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dentes de Bayona, después de que el Rey participara en la regata de La Fasnet, en Inglaterra. Llegamos a Lequeitio con bastante marejada y él decidió entrar en el puerto. Recuerdo que, en una iglesia de la vüla, oimos misa en vascuence. Después dimos un paseo por el muelle, en dirección al barco, y un fotógrafo que pasaba por allí lo reconoció y obtuvo esta fotografía Don Juan aparece en ella con una boina vasca en una calle de Lequeitio. Estaba muy emocionado por pisar tierra española y por la cariñosa acogida que le dieron los pescadores y la gente del puerto. No está seguro de si, en aquella época, tenía prohibido recalar en puertos españoles, pero posiblemente sí. Tuvo lugar también aUi un hecho muy emocionante. Llegó un marinero de edad, con el pelo blanco, que andaba con dificultad. Llevaba una vestimenta típica de hombre de mar y una enorme boina vasca. Miró sonriente a Don Juan, se acrecó a él y le preguntó: ¿No me reconoces, Juan? El Rey reconoció inmediatamente en aquel marinero a uno de los que solían acompañar a su padre, Alfonso Xm, en las regatas que hacía con barcos de ocho metros. Se dieron un gran abrazo. Cincuenla años median entre las dos fotografías de arriba. En la primera, el Rey Don Juan Carlos aparece, en agosto de 199 H, al timón del Danisk Blue; en la bahía de Cascáis. Debajo, en el mismo escenario, también de timonel, cuando era niño, posa a bordo del Tres Amigos el barco de Jorge y Bernardo Amaso. Sobre estas linean, Bernardo Amoso, compañero de Don Juan en el Saltillo y amigo de Don Juan Carlos, que aparece en la fotografía de la otra página navegando con unos amigos Jovial y alegre Una cosa sorprende en las casas de quienes fueron sus amigos en Cascáis y Estoril: el homenaje permanente a los Barbones Una imagen extraordinaria de Don Juan y Don Juan Carlos en el Saltillo merece este comentario de Arnoso: De tal padre, tal hüo. Piensan de la misma forma, adoran a España, son parecidos en humor, en su forma de ser cariñosa y simpática, en el amor al deporte, en todo Le pregunto si también en el sentido estricto de la disciplina. Incluso en el sentido de la disciplina. Don Juan Carlos, cuando era niño y después en su juventud, tenía un sentido de la responsabilidad muy acusado y una disciplina férrea, para poder mantener irnos horarios diferentes a los que nos permitían en nuestras casa a los que éramos sus amigos. Tenía la clara noción de que un día lo llamarían para algo importante y, de hecho, estaba preparándose para ello. Yo creo que el Rey de España nunca se ha levantado después de las siete de la mañana BLANCO Y NEGRO 38 Se ríe, por un momento, al evocar algún recuerdo y después prosigue: No, nunca se levantó después de esa hora, seguro. Si recibíamos una llamada telefónica a horas muy tempranas, ya lo sabíamos, era Don Juaníto. Si alguien llamaba a las ocho o a las nueve de la mañana en las puertas de nuestras casas era Don Juanito. Nosotros, como es natiural, siendo ya jóvenes, en vacaciones de verano. Navidad o Semana Santa, nos quedábamos en la calle después de las diez o las once de la noche y, a veces, a horas más tardías. Solíamos, consecuentemente, levantarnos también tarde. Él llamaba o venia a nuestras casas y preguntaba, ¿Qué hacemos hoy? o ¿A dónde vamos hoy? Era una característica suya, que siempre hemos comentado sus amigos, no le costaba madrugar, y cuando estábamos en la cama nos despertaba para organizar el día Esta disciplina, según Bernardo, no influía en el carácter de su amigo, que era absolutamente jovial, divertido, alegre y amigo de todo el mundo. Todos los que éramos sus amigos y pertenecíamos a la misma generación lo adorábamos y compartíamos con él momentos tristes y felices de nuestras vidas. Hay que decir también que Don Juanito disfrutaba de la vida a tope, que sacaba tiempo para estudiar y para distraerse Doña María Y aunque no tiene nada que ocultar, Bernardo es siempre extremadamente cuidadoso con lo que dice, porque en modo alguno quiere perjudicar a los que fueron más que amigos. Doña María de las Mercedes ha sido para raí una segunda madre, un personaje inolvidable y querido. Algunas veces incluso me llamaba hijo y me trataba con gran cariño. Estaba todo el tiempo que podía con sus hijos y tenía una verdadera relación de amistad con ellos. Una mujer encantadora, dulce y, al mismo tiempo, con fuerte personalidad Sus palabras sobre la madre del Rey,