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Cine ACE jnLx: hisimo 3 afios que v una película Ululada The Bjg SJeep. La oTrecen af ora las carteleras madníeñas, en su versión original, y con un tirulo español que se me aniD a deaxientador: El suer eterno, A no ser porque hay en elia un crecido número de muenos, noacaCade justificarse. Es una pefícuia policiaca Siempre he tenido considerable predíecciíai por las rKJvelas da ese género cuando son buenas- podríamos decir, cuando son novelas- y por las películas que, fundadas en ellas o autónomas, presentan con tálenlo hisionas de ese tipo Por esto solamente me hubiese inclinado a volver a ver Jhe Big Sieep, pero además olrece una singular cxivergencia de atractivas Es una extraña convergencia de los principales elementos que integran el eme. En una prespeclrva actual, diriamos: anie lodo, el üirecTor, que es nada rnenos que Howard Hawks La película es la iranslomiac CFn cinematográfica de una novela de Raymond Chandier, ilustre en u genero, emparejado muchas veces con Dashielí Hammelt. con quien el Cine tiene otra copiosa deuda Ai adase la patticipacidn en el guibn de Wi am Fauikner, Por úliimo- l o primero en la perspectiva de 1946. cuando se realizó la película- los actores. Humphrey Bogan y Lauren Bacail Hace cuatro decenios es Q que verdaderarr) enle contaba, lo que- lüamos a ver- -creo que con acierto- Lo Oeniaspara el espectador normal, era como la- letra pequeña de los documentos. The Big Sieep es una historia complicadisiíTia y enredada Hay demasiados personajes, caracterizados, casi sin e cepc 4 dn, por su falta de escnJpuJos. Hay muchas pisTofas, con mSs Irecuencia revólveres, que cambian de mano en mano y se usan a menudo. Hay algún momento en que Philip Markhve, el delecNve privado, es decir. Humphrey Bogarí. va reuniendo tantos, que süspiccha que va a ser coleccionista Hs cadáveres que desaparecen y vuelven a aparecer- otros son 12 H Por JULIAN MARÍAS ÜEtAHEALACAümiAESPAÑOlA LOS ELEMENTOS DEL CINE mas formales y permanecen en su Sitio- las deslealíadea entre los personajes son constantes nadie se pueüe t ar de lo que dicen, ni se puede estar seguro en su compartía. Todo esto íw ade innecesaria comple idad a la peiícuía- que se resiente de alguna conlusipn; probablemente la excesiva fidelidad a la novela es causa de ello, porque la letra tfTipre permite orientarse mejor e incluso uo (ver airas, lo que en el cine es imposible y se debería tener S ompre en cuenta. Hay Cierra dosis de ingenuidad en eí desarrollo de la trama, lo cual se agradece, porque el eme muy- resabido- suele resultar fatigoso, y esa simplicidad en medra de la maldad y el cnmen tiene un inesperado efecto refrescante, que en el Cine reciente falla muchas vec Phílíp Marlowe es un detective pnvatfci, de escasos medios y pocas prelensiones, con el- desaiiAo indumentar- O que para sJ mismo reconocía Antonio Machado, con una vieja gabardina con cinturOn y un arnjgado sombrero. Es Curioso hasta qué punía -daJa las películas el uso constante éei sombrero, Irente a su infrecuencia en los últimos decenio? especialmente cuando no se iraia de un hombre aislado srno de un grupa, mas aun una muHitud. por ejemplo una calle. Hay un caso de dantaje del que es victima un viejo general, padre de dos hi s. Vivían ÍLauren Baca y Carmen Esta ultima, pven y guapa, es poi Jo demás un desastre, que se droga y anda envuelta en los medios más turbios imaginables, de lo cual se siguen las tribulaciones de la familia y la intervención de Marlowe Como tós enredos son innumerables, como a cada paso que da el detective para desembrollarlos aparecen más complicaciones enojosas, hay un momento en que se decide pagar generosamente sus ervici 03 y pedirle que suspenda sus indagactí neü Pero no es el estilo de Marlowe. dispuesto a seguir adcJanle. pase lo que pase, y aún en contra de la voluntad de los que lo han contratado pase lo que pase, y pasa bastante no sdo asechanzas y muertes, stno grandes peligros y tremendas palizas que sufre el propio detective- no se olvide aue con la novela poíiciaca de esta generación se inic a la viotencia física padecida por el investigador, frente al predominio mental- o a lo sumo la destreza en ios drsfraces. caracierisTica pnncipal de Sherlock Holmc- s. que se continúa en Hercules POirol y otros Philip MartOíjs. que tampoco es muy escrupuloso, que no está demasiado leps de sus clientes, ni Siquiera de sus enemigos- la neta distinción entre dos- campoS empezó a deadibufarse entonces- tiene un fondo muy sólido de decerKia, que lo lleva a arrostrar ks más graves inconvenientes para llegar a la verdad y, si es posible a la pjstica (o lo mas apro umado a ella) Esto es lo que encama maravillDsarnente Humphrey Bogan, extraordinario actor, que con sus gestos bruscos, su voz ronca, sij mala educación, su valor no exhibido Sirw que se manifiesta como a regahad entes, da intensidad y verosimilitud a su personaje y frente a él Vivían, es decir, Lauren Bacall, en plena luvenlud. alta, esbelta, c- on admirable apostura, enérgica, flexible, qje rezuma estilo por todos los poros, con una belleza nada convencional pero de intensidad pocas veces igualada en el cine, con ops y labios expresivos y una melena que sabe hacer ondear con rnaestn a Es una encamación de la beWezs. femenina de h cs cuarenta años del atractivo de la mujer, y uno se pregunta por qué habrán estado tan dispuestas l muferes posienofes a renuncar a muchas posiiMiidades que estaban- ahi- ejemplificadas en unas Oíanlas actnces, con una vanedad de registros que valdría la pena recordar con ngor algún día Porque resulta que, al cabo de cuarenta y dos a t e todo eso resulta fresco, eficaz, Ioia. Tíente Vivo. Y. como e a de esperar, hay el nacimiento de un amor, resistido, casi e? asperadO. entre Marlowe y Vivían Eíípresado COn la sobriedad que caíacfen; a toda película, con aspereza con ese dtáiogo cortado, conciso, irónico, ingenioso, que es uno de tos mayores atractivos de la historia Los gestos contenidos, la e- presion amorosa refrenada. que termina por imponerse a pe- sar de l3 voluntad dan su estilo a la historia da amor escondida entre la maraña de engaito y viC encía.