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Cpncorde La aviación comercial supersónica, en peligro lucha será dura, ya que directamente y por primera vez los americanos sienten amenazada su supremacía en Ja industria aeronáutica. El desarrollo del p r i m e r avión supersónico para pasajeros ha costado tres billones de dólares y más de una década de desarrollo. Simultáneamente, en un sonado debate de dimensión nacional antre el Congreso y la Industria Especial americana, los Estados Unidos decidieron tirar por la borda el proyecto SST, porque aquella pugna la ganaron quienes afirmaban el fracaso comercial de cualquier avión supersónico de pasajeros y que no serían amortizables los costos de producción y mantenimiento sn competencia con aviones gigantes. El Jumbo fue el resultado. Los vuelos inaugurales del Concorde han puesto de relieve los siguientes datos: la travesía París- Río de Janeiro ha durado seis horas y treinta minutos (más una hora para reponer combustible) frente a once horas cincuenta y cinco minutos del vuelo ordinario. El pasaje cuesta mil cuatrocientos treinta y cuatro dólares, frente a mil ciento noventa y cinco en primera clase. En el interior del avión el paso de velocidad de crucero convencional a velocidad supersónica se produce sin molestias ni ruido notable de aceleración. Lo mismo puede afirmarse respecto al despegue y aterrizaje. En cambio, los observadores del exterior que presenciaron el despegue del vuelo Londres- Baharam desde el aeropuerto de Heathrow han calculado que el ruido de despegue del Concorde es cuatro veces superior al producido por el Jumbo jet 747 Según H e r m á n Nickel, representante británico de Time que participó en el vuelo inaugural, en términos de espacio interior y comodidad, el Concorde es un retroceso, comparado c o n el confortable Jumbo El regateo de los americanos en orden a autorizar los vuelos del Concorde a sus aeropuertos i nte maci ona I es, está aún sin resolver. El pronóstico más probable es el de un compromiso que no dejará satisfecha a ninguna de las partes. ¿Será o no será un éxito comercial el Concorde Los señores pasajeros tienen la palabra. rribado, el nigeriano Yakubu Gowon, se exilió voluntariamente en Londres. Como la mayoría, buscó refugio en la vieja metrópoli. Lo curioso, lo noticiable, es que el ex presidente de Nigeria, general, cuarenta y un años, el hombre que mandó el mayor Ejército del África negra y ha gobernado durante nueve años a 80 millones de ciudadanos, se ha convertido por propia voluntad en simple estudiante en la Universidad inglesa de Warwick, en Coventry. Disciplina: Política internacional. Duración: t r e s años. Finalidad: Volver a Nigeria cargado de experiencia y conocimientos según sus propias palabras. No le vendría mal a tantos sargentos y capitanes africanos, elevados al rango de generales en veinticuatro horas, escuchar unas lecciones de política aunque sólo fuera en General Gowon Exilio voluntario en Londres algún Liceo. (Pienso en los Amín, Bokassa, Michombero, Kereku, Traoré... Se harían un bien a sí mismo y, lo que es más importante, beneficiarían a todos sus ciudadanos. Gowon, aunque a l g o tarde, puede que aprenda una buena lección. Gerardo González C. Argelia acusa la derrota de Angola L Gowon: de presidente a estudiante E África- -decía Plinio- -siempre hay algo nuevo. H o y diecinueve siglos después de pronunciada esta frase, no hay que quitarle ni una tilde. El continente africano depara las sorpresas m á s inesperadas, teñidas a veces de exótico folklore, otras de chocante primitivismo. Amín es ya sinónimo de disparate, ex abrupto y delirio. Bokassa, de refinado despotismo. Nguema... (perdón, no se puede hablar de Guinea) Neyrere, Senghor y Boigny son el reverso de la medalla, el contrapunto en medio de tanta mediocridad elevada a la categoría de mito. D África ostenta el singular récord de los golpes militares: 30 en doce años. Y probablemente haya batido todas las marcas mundiales en la materialización de los m i s mos: una hora ha bastado para derrocar a padres de la patria sólidamente- -instalados en el poder. Los contragolpes militares no h a n sido menos eficaces. El destino de los presidentes derrocados ha sido, lógicamente, muy dispar. Unos- -los menos- -cayeron asesinados por oponerse a los insurrectos pretorianós. Otros fueron encarcelados o expatriados. El último jefe de Estado de- AS Fuerzas Armadas Reales de Marruecos han exhibido con vanagloria el material de guerra de fabricación soviética capturado a los argelinos en la batalla de Amgala que, según fuentes marroquíes, duró 36 horas y supuso una gran derrota para Argelia, con 300 bajas y cerca de un centenar de prisioneros. El Ejército marroquí hizo también prisioneros a doce saharauís del Frente Polisario. Se dice que, entre soldados argelinos y milicianos saharauís, en esta batalla del desierto participaron cerca de 1.200 hombres. Hay una cosa clara: Argelia se repliega, y por el momento ha recurrido a la ONU y a la mediación de Egipto, Irak, Siria y Túnez. No desea, un enfrentamiento bélico, a campo abierto, lanzando sólo una ofensiva diplomática, en la que mantiene su postura dé apoyo a la autodeterminación del Sahara occidental después de la retirada de las tropas españolas. En este frente diplohiático Argelia no ha ocultado su disgusto con París, al que acusa de connivencia con Madrid y Rabat. Por esa razón el presidente francés, Giscard d Estaing, replica a estas acusaciones de Argel, en el semanario de tendencia socialista, negando que exista un eje París- Madrid- Rabat. Nunca he hablado del Sahara occidental con los Monarcas español y marroquí dice. Después de la batalla de Amgala el ministro argelino del Exterior, Buteflika, escribió una carta a Kurt Waldheim, secretario general de la ONU, solicitando la intervención de las Naciones Unidas para vigilar el proceso de descolonización del territorio. Waldheim, que está sumamente preocupado con el tema del Sahara, ha decidido enviar a un representante suyo personal, designación que ha recaído en el sueco Olof Rydbeck. La batalla de Amgala, aparte de significar un alza de muchos enteros en la cotización internacional del M o n a r c a alauita, Hassan II, ha tenido otro beneficiario: Henry Kissinger. El secretario de Estado norteamericano tiene que estar en estos momentos muy satisfechos del desarrollo de los acontecimientos en esta conflictiva región. Su decidido apoyo a la persona de Hassan H se ha realzado con esta derrota argelina, que asegura 1 a hegemonía marroquí en el norte de África. La ayuda militar norteamericana a Marruecos proseguirá p o r consiguiente. Diputa argelino- marroquí Lucha en el desierto sahariana