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1 p i (ij L, 4 V 9 M C i wf 9 -J wmmt f- 1 1 p 11 i i i FRANQUISMO 1 f 1 MM 4 w- y uéaflHl i i U V H H ivi mtn ÍÍ. 5 fc mii m- t ¿C í f r- i i f v M w Eli -jH 3 -W Bí K H F BflBEíV SSP Psw- B w j JP Franco, con el general Várela, en las ruinas del Alcázar toledano: 29 de septiembre de 1936. hicieron la grandeza de nuestra Patria, de los que se desvió para imitar modas extranjeras Firmaron esta carta los tenientes g e n erales Kindelán (promotor de la misma) Várela, Orgaz, Dávila, Solgacha, Saliquet, IVlonasterio y Ponte. De los otros tenientes generales, Moscardó se v o l v i ó atrás a la hora de firmar, Muñoz Grandes se adhirió de palabra, pero luego no firmó, y Vigón y Jordana, ambos monárquicos, se excusaron por su condición de ministros. Franco recibió uno a uno a los firmantes y les dijo que sí, que bien, que lo tendría en cuenta que, en fin, que! o s despachó amablemente con una larga cambiada y hasta la próxima. El 28 de enero de 1944, Don Juan publicó unas declaraciones en el diario La Prensa de Buenos Aires, en Jas que decía que Franco le había dado sólo vagas promesas de restauración, sometida, además, a condiciones inadmisibles para el ideal monárquico pero yo- añadía Don Juan- -no me puedo identificar, como fui invitado a hacerlo, con los postulados totalitarios de la Falange ni tampoco prestarme a que la ¡Monarquía restaurada aparezca como coronación o remate de la estructura creada por el régimen actual Cstas declaraciones sentaron a cuerno quemado a Franco y provocaron la ruptura de la corres- Yagüe, entonces teniente coronel, cuando liego Franco a Sevilla con motivo del Alzamiento Nacional. versidad Central (de o u y o cargo fue destituido) a Alm a n s a (Albacete) Alfonso García Valdecasas, catedrático de Derecho, a Álcañiz (Teruel) y después a Cuenca; Jesús Pabón, catedrático de Filosofía y Letras, a TordesiJl as (Valladolld) y Juan José López ibor, catedrático de Medicina, a Barbastro (Huesca) El embargo norteamericano de los envíos de petróleo a principios de 1944, ia posterior condena de la ONU y los maquis que empezaron a operar en las montañas españolas a partir de octubre de ese año, en lugar de barrenar el franquismo y facilitar ia causa monárquica o el regreso de los exiliados republicanos, aglutinó a las principales fuerzas del país en torno a Franco y consolidó definitivamente su régimen hasta el fin de los días del caudillo. El general Várela entregó a Franco, en 1943, una carta de gran trascendencia, pero a la que el Generalísimo dio una larga cantifoiada. pendencia que a lo largo de los dos años anteriores había mantenido con Don Jua, aunque las largas epístolas que se dirigían recíprocamente no dejaban de ser un diálogo de sordos. En el mes de marzo de 1944 circuló por Madrid una carta dirigida a Don Juan y firmada por más de medio centenar de catedráticos de Universidad, en ia que proclamaban su convicción de que España necesita recobrar su Monarquía y su Rey. En la Monarquía y en la persona de V. M. está nuestra esperanza de un régimen estable, de autoridad, de derecho y de paz que permita a España restañar sus heridas y realizar sus aspiraciones en el futuro concierto de los pueblos Los cuatro principales promotores de la carta fueron multados con 25.000 pesetas cada uno y desterrados: Julio Palacios, catedrático de Ciencias y vicerrector de ia Uni- EL CASO DEL GENERAL TELLA En aquel ambiente de insistente presión monárquica hubo algunos generales que se destacaron por su apoyo a esta causa, pero Franco no se dejó impresionar, reaccionando con especial energía contra aquellos que consideraba más vulnerables o más peligrosos. De e s t o s militares malditos, el peor librado fue el general laureado Heli Rolando Telia y Campos, incomprensiblemente ignorado por casi todas las historias relati 19