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Así lo vio Gerardo Diego Ese colegial tímido de resplandor trigueño en la cabeza fina como hueso de fruta es un torero nuevo de Sevilla la vieja que los rancios saberes perpetúa y destila. Nadie sabe en qué aulas cursó trivio y cuadrivio. Dicen que al matadero, como un Rembrandt obseso acudía a leer en las moradas visceras y en las rojas el signo de su fausto planeta. Niño entre los doctores de la ciencia jifera- qué escena para un lienzo soberbio de Velázquezjunto a los rostros crueles del satánico oficio asoma el suyo apenas florido de pelusa. Mas vedle hecho ya un otro Marte la noble espada, no el cuchillo de cachas, en la diestra ya ungida, y la borla suprema de la gaya escolástica como un nimbo simbólico tras la dorada frente. Hacia el toro estatuado, solemne se encamina. Un paso, dos, tres, cuatro y una orden desdeñosa. El zaino le observa, le calcula, le rumia y en su confusa noche de herido instinto aguarda. Y ahora ya no son pasos. Es la carrera alegre desde lejos y el súbito, encarnizado arranque del receloso bruto. Ya es Marte contra Júpiter. Qué colisión- angustia- de dos lanzadas órbitas. Mas no. La suerte pudo salvarse a puro riesgo. La astrologia pinta con firme pulso zurdo el arco del destino. Las entrañas no mienten. Y Pepe Luis sonríe ante la obra perfecta. La esencia de un toreo de cristal fino, fino, la elegancia ignorándose de la naturaleza, la transparencia misma hallaron ya su cauce. Y béúo el sol de España hay un torero nuevo. Manuscrito de Gerardo Diego donde escribía de ese colegial tímido de resplandor trigueño... Nunca me gustó ser protagonista de algo, me daba vergüenza, sentía apuro Gerardo Diego Madrid, febrero, 1947 -AqueUo. lo de Cagancho en Almagro, me lo contó a mí Bogotá, un banderillero que también estuvo conmigo y que iba con Joaquín aquel día. Iba también otro chaval en la cuadrilla al que le declan El Águila y también Rafaelillo, aunque se llamaba Rafael Valera, ¿Sabes qué le pasó a este Rafaelillo aquel día? Que se perdió en el jaleo que se formó al final de la corrida y Bogotá no hacía más que preguntarse ¿dónde andará éste? Entonces vio destellos del traje de luces por los tendidos y resulta que allí estaba Rafaelillo. ¿Sabes dónde se había ido? Justo a ponerse enmedio del piquete de la Guardia Civil y el RafaeliUo éste decía después: ¿Dónde iba a estar yo más segiu- o en toda la plaza que allí al lado de los civiles? ¿Y le contaron cómo salió Joaquín de aquel trance? ¿Que cómo salió? Lo metieron, vestido de torero, claro, en el carro que servía para transportar las carnes. Cuando salieron del tumulto lo subieron a un coche y creo que llegó hasta Manzanares, donde pudo por fin quitarse el traje. Entonces los públicos, como verás, se las traían... Tiene Pepe Luis a Cagancho entre sus toreros predilectos. Le tenía un inmenso respeto. Le hablaba de usted, por supuesto. Y un día que toreaban juntos en Lucena... -Lo de Lucena lo recordé muchas veces después. Era en agosto o septiembre. Figúrate qué calor. Toreábamos una corrida mixta. Joaquín Cagancho y Juanito Belmonte por un lado y Paquito Casado y yo por el otro. Estábamos en una fonda y yo me fui un rato a la habitación de Joaquín. Estaba la puerta entornada, aquello a media luz, toqué con los nudillos, Joaquín y me dijo, pasa, pasa. Pues nada- le dije- que venía a echar un cigarrito con usted Y me extrañó porque vi que tenia una manta puesta en los pies que le llegaba hasta las rodillas. ¿Está usted malo, maestro? -le pregunté- y me contesto: No, es que tengo frío; ya verás, cuando vayas llegando a mi edad, cómo te pasa lo mismo Yo que había pensado, no sé, en que sería cosa, pensaba yo, de la raza gitana, y resulta que, andando el tiempo, bien que me acordé de Joaquín. Qué verdad era aquella. A medida que pasaban los años y se aumentaba la responsabilidad, sentía frío en los pies y muchísima calor en la cabeza. Por cierto, Joaquín, cuando se fue a México, aprendió a matar muy bien y mataba toros despacio, perfectamente. Qué gran torero fue. Manolete ¿Hablamos de Manolete? -Como torero, un gran matador de toros. Como persona, ima maravilla. Parecía seco de carácter, secóte pero, cuando estaba con amigos, conf 5 ado, se reía una barbaridad. Daba gusto tratarle. ¿Se imagina cómo sería ahora si viviera? -Me lo imaginaria yendo a sus fincas, organizado y. por supuesto, casado con Lupe Sino. Segiu- o que sí, porque no he visto a nadie tan enamorado de una mujer como él estaba de Lupe. Fíjate lo que es la vida, la pobre Lupe murió no muchos años después de él. -Pepe Luis cantado por los poetas. Pepe Luis relacionado con muchos intelectuales. Pepe Luis en la cima. ¿Cómo se vivía así? s i m o T NEBRO ST