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Arriba, una fotografía del Saltillo En el centro, Don Juan Carlos hace una fotografía a su padre durante un paseo en barco. Ahajo, con Jorge Arnoso descansando en el Saltillo Las fotos, como imagen que son de los recuerdos, abren la espita de días y recuerdos que Maná creía olvidados: les gustaba mucho a todos ir a la playa, Ellos, recién llegados, acostumbraban a bañarse en la del Tamariz, que estaba cerca de su casa de Monte Estoril, y los Arnoso, como vivían en Cascáis, frecuentaban más la playa de la Concepcáo. Después, irían muchas veces juntos a éstas y a otras playas. Recuerda que Don Juanito y su hermano Alfonsito jugaban con ellos en la playa de la Concepcáo de Cascáis, en una época en la que la gente tenía los charutos, con los que se divertían extraordinariamente. El programa, en las vacaciones de verano, consistía en ir a la playa, y no regresábamos a casa hasta la una. Solíamos tener nuestros espacios habituales junto a las casetas familiares. Después almorzábamos y nos echábamos la siesta. Pasado el tiempo, cuando teníamos dieciséis o diecisiete años, íbamos a bañarnos a la piscina del hotel Atlántico Hay una fotografía muy curiosa y entrañable, obtenida en Sines por Bernardo en el verano del 56 o del 57, en la que el Príncipe pasea por la calle, junto con su padre, con Jorge Arnoso, Mar Tornos y otras personas, con un ramo de rosas en la mano que había comprado para su madre. Lleva la chaqueta azul del Club Náutico de Cascáis, con sus simbólicos caballitos de mar, la gorra de plato de marinero y calza unas cómodas playeras. Do i Juan Carlos cuando era niño, tenía un sentido de la responsabilidad muy acusado afirma Bernardo Arnoso, uno de sus amigos de la infancia Escenarios de infancia Conocí a Bernardo hace bastantes años, en 1990 o 1991, incluso antes que a su hermano Joi e, presidente hoy del Club Náutico y amigo, como él, del Rey. Lo entrevisté, más de una vez, cuando vivía en este chalet de Cascáis, La Quinta de Sao Romáo con su esposa Madalena Cabral y sus hijos. Una casa con jardín que está próxima al faro de Santa Maria y a Casa San Bernardo y Casa Santa Marta las residencias familiares en las que transcurrió su infancia. Lo busqué por aquel entonces. precisamente a él, para que me hablara, para la televisión y la radio, del Conde de Barcelona, que estaba enfermo en una clínica de la Universidad de Navarra. Bernardo Arnoso, Maná para sus amigos, desde niño vivió muy cerca de Don Juan, como si fuera su hijo, y pocos personajes vivos de Portugal, acaso lamentablemente ya ninguno, vieron, vivieron y oyeron lo que él. A pesar de la diferencia de edad, casi treinta años, entre él y Don Juan, los unió la pasión por el mar. Lo acompañó en cien viajes marítimos, le preparaba el tabaco, le ponía a punto la emisora de radio, hacía las fotografías a bordo, las de color con la Leika de Doña María y las de blanco y negro con la Retina de Don Alfonsito. Era. como le gustaba a Don Juan, el más disciplinado de los marineros, sabía ser discreto y, además, era el amigo íntimo de sus hijos, y en él confiaban los Condes de Barcelona para que algunas veces llevara a Don Juanito a dar una vuelta por Lisboa. En 1992, también en Cascáis y con el mismo motivo, recogí, nuevamente, sus testimonios, que conservo como un documento importante, porque Maná añade a sus muchos conocimientos y experiencias sobre la Familia Real española, la facilidad que tiene para hilvanar uno a uno los recuerdos, con voz poderosa de marinero, hecho a hacerse oír cuando estalla la tempestad en mar abierto. Hablando del Conde de Barcelona, al que unas veces llamaba Don Juan y otras el Rey dijo; Para mí el Rey era y es un personaje de leyenda, el mejor capitán que jamás ha singlado los mares, tanto por su vasto conocimiento de buques de motor como de barcos de vela. Navegando con él hacíamos lo que él decía con absoluta confianza. La disciplina era total, casi de buque de guerra, y desde niños nos enseñaba qué hay que hacer y cómo se deben ejecutar las maniobras Bernardo Arnoso navegó con los Condes de Barcelona y sus hijos por cada puerto y cala de la costa portuguesa: Setúbal, Sines, Sesimbra, el Algarve, las islas Berlenga, Peniche. Los acompañó a Punta Umbría, BUHCO Y NEGRO 36