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paseaba por la cocina contando las baldosas con los puños agarrotados: No hay información, no ihay información gritaba presa de un ataque de nervios. Su mujer permanecía en la cama llorando histéricamente. Su hijo ihabía salido una tarde con los perros de caza de su padre en un rastreo de la Guardia Civil. Allí, la desaparición era absoluta. LA MUERTE DE UN PUEBLO Los bosques de eucaliptos en esta zona de Cantabria alcanzan más de ocho kilómetros de largo, y son casi infranqueables, por las zarzas y los escajos que crecen entre los árboles. Ángel era buen conocedor de la zona y buen andarín, podía estar en cualquier sitio: en una cabana abandonada, refugiándose d e l tremendo frío y de la lluvia, o tal vez, en alguna de las antiguas cuevas que ya utilizaron los maquis en la posguerra, o, quizá, como sostenía el teniente coronel Mena, se había suicidado en algún lugar oculto, en el mismo corazón del bosque. Todos se sentían amenazados, en especial los supervivientes, quienes comenzaban el mismo domingo a vender el ganado, con la intención de irse del pueblo lo antes posible. Liermo está muerto, decían en Omoño, es ya un lugar maldito. Nadie querrá vivir aquí Langre es un pueblecito de la costa a unos cinco kilómetros de Liermo, campo a través. En Langre están enterrados los padres de Ángel Campo. Allí, en su huida deses- perada, había ido a parar Ángel. Tal vez había utilizado los mismos ¡senderos de hace años, cuando joven, visitaba a su mujer, entonces su novia. Allí, en la madrugada del viernes 28, buscaba amparo dentro de un nicho del cementerio y colocaba el doble cañón de su escopeta bajo la barbilla. Las paredes del nicho absorbieron el ruido del disparo. Su cuerpo fue hallado el lunes día 1 de diciembre a las cuatro y media de la tarde por unos vecinos de Galizano que visitaban la tumba de su hijo. En Liermo, los supervivientes ya podían volver a la normalidad El peligro que temían ya había pasado. TIENE LA CULPA LA TIERRA Durante la ceremonia de su entierro, en una tumba cercana al nicho que escogió para morir (no fue posible adquirirlo) el párroco de Langre, Gerardo iRicondo dirigió un mensaje a la esposa de Ángel Campo, que no sé encontraba presente: Nadie tiene la culpa de esto. Tiene la culpa la tierra, la tierra, cuando no se administra como Dios quiere No es ésta la prin era vez que sucede algo parecido por causa de la tierra y su ordenación por las Juntas vecinales. Hace tres años, en Quemes, un pueblecito que sólo dista de Liermo cinco kilómetros, un hombre mató a dos personas e hirió muy grave a una tercera por una cuestiónsemejante. Y es que, en esta zona de Santander, los catas- I f t 5 Otro escenario del crimen múltiple. L cocina de los hermanos Revuelta. La inclemencia del tiempo dificultó los rastreos de la Guardia Civil. tros han quedado muy anticuados y es práctica corriente correr los mojones de las lindes para aumentar las propiedades. Sin ir más lejos, en Omoño, el vecino pueblo de Liermo, de los 214 carros de tierra comunal que figuran en el catastro, sólo quedan hoy siete carros disponibles para el pueblo. No ha sido casual que, cinco días después de los trágicos acontecimientos, la Diputación Provincial de Santander acordase revocar un acuerdo anterior; las cuestiones relativas a expropiaciones de terrenos pasaban de nuevo a ser competencia del organismo provincial y no de l o s Ayuntamientos. Tal vez así, se puedan evitar nuevas tragedias. Juan Van den Eynde Fotos: Luis León 23