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aluartes, escaraguaitas, atauriques y algarradas, almenajes o alafias, caminos de ronda y alcazabas, bombardas, matacanes o lo que es lo mismo, ladroneras, hornabeques. fosos y troneras... Elementos de una fortificación, maquinarias de ingeniería bélica y paisaje de otros tiempos que aguardan la mirada del siglo XXI en lo alto de un escarpado o en medio de la planicie. Los castillos de España, dicen, no tienen fantasma, pero hay quien los habita y quien hace que otros los vivan aun desde la distancia. Es el caso del historiador del arte Luis Monreal Tejada y del fotógrafo Domi Mora. El uno con la palabra y el otro con la mirada, han elaborado un volumen que más que libro es túnel del tiempo. Castillos medievales de España publicado por la editorial Lunwerg, transporta al lector a esa segunda Edad de Piedra que guarda secretos más que los desvela. Tú eres mi torre, mi almena, mi refugio, mi fortaleza, mi baluarte en las noches de tormenta Unos versos como estos, anónimos y de quién sabe qué siglo, sólo se comprenden a oídos de quien ha encontrado cobijo entre los sillares de edgún castillo. Que se lo digan a Luis Monreal, que los conoce y los estudia desde hace más de cincuenta años. O a Domi Mora, que en siete semanas recorrió 13.000 kilómetros por España, desde Sotomayor, en la provincia de Pontevedra, hasta PerataUada, en Girona; y desde Mendoza, en tierras de Álava, hasta Málaga. Un periplo a lo largo y ancho de la geografía para reencontrarse con antiguas mansiones de reyes, palacios de nobles, conventos de monjes al tiempo que caballeros, escenarios de vida cortesana, terrenos de juego y guerra. B Una muestra La selección resultó difícil, casi dolorosa, porque llega a parecer injusto que después de haber resistido el pa- S del tiempo, no quepan en un volumen todos los que O han sido. A pesar de eso, treinta castillos componen una pequeña gran muestra, una torre del homenaje desde la que se divisa todo tipo de enclaves: Me pareció que debíamos incluir muestras de los diversos castillos que hay en España explica. De ahí que el lector encuentre ima construcción típica del siglo XI, Mur (Lérida) entendida sólo como torre rodeada de muralla, al lado de manifestaciones más exuberantes como la Alhambra de Granada, ejemplo del legado nazarí, un Alcázar de SeviUa que pone al descubierto el tesoro de los almohades, o la Aljaferia de Zaragoza, de la época de los Reinos de Taifas. No podían faltar castillos señoriales, de habitación, como el de Cardona, o castillos regios como el de Olite, en el que habitaron los Reyes de Navarra Carlos II el Malo y Carlos III el Noble, de estilo afrancesado debido a la dinastía de los Evreux que gobernó aquella tierra al casarse Felipe de Evreux con Juana 11, la heredera. Y, por último, castillos como modelo primitivo de alcazaba (un recinto amurallado árabe de considerable extensión, con el muro flanqueado por torres iguales de trecho en trecho) que será el caso de Baños de la Encina, en Jaén. Domi Mora se agazapa en una de las escaleras del castillo de Peñíscola. Espera el momento oportuno, la inclinación del sol, la luz precisa. Transcurren los minutos. Al final de esos escalones medio rotos por el tiempo, una abertura. Pasea por ahí arriba un matrimonio con su niña. El fotógrafo espera que pasen de largo. Los mayores hablan, la pequeña queda de pronto fascinada: nota que hay alguien ahí abajo y fijos los ojos en el extraño, por fin lanza al Sobre estas lineas, las lentanns de la galería superior del aire la pregunta: ¿Eres de oratorio de la Aljaferia de Zaragoza. De tamaño reducido, verdad? No podemos hacen penuar que eran de uso exclusivo del rey y sus imaginar cómo era la vida allegados. En la siguiente página, vista parcial de Locare, en aquellos siglos. Resultaque está situado a 1.070 metros de altura en Ja sona ba dura, incómoda en exprepirenaica; el enclave corona un inmenso podio de roca tremo. Había que estar preparado para la guerra. 54