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Yo entré entonces en el bar e intenté llevármelo a un lugar más tranquilo, interrumpir un momento su euforia porque necesitaba contarle lo que rae había pasado y preguntarle acerca de su promesa, venía sobrecogido, espantado, con la historia de Morales, la verdad es que me lo había advertido el viejo y yo no quise hacerle caso, me lo había dicho antes con un pavor y un desvalimiento que no comprendí y me limité, en cambio, a sonreír y a pensar que estaba pagando el precio de irme a tocar a Socuéliamos con una pandilla de ancianos. Eso fue lo que intenté decirle, pero el Tigre me pasó el brazo por el hombro, como hacía con Inés, y acercó mucho su cara a la mía, sentía el calor de su cuerpo y el olor reciente de la colonia, y me contestó con su acento melodioso, en voz muy baja, sin perder la sonrisa, luego me cuentas, hermano, luego me cuentas, e Inés llevaba una falda corta que le sentaba bien y se había sentado en una mesa con las piernas cruzadas y me miraba entre irónica y sorprendida por mi interrupción, como si quisiera utilizar conmigo, deliberadamente, una mezcla de complicidad y reproche. tuve que pensármelo Por esodigo. Cómo eracómoelletodo yo solo, lo deyMorales, que viejo asqueroso lo había sabido desde antes y ocurría siempre cómo hasta entonces se había callado. Ahora que lo has visto sé que puedo confiar en ti y me siento más tranquilo, me confesó mientras se metía conmigo en la cama, procm aré que en el futuro nos toque siempre de compañeros, si no te importa, claro. Y ¿oírlo a raí me entró la desazón, un malestar como de náuseas que no me abandonaba y que yo intenté conjurar durante horas con fantasías sobre mi porvenir, pero que no se me quitó hasta ya por la mañana, cuando Morales se levantó al fin y se dirigió en silencio al cuarto de baño que estaba en el pasillo, sin abrir la boca ni siquiera una vez, como si fuéramos vm viejo matrimonio que casi no se habla. La tarde anterior, sin embargo, sí que había soltado. Me lo había contado todo poco antes de nuestra actuación en el cine Principal, dado que confiaba en mí porque creía en la juventud y dado que nos habían puesto en habitaciones contiguas. Las cucarachas. Agustín, las cucarachas, me había dicho, y en ese momento le había cambiado la voz y se le había quedado la mirada como vacía y había hablado, a partir de entonces, ya sin parar. Yo voy a un sitio, empezó diciendo con lentitud, como estremecido por algo, yo voy a un sitio y, al principio, todo está normal, toco mi parte, sale bien, no sale un carajo, eso depende de las veces, ya sabes, pero bueno, el caso es que yo toco y me vuelvo al hotel y de verdad que lo reviso todo, corro los muebles de lugar, vuelvo a hacer la cama, tapo todos los desagües si tiene baño, pero no suele tener baño, el lavabo, entonces y, desde luego, nunca encuentro nada, por lo que voy y me acuesto y me duermo. Y luego siempre, en algún momento de la noche, en cualquier hotel, pensión, albergue o lo que te quieras imaginar, en invierno, verano o primavera, en la estación que sea. en algún momento, te decía, oigo siempre un ruido, no es que sea un ruido fuerte que me despierte, no. sino otra cosa, me despierto por otra cosa, esto es sólo un crepitar, algo así como un ruido de hojarasca que empieza a invadirlo todo y a cobrar presencia en la oscuridad, y entonces, como yo ya sé lo que es, me tapo con la sábana, me tapo con la almohada, me tapo con desesperación, con lo que encuenti e, hasta que ya no lo aguanto más y, aunque estoy aterrorizado, no tengo más remedio que encender la luz y entonces ahí las veo. Las cucarachas, Agustín, han llegado las cucarachas... la del atención no se A quella noche, detanto concierto, elmitrabajo del direccentró, como costumbre, en tor, Sandor Moise, que había oído hablar de él, sino que estuve pendiente de Matías desde el momento mismo en que me senté en la butaca. Me preocupaba todo lo que había oído en el bar y me preocupaba no haber podido hablar con el Tigre, y por eso. entre una cosa y otra, empezó a embargarme una inquietud indefinible, difusa, una inquietud que se sumaba a la angustia de la noche anterior y que no supe decidir si era sólo mía o la compartirían acaso los músicos de la orquesta. Matías se había calmado, efecto milagroso del cognac, poco antes de subir al escenario, y había entrado en un estado de relajación del que no se sabía muy bien qué podía esperarse. Sandor Moise hacía una versión extremada de la Quinta sinfonía, llevaba l i m o T NEGÜO 60