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nos definitiva o exhaustiva, y que sólo intenta contar con sencillez la aventura vital del poeta, prescindiendo de todo aparato bibliográfico. Sin embargo, son numerosos los episodios- -pequeños episodios inéditos o casi inéditos, muchos de ellos reveladores o iluminadores de ciertos perfiles humanos no muy desentrañados todavía- -que me han sorprendido por el conocimiento minucioso y muy documentado- -y sin apenas notas a pie de página- -que Cano aporta en esta biografía. Muy interesante resulta ya desde ías primeras páginas, por lo completo, todo cuanto comienza a decir de la familia y de sus ascendientes liberales, de la impresión que le causó el joven Pablo Iglesias- -como Machado recordaría cincuenta años después- -una vez que le escuchó en el Retiro, de la intervención en París de Francisca Sánchez- la compañera de Rubén- -cuando Leonor cayó enferma, de los precisos momentos y circunstancias en que fueron oreados en Soria, en Baeza o en Segovia algunos de sus más entrañables poemas, de sus preocupaciones políticas y su profundo republicanismo, asi como de sus preocupaciones religiosas, y, entre otros muchos episodios, de algunos aspectos de sus estudios universitairios. La fluidez con que todo esto queda dicho y contado, en una prosa que los que llevamos leyendo a Cano en ínsula desde hace treinta años nos resulta muy grata y familiar, es otro de los alicientes del libro. No resulta menos atractiva la gran profusión de fotografías, dibujos y reproducciones facsímiles que se insertan casi continuamente. No en balde se trata de una biografía ilustrada, dentro de esa serie que no con la frecuencia que desearíamos r e a l i z a Ediciones Destino. Entre esas ilustraciones las hay muy conocidas, pero también encontramos otras ciertamente raras y valiosas que hemos ido descubriendo en el transcurso de la lectura y que luego de acabado el libro hemos vuelto a contemplar. Pero retornando a lo que al principio dije, echo de menos algo en Jas páginas dedicadas al amor de Guiomar y a los poemas inmortales que su diosa corno él la llamaba, le inspiró. José Luis Cano, sin embargo, podrá decirnos algo importante sobre todo ello un buen día no demasiado remoto. iSI HUBIERA SIDO A LA AMERICANA! S el comunismo hubiera sido americano... Todo seria de otra manera. La condición parece absurda, y 3 s de impresionante exactitud. Los teóricos del comunismo están acordes en considerar la UTOPIA de Tomás Moro c o m o punto de partida, en los tiempos modernos, de esa gran aventura del pensamiento. Tomás Moro no sólo aplicó su Utopía a la exposición da un sistema de igualdad y de justicia social, sino que la aprovechó para hacer la crítica más certera a las costumbres políticas de Inglaterra en el XVI, a la naciente industria británica. Es posible que ningún otro libro, ni el propio Capital de Marx haya ejercido una influencia tan grande en el europeo como el de Moro. Setenta millones de europeos se han trasladado al Nuevo Mundo en busca de la libertad y la justicia que Moro describió, de mano maestra. Fue la primara gran pintura da América hecha con ingredientes ideales. No hay que olvidar que Moro sacó la sustancia de su libro de las cartas de Américo Vespucci relativas a su descubrimiento del Brasil. El origen de la Utopía es éste: Moro estaba en Brujas, y yendo un día da descanso a Ambares, encuentra a uno de los compañeros de Vespucci, que pasó algún tiempo en Brasil y le da cuenta de lo que ha visto. Esta es la parte novelesca. En realidad, la descripción la toma Moro directamente de la carta de Vespucci. El efecto del libro es mágico desde el primar día. La palabra Utopía, inventada por Moro, pasa a ser clave para expresar esas ilusiones universales del hombre en busca de su felicidad. Vasco de Quiroga, en seguida, quiso poner en práctica cuanto decía Moro, y de regreso llevó la idea al continente puesto bajo bandera española. I Es inútil buscar- -para los tiempos modernos- -otra fuente, sino esta amaricanísima, como origen del nuevo comunismo. América, por