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Pero los planificadores de vidas humanas son insaciables y no dejan a nadie tranquilo por mucho tiempo. Se irritan allá arriba los muy sádicos porque ansian mayores resultados, porque anhelan acción y no la obtienen. ¡Vaya par de adquisiciones, hatajo de cretinos! estalla de pronto histérico el vicemandamás de todo aquel tinglado, una mañana nublada, cual olla exprés que hace boom, pataleando y dando manotazos al mobiliario androide en miniatura, que salta por los aires y se descascarilla contra el suelo encerado. ¡Quiero inmediatamente soluciones o haré caldo ambarino de vuestras osamentas! Un filtro de amor, propone a la desesperada el más senecio de todos, romántico de antaño, trasnochado y un poco enloquecido, embriagado y febril, hacedor de sujetos pasionales con pose de tanguistas y drama en la mirada. Abucheo total, rostros generalizados de hastío. Una descarga de vatios sexuados, opina sin pestañear un inexperto y nubil funcionario, empeñado en la ardua técnica de planificar actrices con futuro porno. Un elixir afrodisiaco, expone con ardor el alquimista de la plantilla. Nadie celebra tal sarta de ocurrencias. Un simulador, culmina al fin el más pedante y enterado del grupo. ¿Qué es un simulador? preguntan al unisono los demás, de acuerdo al menos en la pregunta. Pues un simulador es un artefacto de maquinaria sofisticada en forma de macetero con planta, les contesta el pedante con tonillo soberbio y afectado deje de suspense. Este artefacto, colocado a corta distancia entre dos seres antagónicos, los obliga a simular de manera inconsciente y compulsiva una mutua y desatada pasión haciéndoles olvidar su antiguo rechazo. todas las hipótesis barajadas la del pedante es la D eque recibeprobar la opciónabsoluto. Todos conforun consenso mes, pues, en del dichoso simulador. Allá van de nuevo un par de especialistas a la Tierra y colocan el simulador junto a la mesa habitual del restaurante favorito de la- hasta ahora- antipareja. De vuelta a sus alturas, se juntan con los suyos a esperar intrigados y ojerosos los efectos de tan sofisticado artefacto. La alta tecnología de los planificadores de vidas humanas se encuentra a años luz de las tecnologías terrestres, con que da resultado de inmediato, sin el más mínimo fallo de sistemas. Es el día en que han quedado para comer. El simulador los obliga a recorrer otra vuelta incoherente en la lógica de sus propios circuitos mentales; no saben por qué, pero el caso es que tienen que irse a la cama, y juntos, claro, a toda prisa. Lo cierto es que a ojos extraños son un hombre y una mujer urgidos por un deseo ardiente, incontinentes y obsesos, cegados por la sensualidad de sus propios cuer- pos y pieles. Entran en el primer hotel, piden las llaves al recepcionista y suben sin equipaje y al mediodía a la habitación del segundo piso tras pagar en efectivo la cuenta. Allí se desnudan estilo acelerado, maquinalmente, y se meten en la cama, dos autómatas. Pero como son él frígido y ella impotente, perdón, ella frígida y él, impotente, pues que nada de nada. Y así, ampliamente frustrados y a la vez satisfechos por un deber cumplido a medias, se van a sus casas sin haber aprovechado en lo más mínimo la espéndida cama de matrimonio que aquella habitación de hotel les ha proporcionado solícita. los planificadores de vidas humanas E mpecinados ahoraporque en que quieren más marcha ésa no es suficiente para satisfacer sus egos narcisistas, envían al pedante a la Tierra para que solucione el problema o que muera en el empeño. El pedante, ufano y seguro de su éxito, seguido a pocos pasos por su moral inquebrantable, se embarca para tierras terrenas y desembarca alli, en el justo centro de su diana, en el mismo restaurante de siempre, donde al punto modifica el simulador de su invención de forma que el macetero gire a derecha e izquierda muy rápidamente, y produzca un zumbido imperceptible con el fin de acelerar el proceso de hipnosis a la hora del postre, cuando estén tomando el segundo bocado de buñuelos de manzana con canela. Este detalle en apariencia insignificante será crucial para la consecución de la empresa. Así ocurre y el simulador de nuevo los obliga a simular una pasión destatda, una carrera al hotel y subida rápida al segundo piso, que ya resulta familiar. Allí ya no son frígidos pero no saben. Y como no saben no resuelven, no funcionan. Otra vez tienen que irse doblegados por las circunstancias. El recepcionista, al ver sus caras melancólicas y taciturnas, intuye en discreto silencio algún percance en la vida afectiva y sexual de la pareja. Ei pedante no da crédito a los acontecimientos. Los terrícolas son raros, piensa. Es evidente que necesitan una dosis extra de su medicina. Pero únicamente dispone de un simulador y tendría casi que pegarlo a las costillas de ese par de inútiles humanos. Alterado y con poco resuello- tan sólo cuenta con perígeno para 48 horas- idea la solución final. Instalará el simulador en la dentadura postiza de él, allí donde puede ejercer sus efectos con mayor intensidad. Además eso le asegura que siempre estará presente el artefacto haciendo de las suyas cuando hagan el amor Aprovecha la oportunidad que le brinda el hecho de que él lleva su dentadura a revisión ese mismo día, se introduce en la consulta del odontólogo subrepticiamente y perpetra la operación con maña. Ya está el simulador introducido en la prótesis dental y listo para dar servicio. En el preciso instante en que él recoge su dentadu- BLimca 1 NEGRO 11!