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me apartaría de su camino sin que se dieran cuenta de que es por ellos: hay que cruzar automáticamente de una manera determinada. Uno puede hacerlo en cierto momento, de cierta manera, y funciona. Pero si es demasiado tarde, van a por ti. Eso me ha ocurrido y le ha ocurrió a varios amigos míos. Woody Alien ¿Qué piensa del Nueva York que refleja Woody AUen? -Me encantan sus películas y creo que Al límite es mi particular homenaje a Manhattan Woody AUen no se cansa de decir: Me encanta la ciudad. ¡Me encanta! A mi también me encanta, es una ciudad fantástica. Y aunque esté colgado de una maldita cornisa con im clavo atravesado y vaya a caerme de una altura de veinte pisos, me sigue encantando Nueva York, ¡qué ciudad tan fantástica! (Risas) El ñnal de Manhattan cuando ella le mira y dice: A veces, hay que tener fe en la gente y enfoca a su cara y después la ciudad, y entra la música, Gershwin, es uno de los mejores momentos de la historia del cine. Al limite me ha dejado una sensación muy intensa. ¿Qué pretendía que sintiera el público? -No sé. Simplemente, quería sacar todas estas cosas a relucir. Doy vueltas al asimto y me doy cuenta que de lo que hablo es del maldito problema de preocuparse y de no preocuparse, de la culpa de no preocuparse y de la culpa de preocuparse y no hacer nada al respecto. Eso es todo. Hay una frase, al final de la película, en la que la chica del protagonista le dice: Nadie te pidió que sufrieras, fue idea tuya Ésa es la idea. -Hablaba del choque de culturas en Nueva York. ¿Será ése uno de los temas de su próxima película? -Sí, claro. En ella reflejaré cómo los irlandeses llegaron aquí e introdujeron el catolicismo. Entre 1830 y la década de 1870, ya habia grupos protestantes; entonces llegaron los inmigrantes irlandeses, muchos de ellos sin educación. Después, en la década de 1890. los sicilianos y los napolitanos desembarcaron en Manhattan. Pero llegó un momento en que el nativo americano y el anglosajón dijeron: Ya tenemos bastante gente en Estados Unidos Y, ¿qué ocurrió con los católicos irlandeses que llegaban? En primer lugar, carecían de formación, así que, a la hora de votar, ¿a quién iban a escuchar? Escuchaban al arzobispo que les decía a quién votar. Y. ¿quién le dice a él a quién votar? Pues el Papa. Por lo tanto, en Estados Unidos se produjo el choque de un poder total y completamente extranjero a través de la religión. Hasta cierto punto, hubo algunas personas enviadas por el Vaticano para predicar por las esquinas e incitaron a montones de disturbios. El arzobispo les advirtió: No lo hagáis, no lo destruyáis. No os acerquéis a la vieja catedral de San Patricio. Si atacáis esa iglesia, todas las iglesias protestantes entrarán en conflicto Y, por supuesto, el conflicto protestante y católico estalló. Pero los anglosajones fueron los primeros que pusieron fin a esto. Los irlandeses al fmal encontraron su lugar y más tarde, los italianos. En eso se basará la película, en que, como siempre, el Gobierno se aprovechaba de todo. I (AI l i m i t e uCasino El bueno de Marty Por jaiier Cortijo Si el cine americano de la segunda mitad del siglo XX tuviera su propio grupo piramidal, la esfinge algo anfibia y cejijunta de Martin Scorsese (Marty para los amigos; Iza para los muy amigos) ocuparía un lugar central junto a la de sus colegas de promoción Spielberg, Coppola y Lucas. Sin embargo, este neoyorquino de Queens prefiere rodar a ras de asfalto, sin necesidad de montar la playa de Normandía o surcar con un travelling la galaxia sideral. Por algo le llaman, quizá pelín exageradamente, el Goya de la calle 10 -no en vano, encontramos a uno de sus caprichos en su tercer corto, The big shave (1967) donde un hombre se afeitaba a conciencia e impasiblemente hasta que la sangra manaba a chorros, en lo que algunos consideraron lacerante metáfora de la Guerra del Vietnam- Sea como fuere, está claro que Scorsese marca a conciencias sus reses, casi tanto como la retina del espectador. Quien no haya ensayado ante un espejo el monólogo de Robert De Niro en Taxi driver ¿Estás hablando conmigo? que tire la primera piedra. Y quien no se haya sentido alguna vez (sábado a la noche, sobre todo) como el desbordado Paul Hackett en ¡Jo, qué noche! bueno, él se to pierde. Sin embargo, a este cuasicincuentón cinefilo militante, que estuvo a punto de ordenarse sacerdote (lo del celibato no le convencía demasiado) amigo íntimo de Armani y que ha sido padre por primera vez hace apenas cuatro meses, no le tiembla el pulso cuando se trata de acometer empresas ambiciosas: hacer un remakeóe El cabo del terror y una secuela de El buscavidas rodar un videoclip con Michael Jackson Bad buscarle los contraplanos a Jesucristo o al Dalai Lama, agitar la cámara a ritmo de rock The last waitz o de jazz New York, New York pintar la pantalla de violento blanco y negro Toro salvaje o de brochazos multicolores Apuntes del natural Eso sin contar la marca de la casa: los latigazos de mafia italoamericana, fanfarrona y traumatizada aunque siempre con la pizza de la mamma para levantar el ánimo (que se lo digan a propia madre, Catherine, entrañable presencia en muchas de sus películas) En fin, que el gran Marty nunca podría decir lo que Ray Liotta sentenciaba en Uno de los nuestros Soy un don nadie y tengo que vivir el resto de mis días como un gtlipollas Suerte que tienen algunos. BUNCO Y NEERl U