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¿Lo mejor que he hecho en mi vida? Casarme con Mercedes El toreo me ha dado la oportunidad de conocer a mucha gente. Desde Eugenio D Ors a Ignacio Zuloaga, Manuel Machado, Sebastián Miranda, Gerardo Diego, Joaquín Rodrigo, muchísimas personalidades como Franco o ministros de México, mucha gente. Un día, me acuerdo, estábamos en Lima y fuimos a una Misa del Gallo. Iba conmigo en la cuadrilla mi hermano Rafael. Mira, cantó la misa una voz que era una maravilla, estábamos todos impresionados. Al terminar la misa, cómo habríamos quedado de sorprendidos que fuimos a ver quién la había cantado para felicitarle: era un fraile franciscano. Se llamaba José Mújíca, que era un hombre que había sido actor, había hecho muchas películas y después se metió a fraile en un convento. ¿Qué torero ha sido completo? -Es difícil acertar. No creo que completo, completo, pueda haber nadie. Hagamos uno completo sacando lo mejor de cada uno... -Tampoco es fácil, pero de mis tiempos, con el capote, ahí estaban por ejemplo, y no me gusta muchas veces citar nombres porque parece que uno olvida a los que no cita y a mí todos me merecen el mismo respeto y la misma admiración, pero, de mis tiempos, como te decía, por ejemplo, Manolo El Andaluz, Manuel Escudero. Rafael, Gitanillo, El Yoni que entonces era novillero... La lista sería grande y siempre se quedaría corta. ¿En banderillas? -Pepe Bienvenida y Pepe Dominguín. ¿Con la muleta? -Marcial. Domingo Ortega, Manolete... Ofra lista que también se haría interminable. -Y con la espada... Ahí no hay la mínima duda en la respuesta porque llega de inmediato: -Manolete. Y imo recuerda en ese momento la anécdota que un día me contó Pepe Luis: Estaba Manolete aperreado con un toro, no le encontraba la muerte. Pinchaba y pinchaba, siempre en lo alto, y nada, que no entraba la espada y corría el tiempo. Se le ocurrió a Pepe Luis decirle por lo bajini, como se habla en el ruedo de amigo a amigo y de compañero a compañero: Manolo, tírate a los bajos, tírate a los bajos Y Manolo, en ese bisbiseo que jamás llega a los tendidos, le respondía: No puedo Pepe Luis, no puedo porque no sé tirarme a los bajos El cartucho de pescao -El cartucho de pescao Pepe Luis. -Mi abuelo me contaba que lo hacía El Espartero y se hacía con la muleta plegada, como un cartucho- no sé quién le pondría el nombre- y yo. de tanto oírlo, pensé en si sería capaz de hacerlo. Lo hice desde mis primeras novilladas y, en el debut de aquella nocturna sin picadores en la Maestranza, también lo hice. Aquello entusiasmó al público. El toro venía de lejos, uno le aguantaba y desplegaba la muleta cuando ya el toro iba a romper en la embestida. Le pegué aquel día ocho o diez muletazos, siempre con la izquierda, claro, y cómo sería aquello que, cuando repetí en la Maestranza, se agotó el papel unos pocos de días antes. ¿Va usted a los toros? -Hace tiempo que no voy Lo menos ocho o nueve años. No voy porque no lo paso bien. Paso un mal rato porque, desde fuera, se ven las cosas de otra manera, se sienten de otra forma los peligros y se pasa mal temiendo que pase algo. Uno recuerda cuando ftie a esa Maesfranza de Sevilla con Pepe Luis, a una nocturna del verano, cincuenta años después de aquel mil novecientos treinta y ocho de su debut y cómo, mientras me contaba qué sintió ese día, no perdía de vista lo que estaba pasan do en el ruedo, donde un chaval, precisamente con un traje rosa como el que llevara Pepe Luis cincuenta años antes, estaba muleteando. Pepe Luis detuvo el relato de lo que estaba contando para casi musitar, como si fuera al oido del chaval, un por ahí no te pongas que te llevas la voltereta y no había ni acabado la frase cuando el becerro ya tenía en los lomos al chaval del traje rosa. íUNGoyNEeRQ n