Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
AS buenas obras de teatro lo son porque su valor nos llega no descrito, sino revelado. Hay un momento en que por debajo de la estructura literaria, formal, sobreviene el golpe de la revelación. Ocurre esto, de algún modo, en Harold y Maud que fue primero un guión de cine y una película. Se trata del lento acercamiento de una mujer de ochenta años y de un muchacho que no llega a los veinte, sin que padezca el misterio de la pureza humana. Esto es así por el intenso nivel de subjetividad en el que se desarrolla la obra. Lo que importa no es la dimensión objetiva de los hechos (que para percibirla ya está- el contrapunto de otros personajes, como la madre de Harold, el cura, el psiquiatra, etc. sino la noción subje- L UNA eOENA COMEDIA CON OiRAODflUX AL FONDO Hardd y Maud de Collm Higgins, en el Bellas Artes en Higgins como en Giraudoux, constituyen, por lo menos desde mi sentido de la crítica, un cierto enmascaramiento de la realidad, una superación lírica de lo que objetivamente es irremediable. Es como exigir al espectador un determinismo poético, su quier ruptura de la emoción conseguida. Porque se trata de una emoción verdadera. No es el esq uema brechtiano, ni ios fines que se persiguen son brechtianos, didácticos. No había, pues, necesidad de un Sistanciamiento. Quiero poner de relieve la dirección de Tamayo, porque es necesario un pulso magis l para acertar con el tempo de las relaciones entre los dos protago- nistas. El montaje es muy dificultoso, y algunas soluciones son siírtéticas, con el simple subrayado de las luces. Es muy aceptable. En conjunto, la sensibilidad de Tamayo es uno de los valores de la representación. Y luego Carmen Carboneil. Su papel es titánico. Transmitió, en toda su pureza a Maud, con algunos desfallecimientos leves y explicables. Fueron ios demás actores: Alfredo Alba, Pilar Bardem, Gloria Marín, Pedro del Hío, Francisco Carrillo, Salvador Vives, Emilio Menéndez, Vura Berra, Ignacio de Paúl, Enrique Cazorla, Ana Marzoa y María Jesús Sirvent. Los decorados son de Emilio Burgos y la versión de José López Rubio. Hay una isonita canción original de Camilo Sesto. Grandes ovaciones y bravos premiaron ¡a obra, y Carmen Carboneil fue largamente aclamada. Carlos Luis Atvarez Un buen motivo para la risa y la diversión Sencillamente un bui ués de Frangoise Dorin, en I Beatriz E STE es uno de los esfuerzos más estimables que le he visto hacer a Arturo Fernández. Por lo menos físico. Su personalidad escénica llena esta comedia (desde luego es algo más que un vodevil) de Frangoise Dorin, experta en conjugación de efectos. La comedia, que arquitectónicamente es notable, expone lo que a mi modo de ver, y en contra del parecer de críticos magistrales, -es un sofisma. Tendría razón en su sátira vodev ¡lesea contra el teatro de vanguardia, si el teatro de vanguardia fuese lo que dice la autora que es. El error de fondo es una petición de principio. Tratar de deshacer ese error equivaldría a extraer a Frangoise Dorin de su mundo, de su nivel, de su concepción del teatro, de su cómoda filosofía de perra gorda. Yo no voy a hacer esto, porque sería inoportuno, y algo así como irse por los cerros de Ubeda. El conservadurismo reacción a r i o más peligroso es I más brillante e inteligente. Yo tengo la experiencia, en otro orden de cuestiones más elevadas, del esfuerzo inaudito que me costó sustraerme a las maravillosas sugestiones- -maravillosas, pero Muy bien Arturo Fernández y Ana María Mauri, la pareja protagonista de la divertida comedia con el sello inconfundible de la Dorin. Carmen Carboneil y Alfredo Alba, pareja protagonista de esta comedia británica tras las que se observa la influencia de Giraudoux. tiva que Maud y Harold poseen de tales hechos y de las relaciones entre ellos. Maud (Carmen Carboneil) es una anciana que ha superado la tristeza de su vida mediante una tierna excentricidad que resume con irónico patetismo su capacidad de amor y de esperanza. Es un poco un payaso dolorido y heroico, incomprensible para las altas damas, para los curas, para los enterradores... En fin, que es un reflejo de la folie de Chaillot Y no sólo ella. Toda la pieza participa en algún aspecto de la estética de Giraudoux. Esto en cuanto a su estructura sentimental (conversión de la objetividad en subjetividad) y también en cuanto al otorgamiento a la palabra de un poder creador decisivo. Esas tendencias subjetivas y esa especie de concentración de poder en la palabra, tanto autoconfiguración d e acuerdo con las posturas brillantes que se le ofrecen. Pero, en fin, esto pertenece más a un ideario de arte que a un juicio particularizado y concreto. Lo cierto es que dentro de ese clima que he apuntado, la comedia resulta finísima, compensadas felizmente las dos líneas que la componen: la de alta comedia a la inglesa (cinismo risueño y desenvuelta legancia) y la de las- estremecidas relaciones de H a r o l d y Maud. Cuando llega el golpe de la revelación (me refiero a los significados últimos) y el sentido de la comprensión humana entre Maud y Harold llega a su culminación, el autor no debió volver con los personajes de contrapunto (la innecesaria visita de la madre de Harold a Maud) sino que, en mi sentir, hubiera estado mejor evitar cual-