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mundial. De pronto, el asesinato de Kennedy: -yo estaba cenando solo en un restaurante de Berlín. Estaba deprimido, porque el Este angustia. La radio dio la noticia: Kennedy asesinado. Sentí pánico. Nadie sabia cuál podría ser la reacción al día siguiente. La tensión que existía podía desembocar en bombardeos, invasión, cualquier cosa... Forsyth pidió el traslado a París. Desde allí se puso en contacto con la B. B. C. Quería hacer televisión. En julio de 1967 le enviaron a cubrir la guerra de Biafra. Sus crónicas fueron mal recibidas en la central de Londres. Un diplomático británico, embajador en Nigeria, opinaba que los despachos de Forsyth eran propaganda para la causa de los rebeldes biafreños. -Mi obligación era contar la verdad, no agradar a un diplomático. Me despedí de la B. B. C. Al quedarme en Londres no tenia dinero ni El escritor charla animadamente con el autor de esta entrevista. mucho tiempa. Cuando necesitaba dar el nombre de una calle o de un político, lo preguntaba a un amigo francés o ¡o miraba en la colección de periódicos atrasados. La preocupación que demuestra Forsyth es que yo no me esfuerce demasiado en las interpretaciones. Me dice que ni siquiera él supervisa las traducciones de sus libros. Aunque las de idioma español, que están bien hechas, tienen cincuenta páginas más que en otros idiomas. -Si usted se fija, mi estilo en inglés es muy simple. Es periodístico. Sin fiorituras. Yo voy al grano: describo cómo se hace una bomba, cómo se puede cruzar una frontera sin ser visto, cómo se falsifica un pasaporte... Pero no describo a mis personajes más que por fuera. Tienen sólo dos dimensiones. Les falta profundidad. Pero no hace falta. Si tuviera interés, creo que podría escribir una novela psicológica. Pero ¿para qué? Hay demasiadas. Además, le confieso una cosa. Y créala: escribir no me gusta, me cansa, me aburre. Para escribir hace falta sentir una de estas cuatro cosas: necesidad intima, afición, deseo de tener dinero o ambición de ser famoso. No es mi caso. No necesito dar un mensaje. No siento afición. No busco más dinero. La fama me horroriza... ESTA SERA LA ULTIMA NOVELA La conclusión, a la vista. Le pregunto si esto significa que ya no volverá a escribir novelas. Asiente. ¿Qué piensa hacer, entonces? -Lo que hago ahora: dedicarme a mi mujer, a la lectura de historia y biografías, a tomar el sol, a nadar en verano, a cuidar mis gallinas. ¿Le parece poca ocupación? Me comprometí con el editor a escribir tres novelas. Esta es la última. Si un día cambio de opinión, quizá escriba guiones de cine, quizá vuelva al periodismo. De momento, ni siquiera me apetece viajar. Ahí fuera tengo el Roils parado. No me interesa. Dice que le cuesta mucho esfuerzo escribir, pero lo hace rápido: en siete semanas ha redactado Los perros de la guerra (450 páginas) Corrige poco. No traza planes ni hace inventario de personajes: todo ordenado en la memoria. Cuando el escritor dispone de sus propias experiencias sobre las que cimentar el relato, éste discurre como una conversación informal -Para escribir esta novela tuve que hacerme pasar por ayudante de un traficante de armas. Le acompañé a Sudáfríca y asisti en París y en Hamburgo a operaciones de compra- venta. Tres veces he pasado en camión, sin ser descubierto, la frontera entre Francia y Bélgica. Explico cómo puede hacerse y cómo se hace casi a diario. Durante un año he mantenido contactos con mercenarios a los que conocí en Biafra y ellos me han facilitado mucha información. Me comprometí con el traficante de armas a no escribir nada hasta que la operación estuviera zanjada. Y a no describir ciertos detalles que pudieran poner en peligro a estas personas. Lo malo es que un comprador ha descubierto que yo no era ayudante del vendedor. Me ha reconocido en una fotografía. Por lo visto, quiere ajusfarme I a s cuentas... ¿Y está usted dispuesto a recibirle si se presenta por aquí? -pregunto a Forsyth. -No creo que venga- -responde el escritor- ya tiene bastantes problemas como para buscarse otro. Ignacio Carrión 63 con el carpintero del lugar. Frederick se ha convertido en Federico. casa. Un amigo me dejaba dormir en el sofá de su apartamento. Allí, de noche, necesitado de dinero, empecé a escribir Chacal ESCRIBIR LE CANSA Y NO LE GUSTA Terminó el original y lo entregó a un agente literario. Forsyth creía que el libro podía tener éxito en Inglaterra, quizá en Francia también. Lo rechazaron cuatro editores. Lo aceptó Hutchinson. -No sabría decirle dónde está la clave de mi éxito. Algunos críticos han dicho que Chacal iniciaba un género. Y lo han llamado Faction (fact fictíon) una mezcla de hechos reales e imaginarios. Otros dicen que la clave está en la gran cantidad de detalles, en las descripciones minuciosas. No sé. Yo no quise inventar nada, sino ganar un poco de dinero, porque lo necesitaba para vivir. Ni siquiera tuve que investigar demasiado cuando escribí Chacal Conocía el tema; había seguido a De Gualle durante muestra una edición en japonés.