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GASTRONOMÍA E L EJE RIAZA- ARANDA Por Aíiíi, Fau y Jon Trojero C uando la vida española siifre ataques de autoritarismo, una de las primeras ocupaciones del poder es cambiar la residencia de las gentes notables. De los líderes de opinión, que diriamos hoy. De ahí las muchas deportaciones y exilios y abundantes confinamientos y extrañamientos que figuran en las biografías de políticos, militares y escritores de hasta hace un cuarto de siglo. Cuando, por ejemplo, la dictadura de Primo de Rivera (1923- 30) fueron varios los escritores que escaparon al extranjero o que, menos diligentes, fueron desterrados a rinconcitos pintorescos. Ramón Pérez de Ayala, que era progresista y radical, fue conducido al pueblo segoviano de Riaza y allí pasó sus fríos. Aprovechó el tiempo para escribir, en duro combate con el aburrimiento serrano, su última novela. Tigre Juan (la siguió una segunda parte- El curandero de su obra -en el mismo 1926) -y, después, cuando en las tertulias de café los amigos le reprochan el olvido de la narrativa, en beneficio del ensayo y el artículo, el asturiano solía decir: Se me ha evaporado la imaginación de tanto comer cordero y beber vino de Aranda (Estos vinos de la Ribera alta del Duero fueron, durante siglos, los preferidos en el lugar con lo que se hermanaban dos de las grandes capitales del cordero en Castilla- León) sigue siendo hoy pueR iaza pequeño, con poco yelpintoblín más de mil quinientos habitantes, resco, con la hermosa arboleda de Hontanares a la espalda. Es uno de los destinos más frecuentes de los s madrileños que, en el ñn de sema- 1 na, buscan horizontes con aire pu- 1 ro y mesas con asado. El establecí- miento emblemático del lugar, en el que no está de más visitar la parroquia que luce un bonito retablo del XVI, es Casaquemada (Isidro Rodríguez. 8) un complejo de hotel pequeñito y confortable y restaurante tradicional- fundado en 1952 en el que se sirven los sábados y domingos ingentes cantidades de cordero asado. Por cierto: hace un par de siglos la gran especialidad de Riaza, Pedraza y Sepúlveda (con Torrecaballeros y la propia Segovia como grandes escenarios del cordero segoviano) era el capón de cordero merino. No lo hemos probado nunca, pero según las crónicas era cosa de conocer. Hoy como en toda la región, priman las churras. lugar en el OtroMayor, tradicionalescondecentro de Riaza es La Taurina (Plaza 6) que se en los típicos soportales de la plaza del pueblo, y a sólo cuatro kilómetros, en Cerezo de Arriba, está el Casón de la Pinilla (La Rinconada, s n) Es un lugar muy agradable, bien decorado con aires ganaderos y en el que, en nuestra última visita, probamos, a más del inevitable cordero, un potaje de garbanzos extraordinario. Mejor hubiera estado ahí Pérez de Ayala que en su frío alojamiento de hace tres cuartos de siglo. Aranda, ya el Ramón nos E ncordero de donque el vino yhan establecido el eje, siempre hablamos del Mesón de la Villa (Rodríguez Valcárcel. 3) que es, en nuestra opinión, el mejor restaurante de todo el área gobernada por Juan José Lucas. Ello nos lleva a olvidos injustos. Chef Fermín (Avenida de Castilla. 69) es una casa magnifica que merece una excursión. El tal Fermín- Salinero de apellido- ha descubierto el valor de la competencia como estimulo y ha creado una casa importante, de las buenas de verdad. Es im artista en la elaboración del pato, incluido elfoie, y su repostería es fantástica. lo que de Encordero larespecta al asado catradicional hay tres tedrales en villa: Rafael Corrales (Carrequemada, 2) en donde Pau recuerda haber comido una paletilla hace más de cincuenta años: Casa Florencio (Isilla, 14) que permite dudar entre el asado y las chuletiUas a la brasa, y Asador el Ciprés (Plaza de los Jardines de D. Diego, 1) también de los de toda la vida La excursión a Aranda de Duero, que ya roza los 30.000 habitantes, es especialmente agradable los sábados porque hay mercado que, unas veces más y otras menos, ofrece productos de la tierra a precios de supermercado, pero con im tipismo que también tiene valor. Por cierto, no dejar de visitar la iglesia de Santa María que es una belleza. Y no dejar de comer, en el restaurante que se quiera y con el menú que se prefiera, el pan de Aranda que. mejor caliente, sería gloria bendita de no ser. como es, de tradición hebraica. ¡Buenisimo! I s jLt lAr