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TK HORA no tengo novio, pero he tenido muchos. El último era piloto, como yo. Me dejó porque le ganaba siempre. El orgullo y la rivalidad deportiva fueron más fuertes que el amor Lella (diminutivo de G r a z i e II a) Lombardi ríe alegremente, y dos hoyuelos se marcan en sus mejillas. Es baja (un metro sesenta y dos centímetros) y regordeta. Lleva sus cabellos castaños claros muy cortos y ofrece el aspecto tranquilo de una maestrita rural. Y, sin embargo, es la única mujer en el mundo que pilota un coche de carreras. Este año una escudería inglesa le ha confiado un Lola para competir en el campeonato europeo 5.000 escalón previo a los Fórmula 1 Un monstruo de 300 kilómetros a la hora. mi el coche y la pista. Una concentración absoluta que sólo me deja pensar en una cosa: cómo adelantar a! adversario que llevo delante. ¿Y qué siente cuando el coche se lanza a 300 a fi hora? -Nada. Lo mismo que sí condujera mi Ford por la autopista. AHORA SOY COMO CUALQUIERA DE ELLOS ¿AI principio, sus compañeros la contemplaban con una cierta ironía, o ha encontrado siempre personas que la animaban? -Es cierto que en un principio me consideraban un mirlo blanco. Pero, ¿qué pretende ésta? y se preguntaban. No quiero recordar las miradas de sorpresa e incluso de rabia que me lanzaban cuando les adelantaba. Después, al cabo de un cierto número de competiciones, su actitud ha cambiado: entre otras cosas, porque yo soy bastante tímida, pero también muy sociable. De dos años a esta parte soy como uno de ellos; no existe diferencia. ¿Ha habido alguna vez un piloto que le haya cedido el paso por ser una mujer? ¿Está bromeando? Todo lo contrario, cuando me ven por el espejo retrovisor le dan al acelerador más que sí estuvieran seguidos por un compañero. ¿No ha pensado nunca en casarse? -De momento, no. Tengo un carácter muy independiente: quizá sea éste el motivo que ha originado la ruptura con mis novios hasta ahora. O quizá, sencillamente, porque todavía no había llegado el momento de unirme a nadie. -Lella, usted se ha colado en un campo generalmente reservado a los hombres. Es la única mujer dedicada a esta profesión. Por consiguiente, debiera entir cierta simpatía por loS movimientos feministas. UNA ALDEANA QUE SOLO PENSABA EN COCHES Lella nació en Frugarolo, un pueblecito próximo a Alejandría, hace treinta y dos años. Su familia está formada por agricultores y carniceros desde hace más de un siglo. Tiene un hermano que prefiere la calesa al coche y una hermana que no ha vuelto a conducir desde el día que se examinó para obtener el carné. Resulta inexplicable cómo esta tranquila jovenclta se ha contagiado de la fiebre por los motores. A los seis años, mientras sus compañeras jugaban a las muñecas, ella fabricaba coches en miniatura. A ios nueve años conducía un viejo Topolino en el amplío patio de su casa, que antes fue una era. A los dieciocho años y un día obtuvo el permiso de conducir y empezó a transportar carne con un camión. A los veinticinco años, contrariando la voluntad de sus padres, entró en el mundo de las carreras. Empezó con un Fiat monoplaza, 875 de cilindrada, que le costó casi 900.000 liras (90.000 pesetas, aproximadamente) y desde entonces ha conseguido siete victorias en Italia. Hasta la temporada pasada, ella misma sufragaba todos sus gastos. Las escuderías le prestaban los coches, pero los viajes y gastos de hotel corrían de su cuenta. Este año la escudaría inglesa le pasa S m CHICA DEL GRAN PREMIO Lella Lombardi, la única mujer en el mundo que conduce bólidos, es tímida, pero ambiciosa. Su último prometido, también piloto, la dejó porque siempre le ganaba. una dieta justo, justo suficiente- -dice Lella- -para vivir en Londres, donde realizamos pruebas y entrenamientos ¿Corre sólo por afición? -De momento, sí- -responde- Pero más adelante espero ganar algo. ¿Pretende llegar a Fórmula 1 -Es mi objetivo. Ya he tenido entrevistas en ese sentido. Me he entrevistado con Lella en Frugarolo, donde estaba pasando unas brevísimaíí vacaciones (tres días) Largos paseos en bicicleta; sus coches particulares un 500 y un Ford Escort 1300 ni siquiera los ha tocado. En el salón de su casa, que parece la sede de una sociedad deportiva, hasta tal punto se ven copas y trofeos por todos los rincones, le pregunto a Lella si es cierto que antes de cada carrera acude a la iglesia a rezar durante media hora. Dice que son historias. Soy religiosa- -añade- me santiguo cada vez que se da la señal de salida, pero eso es todo. Voy a la iglesia, pero no antes de las carreras. -Pero, en las carreras, ¿nunca siente miedo? -No. Vivo una tremenda tensión durante las horas que preceden a la salida, pero una vez en el coche me olvido de todo. Me siento como vacía, ausente, libre. No me queda nada, no experimento ninguna sensación. Sólo existen para