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E l pasado 20 de abra, el Everest, la mDnta: a mas afta de la Tterra se hizo ofictelmenle más pequen. En efecto, bs resuJlados ds las ÚHÍTIHS mediciones, realizadas a linalas de sep smbre de 1992 H arrojaron una allura de 8846,1 rrtelros. dos merios da Jo que se pensaba desde 197 A. Hoy. cacando se cumplen cuarenta afes desde que ef neozelandés Edmund llegara por primera ve; a la cana, sutJir hasta ei- íecíio del murxíO es uoa hazaña qua ya han realzado rníis de cuatrocientas personas. Sin embargo, una cosa as itegaj- aN amba- por puro deporte (Tas expediciones actuales estfin integradas ntós por tLffislas que por intrépidos plofadores) y otia muy es conseguirlo con un pesado y volumhoso equipo aenWfcQ a cuestas. ¿PARA ESTO CONQUISTAMOS EL EVEREST? S ¡r Edmund HiHary, Junto con el Sherps Tenzig Norgay, fue ef ptimsr hombre que pisó l3 cumbre del Everest Ocurrió el 23 de mayo da 1953. Cusreiyfs años después, el célGbre alpinista neoielandés rvcaerda su hazaña y íamenta la invasión qu sufre hoy la montana más aito del mundo AY momentos qu permanecen grabados en la memoria como i el tiempo no pudiera aleclaríes. Uno de sos Instantes tuvo lugar hace cuarenta años en el Everest, cuando tras muchas jornadas de esfuerzos observé qua la pendiente, en lugar de elevarse, caía hacia el Norte. Todas las sensaciones que rodearon ese instante resuHan imborrables: el viento cortante en la cara, la visión deJ impresionante paisajeTM, y, sobre lodo, la sonrisa de Tenzig. Una alegría ccníagiosa que iluminaba su rostro y traspasaba su pasamontai s, las gafas y la máscara de y oxígeno. Me puso el braio en el hombro y comeníamos a damos palmadas hasta quedamos casi sin respiración. Ya no tendríamos que cortar más escalones de hjelo ni atravesar más agotadoras aristas, IHabíamos escatado más lejos que nadie, habíamos llegado a la cima del muiKlo. a la cumbre del Everest Hace unos meses, en un sólo dia legaron a la cumbre hasta treinta personas a la vez. Cuando llega la temporada de alpinismo en el Kimaiaya, varias expediciones comienzan la aventura. Cada vez son más numerosas. Y organizadas. El Everest, el punto más alto de la Tierra, se ha convertido en un tópico, Y aunque puede que esto diga mucho sobre la determinoción del hombre y su empello en vencer nuevos retos lo cierto es que me produce una sensación de H tristeza Me horroriza imaginarme en la cumbre d d Everest con vainhnueve personas a mi alrededor. Tode Bato significa el fin del úlUmo reducto de soledad, taf ve el lugar solitario por eicceiencia. Lo que en otro tiempo constituyó una de las más grandes barreras de la Creación, hoy se ha convertido en un lugar de vacaciones. Nosotros sólo pretendimos escalar una montaña, y cuanto más alta fuera, mejor, Pero el Everest, nuestra montaña más alta, es ahora una gran operación financiera. La expet ción de 1953 necesitó varios años de preparación. Algunos meses antes realizamos un viaje de exploración bajo las órdenes de Eric Shipton, Entretanto, reunimos un equipo cuyos miembros eran los mejores alpinistas, cada uno con su propia especialidadHoy en día, dos alpinistas pueden organiz 3 r solos una eipedición. La gente que reciutan no tiene por qué ser esperta en montañas, sólo hacen falta ganas de presumir de haber estado en la cumbre del Everest No es un deseo Irracional, y no es necesario tener ninguna aptitud especial para el mc tañtsmo. Siempre que usted esté dispuesto a pagar casi tres millones y medio de pesetas para cubrir los costes de una expedición. Eos organizadores harán todo lo posible por ilevaile hasta la cumbre. Los sherpas transportan las mochilas y Tes hacen la comida; hay oxígeno disponible, las zonas donde acampar están señalizadas y se eligen de antemano, y dispor en de radío teléfonos portátiles para pedir ayuda si las fuerzas Claquean. Hay riesgos, pero usted está en buenas manos y, si la montaría se porta bien, no es probable que se haga daño. Nunca despreciaría a nadie que sueñe con cor qui 5 tar el Everest, pero hacerlo de este modo destruye por completo la sensación de lucha esa batalla interna que enfrenta a montañero y montaña. Cuando escafé con Tenzing Norgay. íbamos hacia lo desconocido. La nita no había sido explorada, estaba sin pisar. Una vez que 5 de mayo ík 1953. Edmund Hillar y ct shcrpa Teniig. junio al coronel John Hunlícnel ccnüo) echan un lillimo vislazo al Evercsl antes de acomeler la cscaljuJa. Dieciocho día? despmía se convinieron en loj primenH crc humanos en pisar la cumbre llegamos a la dma, el mundo aupo que era posible. Ha habido expediciones muy buenas desde la nuestra. Algunas han descubierto rutas nuevas, más dhiciles; Reinhold Messner hizo lo que según algunos era imposible: llegar hasta la dma sin oxigeno. Desde entonces muchos le han imitado. Dos años después Messner volvió a escalar al Everest, esta vez en solitario. No deja de ser una hazaña llegar hasta 1 cumbre del Everest, con independencia de cómo se haya logrado. Pero se han perdido muchas cosas. Con tanta gente, la ruta es casi una senda. Si no eres el primero ese día, y si vas con un grupo numeroso, puede ser hasta dhwrtido. Sin embargo, para un montañero entusiasta, eso le quita todo su encanto. El tactor conquista ha desaparecido. La sensación de infinidad, Ta belleza grandiosa, no es lo único que ae ha perdido. Tal vez lo más triste de la popularkzaciún deí Everest sea el hecho de que está empezar do a parecer un vertedero. Se ha arrojado un montón de basura en la montaña. Nuestro equipo también c Kitn buy 6 a ello. Nos propusimos conquistar una montaña todavía no contaminada por el hombre, y con la euforia del éxito, tiramos nuestras cosas por la ladera. He propuesto una moratoria de cinco años en el Everest para poder recoger la basura y dar a la montaña un hempo hasta que las heridas del abuso cicatricen. Pero las ganancias financieras lo hacen imposible. Los nepaleses cobran por conquistar el Everest algo más de un millón de pesetas por cada expedición de nueve pwsonas, y fes hace falta dinero. Pueslfi que yo mismo he escafado el Everest, no quiero disuadir a nadie que tenga ocasión de repetir la hazaña. Pero la forma en que se realizan las expediciones actuales, ccm la suficiente gente como para montar una fiesta, hacen que 13 S 3 parezca una época dorada. No estoy seguro de querer escalar el Everest ahora. Edmund HtLLARY 53