pintar una situación propia del N u e v o Mundo, y americana por haber sido Américo quien se la reveló a Moro. Pero, además, auténtica. En historiadores y cronistas contemporáneos se enc u e n t r a n informaciones semejantes a las de Vespucci, y está aún para explorar en su infinita amplitud ese fondo americano del inca Garcilaso de la Vega, que confirma con la realidad de los incas la universalidad americana del fenómeno. Los jesuítas en el Paraguay hicieron, ya un poco a la manera americana, lo que Lenin a la tártara en Rusia. Lo que queda por explorar y decir es la suerte que hubiera tenido el comunismo si, en vez de ser a la tártara, hubiera sido a la americana. En esto, como en todo, los americanos hemos sido malos guardianes de la propia heredad. Todo el mundo habla hoy de comunismo a la rusa, a la europea, a la china o a la escandinava. Nadie, jamás, piensa en formular la posibilidad de lo mismo a la americana, cuando de América salió la filosofía. Una filosofía tan nuestra como la de los derechos del hombre, el sentido de la independencia, la lucha de precursores contra el régimen colonial, la gloria de haber sido América tumba de cuatro imperios- -el inglés, el español, el portugués, el francés... Nuestra tradición va desde los gritos de Independencia hasta el cerro de las Campanas. Con el fusilamiento de Maximiliano quedó dicho cuanto teníamos que decir sobre posibles monarcas europeos en tierra nuestra... Germán Arciniegas J. L. G. HISTORIA La abolición de la Inquisición en España por Francisco Martí Gilaberv. Edic. Universidad de Navarra. 360 págs. L A Inquisición... sólo su nombre ya es polémica. Su última gran aparición en el escenario español, la ejecución a la horca del maestro de escuela catalán Cayatano Ripoll, el 31 de julio de 1826, puso macabro remate a una líistoria no infecunda en desaciertos y tragedias, aunque indispensable para el conocimiento de numerosas páginas de la vida nacional. Entre aquel último suplicio y el primero, desde que el tribunal del Santo Oficio fuera establecido en España por bula pontificia, en el siglo XV, a fin de extirpar la herejía una sombra innegable se extiende sobra la civilización hispánica duranta centurias. Parece increíble el que eminentes plumas de nuestra historiografía se constituyan, aún en nuestros días, en defensoras o, cuando menos, excusadoras de la Inquisición. Claro que sus argumentaciones no han s i d o inútiles en la medida en que han reelaborado u n a s perspectivas l alseadas por la fácil demagogia. Hoy no se pueden negar las torturas del Santo Oficio pero es necesario situarse en el tiempo, no juzgar cosas de ayer con visión del presante. La Inquisición española no fue institución excepcional en su época; sus horrores no son los únicos de su tiempo; y en los nuestros hemos presenciado- -estamos presenciando- -otros horrores más espantosos y extendidos, e incluso, a veces, más absurdos en sus motivaciones. El libro del profesor Martí Gilabert e s t á fundamentalmente centrado sobre las causas y la controversia que produjeron la supresión de un organismo que tanta influencia había llegado a poseer en España. Con hábil maestría de jurista y experto en Derecho Canónico, el autor va pasando revista a los hechos más significativos que, a partir de la Constitución de Bayona y la de Cádiz, condujeron inexorablemente a la aniquilación del desfasado tribunal eclesiástico. Obra enjundiosa pero muy medida, encomendada a las expertas manos de un especialista, La abolición de la Inquisición en España es un libro verdaderamente notable, que se beneficia, además, da una prosa pulcra y un estilo nada farragoso. Presentación editorial muy cuidada. Un estudio científico, en suma, de primer orden. Echamos en falta sólo la transcripción de un documento tan curioso y significativo como es el informe presentado a la Junta de Bayona en junio de 1808 por don Raimundo Ettenhard, consejero representante del organismo inquisitorial. Omisión inexplicable en un trabajo tan completo y riguroso como el que nos ocupa. Juan Bafansó 5