ello, habitan casas sin ventanas para impedir la entrada del mal: las viviendas tampoco tienen muebles; una manta les es suficiente para dormir, y. antes de acostarse, el cuerpo de los niños es rociado con matarratas, con el fin de evitar las mordeduras de los roedores. Sus habitantes se dedican principalmente a la caza y al cultivo en sus chacras (huertos) para sobrevivir, y cualquier cosa que tengan la comparten con el turista. El ambiente es muy hospitalario y todas las puertas están abiertas al visitante. Después de recorrer Lamas, uno pide que le pellizquen; no sabe muy bien si lo que allí ha visto y vivido ha sido real o un sueño del que no quiere despertar El Perú profundo mantiene los legados de un tesoro grandioso, crisol de culturas que permanecen vivas en este país de la eterna leyenda. I BLUCOTIIÍGRQ 59