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-i i i- h I- -i- n- -i i i -h n I I Un hoíror que obliga aJ e p ctador a cenar lo ojo dantísimal En el mundo ha habido más torturadores q j e genios, más toriuradores que Santos, Parece inconcebible, pero está en todos fas rincones de todas las páginas de la historia. Pilar M i r ó no ha inventado nada Ha elegido el año 1910. poro hubiera podido elegir cualquier otro año de la historia y habría encontrado un centenar de casos semejantes. En tas guerras, en la paz. En los paEses sin civllí; ar y en los que se dicen civilizados. Ayer. Hoy. porque s tortura I g i i e existiendo. En casi todos los rincones del planeta. Si supiéramos toda ía verdad descubriríamos que dllicilmente hay país en el que no sa produzCsn hechos como éste O parecidos a Éste en osla siglo KUpercivJÜzadisimo que estamos atravesando. Ahora empezará también el lector a entender por qué eaa película me hizo b i e n- Me descubrió esa herida que todos tenemos como hombres y que tan cele sámenle tratamos de ocultar. Y me la mostró con tal crueldad que me sentí más obligado- que nunca a t tallar contra algo que hasta tal punto denigra a la raía humana. Hay- -lo comprendo- -un problemas en esia película los- a c t o r e s- de esas tortures son un fuez y cuatro guardias Civiles, miembros de unas Instituciones que nunca c o m o hoy necesitan el respaldo de la buena fama. Es comprensible que en un momento en que mueren- -s i n otra- c u l p a que la de esier sirviendo a su patria- -docenas da guardias civiles preocupe a las autoridades el que indirectamente pueda desprestigiarse a este Cuerpo o incluso Incitar a algunos locos a mayores brutalidades contra miembros de la Guardia Civil de hoy. que ninguna responsabilidad tienen en lo que pudferan hacer en 19I D otros hombros que mancharon entonces su uniforme con torluras. UN F O I E QUE JUEGA LIMPIO Pero hay también que decir que en la película de Pilar M i r o se ha lugadc muy limpio y que en ningún momento se apoya una demagogia que generalizase el problema o volj jera sus acusaciones contra toda- la Guardia Civil, Quiero confesar qúG. al menos yo, no me detuve un solo se yndo a pensar qué uniforme veslian fos torturadores: era la raza humana quien hacía eso, yo me mentía aludido. Siempre he pensado que echar las culpas de la torlurcí a un determinado grupo o clase social es una coartada, un buscar un chivo expiatorio, para olvidar que somas todos los hombres, que es nuestra violencia quien así rebaja la raza humana. Más: he pensado muchas veces que si, por hipótesis, un gobierno cualquiera encargara de la protección del orden público- -en lugar de los policías o los guardias civil e s- -a los ingenieros, a los poetas, a los periodistas, a los farmacéuticos, no pasarían demasiados meses sin que surgieran en la protección del orden público fos mismos excesos que hoy a veces nos horrorizan, l a historia muestra que lodos los grupos sociales- -c u r a s abogados- -han caído en diversas formas de violencia Inquisitorial. Y que en las guerras terminan haciendo fas mismas locuras lodos ios soldados, provengan de la profesión que provengan. Sí, es ia raza humana la que es torturadora. Por eso esta película, que a otros aterra, me empujó a mí a multiplicadas obligaciones de paz y de amor. No sé lo que harán las autoridades con esta película- Paro el único espectador que yo conozco salló de esta pelfcuia con ganas de conseguir un mundo más humano J. L. M a r t í n Descalzo 43