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en el que traía la valüca hierba tierna y menuda que se recoje en esta época. El cadáver quedó tendido sobre un bardal con el paraguas abierto a su lado. Doscientos metros más arriba, en casa de los Revuelta, oyeron el disparo. Cionín, la üermo está muerto, es un lugar maldito mujer de Amallo, contestó: Ya anda alguien a sordas Será Ángel contestó su hija. Tres minutos más tarde, cuando todos, menos Cionín, estaban en la cocina, la muerte irrumpió por la ventana. AmaÜo estaba inclinado jugando con el menor de sus nietos. Nel, su hermano, recogía los platos en el fregadero. Fueron cuatro disparos: primero Amallo, luego Nel; después, otro tiro a cada uno. La madre acudió desde el establo. Su ¡hija salió hacia la puerta y pudo ver a Ángel Campo, de pie, como aguardando, a unos 120 metros de la casa. Madre- gritó- madre, no salgas. Está a hí. Te va a matar Pero Cionín no podía oír, la sangre le había embotado sus sentidos. Corrió por el caliejón abajo gritando y pidiendo auxilio, cruzó por detrás del cementerio en dirección a casa de Vicente ¡López, el tercer miembro de la Junta vecinal. No pudo llegar. Ahí mismo, a escasos metros de donde cayera Inocencio Palacio, Ángel la cazó sin compasión. DE PARTE DE ÁNGEL CAMPO... Mientras tanto, el caballo y el carro de Inocencio han llegado a la cuadra de su suegro. Marta, la mujer de Vicente, se preocupa. Ve llegar a Ángel y le pregunta por su yerno. Allí lo he dejado, con los Revuelta- -contesta Ángel sin inmutarse- ¿Dónde está tu marido? Marta le señala la cuadra. Vicente y Salín, un amigo de Omoño, el pueblo más cercano, acaban de matar una cabra para la fiesta del domingo, San Andrés, y Vicente ha comenzado a ordeñar las vacas. Ha oído voces fuera y sale a ver quién es. Aún no ha dado dos pasos fuera, cuando recibe dos disparos en el cuerpo. Ángel se cruza con Marta y le dice: Ahí está tu marido. Recógelo. De parte de Ángel Campo Y se aleja de allí. HAN MATADO A TÍO LOLO Pegada a su casa, también con la parte trasera al terreno del litigio, está la antigua casa de la familia Veci, los únicos del pueblo con los que Ángel no se llevaba. Estos conservan allí la cuadra y utilizan la vivienda para ver la televisión, ya que la nueva casa, un chalet que han construido en la salida del pueblo aún no dispone de electricidad. Manuel Veci estaba en la cuadra. Su sobrina Gema veía a Barrio Sésamo. De repente, entra Ángel Campo y dispara sobre Manuel. Gema se asoma al oír el disparo, y acto seguido se tira por la v Uno de los aterrados supervivientes, ante la casa del asesino. ventana corriendo hacia la casa nueva: Han matado a tío Lolo, han matado a tío Lolo... Sube precipitadamente la escalera y cierra la puerta olvidando la llave en la cerradura exterior. Su madre, Elisa, se acerca con la intención de cerrar bien. Wo tiene tiempo. Ángel entra en la casa y, sin pensarlo dos veces, dispara sobre ella. Elisa cae con una perdigonada en el cuello. Es entonces cuando Conce pción, la madre de Manuel y Elisa, sale del interior de la casa en camisón y gritando. Recibe un tiro en la cara. Como no cesa de removerse, Ángel la remata en el suelo de otro disparo destrozándole la cabeza. Luego, se dirige hacia Elisa, que yace haciéndose la muerta, la coge del pelo y levanta su cabeza. Musita: Esta ya tiene bastante Cuando Ángel abandona la casa, Elisa se incorpora y mira por la ventana. Ve que aún está abajo, apoyado en uno de los pilares de ese chalet de construcción similar a la de un hórreo, como esperando. Unos minutos después, Ángel se dirige al bosque y desaparece en su interior. NOCHE DE HORROR Mientras tanto. Salín ha llevado el cuerpo de Vicente a Omoño. La alarma está dada, aunque n a d i e sabe todavía qué ha ocurrido. ¿Cuántos muertos hay? ¿dónde están? Hasta muy avanzada la madrugada no aparece el último de los cadáveres, el de Cionín Revuelta, en el prado, tras el cementerio. Fue una noche de horror decía el teniente coronel iMena, de la ¡Guardia Civil, el día del entierro. Pero aún no había terminado todo. Era necesario encontrar al homicida y el tiempo no ayudaba en las pesquisas. La Guardia Civil batía los espesos bosques de eucaliptos con perros entrenados, pero, el frío, la lluvia, la nieve y el granizo ¡hacían inútil toda búsqueda. iLos supervivientes de la tragedia estaban con el alma en vilo. Durante cuatro días vivieron atemorizados, ordeñando las vacas a las cuatro de la tarde, porque no les sorprendiera la noche en la cuadra, mirando con recelo tras los bardales y hacia los linderos del bosque, temerosos de que la figura amenazante de Ángel Campo y su escopeta de dos cañones surgiera de repente, casi encerrados en sus propias casas. No sólo estas familias había destrozado el asesino. En su casa, el día del entierro de las víctimas, se encontraban familiares y amigos. Su hija Desde esta ventana dispararon a los hermanos Revuelta. Y abajo, Secundlno López, en ei lugar en que murió su hermano. 22