Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Cine OBRE un relato cJel escritor austríaco Joseph Roth, el director itatiano Ermanno OI mi ha hecha una película, i3 leggenda del sanio bevitore. No he leído la obra de Rolh, y rio sé si en ella aparece claramente l3 santidad íjpl prf Taonniíi fl y Is signííicación de su aíición a 3 a bebida. En la película, m una cosa ni Qira aparecen con demasiada justificación. Tengo la opresión de que esta pelicufa ha sido desdeñada por los públicos y ensalzada ptx los críticos y estudiosos. Ambas cosas me parecen exageradas La ieyends deí sanio bebedor tiene una curiosa mezcla de refinamiento e insuficiencia. HI prf agomala es Andreas, un- cfochard- a quien encontramos en París, que no tiene dirección- sobre esio insiste repetidas veces- porque vive baio los puente del Sena, y rio siempre en el mismo. Lleva un pasaporte, en una de cuyas páginas se puede leer un sello que dice expulsé. La película está hablada en italiarKi, pero con bastante Irecuencia se h a en ella en trances Andreas (Ruiger Hauer) es un clochard- de aire bástanle distinguido, con ojos claros y apacibles y un fino bigote, lleva siempre corbarra. un ra e raido, ur gabardina y algunas pertenencias en uria ca a de lata. íobre tocio un viejn relnj de bolsillo Lo riíás lamentable de su aspecto es la camisa. que no mejora a pesar de que podiía hacerlo Se dice que ha s do minero, y a lo largo de la película van apareciendo algurHis antiguos amigos y compararos un boxeado famoso y lleno de éxito, que lo ayuda en un momiento; un pequefo bortactiln desaprensivo, que en otra oírásiOr é apíovecha de él; tambiOnjjna mujer atractiva. S Por JULIÁN MARÍAS DE LA REAÍ ACMm ESPmiA EL SANTO BEBEDOR que surge de un pasado no explicado. Un sefior maduro, bien vestido, distinguido y muy costes se acerca al te ofrece dinero, le pide un favc le va a dar doscientos lrar cos- a el le sobra el dinero y ha decidido hacer vida de pobre- para que cuando pueda, en cualquier rnomento. los devuelva a la pequeña Sania Teresa de Lisieux, en la iglesia Oe Saín le Mane de Batignolles. es decir, a Santa Terestta del Niño Jesús Toda la película consiste en la volunrad de Ar) dreas de cumplir el encargo, y en las dificultades que va enconirartdo, una vez y otra, parg llegar a la iglesia y hacer la devolución. Siempre recala anies en un bar, y bel e vanas copas de vino, pí lo general una boiella entera, y eslo. u oíros incidentes, tracen que se quede sin dinero o se le pase la hora de l3 misa I nvanab lómenle hay alguna intervc- nción más bien kne plicable que pone en sus marvos una nueva cantidad de dinero Hay algunos episodios con la mu er que viene del pasado, luego con una bailarina trivial gue se va a ir a Canries y con 13 cual ieí una luga? aventura. En gran pane Oe la película llueve torrencial y tenazmente, de modo que hay tania agua como vino. En dos o tres momeníos aparece una (OvenciTa, casi ni ha, algo desvaida, que parece ser la pequeña Thérese. Andreas Iferie un permanente aire de simpatía y bondad: cierta perplejidad lo acompaña en lodo momenío, como 31 no estuviese nunca seguro de sí está en el presente o en un pasado que evoca En el bar, por ejemplo, entra un malrirríonio vestido de negro, casi viep; toman sendos cuencos de sopa, Andreas, al cabo de un rato, ve a una pareja de campesinos apacibles, probablerrrante sus padres, luego han desaparecido, pero quedan encima de la mesa los dos cuencos vacíos, que atestiguan la realidad, algurw realidad, La película esiS muy diestramente dirigida, llena de aciertos. La tolograila es excelente; un París humilde, modesto, pobre, aparece con gran falenio y eficacia, y también belleza La música es casi siempre oportuna Hay unas escenas de baile que son un ejemplo de buen eme Toda la hialofia mantiene un halo de misleno, que hace que el espectadoi adopte una actitud de ei psclaliva. a la vez que va go anOo de las imágenes que se le van ofreciendo a to largo de dos horas Hay una sucesión de pnrnores cmemaiograficos, qus no acaban de justificarse, que ven suscitando un sentido de d opción. Creo que el director ha partido de lo que, sin duda, le ha parecido una- feliz idea ha puesro esmero y acierto en su realización, con indiscutible taJento. Pero lo dudoso es que la idea fuese verdad erameníe feliz. Quiero decir cm natográíicamente Es posible que el relato de Josep Roth sea en sí mismc suficienle, la película resultante no lo es. Hay posibilidades inmensas del cine, que van más allá de un texto literario; pero a la inversa, hay exigencias del cine a las que no se puede faltar impunemente n La leyenda del s 3 n ¡o bebedor hay una tendencia a la repeticii; que desfruye en gran parte el erKanto de las escenas y. sobre Todo, las irrragenes. Cuando vemos por enssirna vez al dueño deí bar, con su boina y su monóculo, servir una copa de virKí tinto, cuando se nos presenta reileíadamente la iglesia con los monaguillos que juegan delanTe, cuando et señor distinguido reaparece sin ar adir nada nuevo, y vuelve la cartera o x i unos billetes dentrp, 5 pierda lO Que cada una de esas escenas tuvo de mingante y atractivo, con la añadidura de que no se aclaran algunas cosas que deberían fuslificarse; no porque sobre alguna dosis de m steno, sino porque c- s algo dtficd de conseguir, y que no puede coníundirse nunca con la gratuito- Creo que una rellexión mayor sobre lo que el Cine reclama hubiese podido consÉ- guir una gran película que no ha llegado a e istii.