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íUGAH DE LA VIDA LEJANÍA NACARADA Por Mónica Fertiández- Aceytwio ubo una familia que. generación tras generación, fue haciendo botones y cubiertos con una almeja gigante de río cuyo nácar era blanco y liso como la porcelana. Vivian en un pequeño pueblo de Zaragoza, en Sástago, y pagaban a los pescadores para que bucearan en el Ebro. contra la corriente, a veces dos y tres metros bajo el agua; y así, removían los pescadores los fondos de arena y de grava donde se anclaban con su pie las náyades que tenían el tamaño de una mano y la vejez de un árbol. Vivían estas almejas de río todas juntas como gaviotas en su colonia y por fuera eran muy oscuras, casi negras, como una hembra de mirlo. Se movían poco. A veces se dejaban llevar por la corriente y aparecían varadas en alguna playa de agua dulce, pero casi siempre estaban enterradas en las pozas, y sólo el sifón, como un periscopio, notaba el sabor y el paso del río. Y el de los años. Como si del tronco de un árbol se tratara, en la concha iban quedando unas lineas de crecimiento parecidas a las curvas que dejan las olas en las playas marinas, y se contaban, en una sola almeja de río. hasta setenta años de vida. que en el Miño Dicen moluscos ríoaños, y hay de agua dulce que viven cien que hay en los ríos moluscos que pueden hacer, de una partícula extraña, una perla; y así, cualquier piedrecita perdida, queda con el tiempo recubierta por capas de proteínas y de carbonato calcico, hasta que se convierte el inconveniente en algo imperfecto y fascinante como esas obras de BLANDO Y NEGRO 6 fi H arte que salen, no de la técnica, ni siquiera de la profesión o de una carrera premeditada, sino de un mal recuerdo, de una voz, de una frase, que ha terminado por envolverse con la lejanía nacarada. Viendo que la materia prima se hacía escasa, la familia de Sástago dejó de contratar pescadores según iba necesitando más nácar, y realizaron una recolección masiva: se llenaron de golpe las manos, y conservaron en arena húmeda de río y en tinajas las conchas, acaparando asi la vida, que es lo que se suele hacer cuando se nota que la vida se acaba. esulta muy curiosa esa sensación que nos transmiten los animales que viven muchos años: de fuerza, de victoria contra el paso del tiempo: y, sin embargo, suelen ser los animales muy longevos los más vulnerables por lo complejo de su reproducción y por su es- casa capacidad de improvisación como especie ante las adversidades. En el caso de esta almeja de río, parece que su ciclo reproductor guarda relación con imo de esos peces que migran a mai es lejanos, ¿tal vez la anguila? y tal dependencia, tanta especialización, estrecha sus posibilidades aunque viva en el mimdo cien años. Por eso son falsas las victorias contra el tiempo, porque vivir mucho, no es garantía de nada. l se Ejóúltimo taller en el quetrastrabael nácar en Sástago fue el de Dionisio Liso Enfedaque, jubilarse en 1977. Con el taller, se cerraron también los siglos: cuatrocientos años de un oficio que ha desaparecido hoy como profesión artesanal legalizada. De las almejas de río- Margaritifera auricularia- no sabremos cuantas quedan en el Ebro hasta que se complete el trabajo que lleva cabo, entre otros, Alvarez Halcón, de la Sociedad Española de Malacología, cuyo presidente, el señor Rolan, es de esas personas valiosísimas que consiguen que un profano se apasione con la ciencia de los moluscos. Tal vez los Liso, esa familia que hacía botones y cubiertos nacarados, no cambiaron tanto la vida de las almejas de río, sino que fue el río el que cambió la vida de los Liso, y los hombres los que cambiai on el agua y la vida del río. Y tal vez las náyades vuelvan a poblar los fondos y a filtrar un agua que. Dios lo quiera, volverá a bajar limpia; pero esos cuchilleros que ya no existen son la perla imperfecta y fascinante que de verdad hemos perdido. í R